La avenida Corrientes perdió a uno de sus locales más antiguos y emblemáticos. Cerró El Vesuvio, la heladería más antigua de Buenos Aires fundada en 1902 por Alfonso Cositore y su esposa. Ubicada en Corrientes 1181, entre Libertad y Cerrito, fue punto de encuentro de poetas y tangueros.

Las paredes de su salón estaban revestidas con paneles de roble tallados a mano. Sus vitrales eran joyas, uno tenía la leyenda El antiguo Vesuvio y el otro, reproducía al célebre volcán napolitano que cubrió de lava la ciudad de Pompeya en Italia. La elegancia del local y la novedad de sus helados convocaron a los personajes más ilustres de la calle Corrientes. Tal fue el entusiasmo que don Cositore decidió sumarle una confitería donde comenzó a servir chocolate con churros. Una tentación que nadie se perdía y hasta mereció un homenaje.

Horacio Ferrer le dedicó una estrofa del recitado en el tango “La última grela” que musicalizó Astor Piazzola. “Fueron, hace mucho, las románticas proletarias del amor. La noche les puso nombres con seducción de insulto; paicas, locas, milongas,percantas, obreras. Era frecuente verlas al alba desayunando un chocolate con churros en la confitería Vesubio (sic) de la calle Corrientes. Salían de trabajar a esa hora del Chantecler, del Marabú, del Tibidabo”.

Por las mesas de El Vesuvio pasaron Tita Merello, Hugo del Carril, Carlos Gardel, Juan Manuel Fangio, Alfredo Palacios, Luis Sandrini, Horacio Ferrer, Jorge Luis Borges, Julio De Caro, Pinky, Susana Rinaldi, entre otros.

El Vesuvio
La elegancia de su local convocaba a poetas y tangueros

En 1909, Francesco Saverio Manzo fundó la heladería Saverio en su casa en la calle San Juan. Se suma este dato a la historia porque ambas heladerías competían por el buen sabor de sus helados. Aún hoy, hay quienes aseguran que Carlos Gardel era fanático del helado de limón y la mejor versión la tomaba en El Vesuvio. Sin embargo, esta escrito que parece que ahí no estaba su helado favorito.

Cuenta el libro “Heladerías de Buenos Aires” que: “Saverio era la heladería preferida de Carlos Gardel y su gusto favorito era el de limón. Es este caso quedó inmortalizada en las memorias de Enrique Cadícamo donde dice: “…Hablamos con Razzano para que presentara al actor Ricardo de Rosas a Gardel y una noche Carlos nos manda a buscar con su chofer El Aviador, quien nos lleva en “la” flamante convertible Chrysler a la famosa heladería Saverio de la calle San Juan, donde el divo acostumbraba ir frecuentemente a tomar helados… durante el tiempo que estuvimos conversando en una mesa de la vereda, Gardel no dejo en ningún momento de tomar un helado de limón tras otro…”.

Borges y Gardel, sus visitantes ilustres

En el libro “Buenos Aires insólita y secreta”, sus autores Hernán Firpo y Valeria Sampedro, relatan la anécdota de un encuentro casual entre Jorge Luis Borges y Tita Merello en El Vesuvio. "¡Borges, no lo puedo creer!", cuentan que exclamó Tita al ver al escritor. "Es verdad, la frutilla a la crema de esta heladería es increíble", respondió Borges.

 Si bien Saverio fue la primera heladería que abrió sus puertas durante todo el año, El Vesuvio fue la segunda.  Fue declarada Sitio de Interés Cultural por su aporte a la identidad porteña desde 1902 por Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El Vesuvio
Una heladería que estaba a punto de cumplir 120 años

Sus dueños luego la vendieron y el último propietario fue Mariano Marmorato. En los últimos años, El Vesuvio hizo de todo para sobre sobrevivir, tenía shows de tango y hasta peñas. Pero venía mal, Marmorato buscaba hace rato quién le comprara el fondo de comercio, pero lo que pedía nadie lo quería pagar.

Gabriel Fama de la Asociación Fabricantes Artesanales de Helados y Afines (Afadhya) señaló a BAE Negocios: “El Vesubio desde la pandemia no abrió, la avenida Corrientes esta complicada vivía de los consejos profesionales de abogacía y ciencias económicas, de los que iban a los teatros a la noche y de los que venían a sacar las entradas de día, pero ya no hay ni abogados ni contadores en sus oficinas, se perdió y difícilmente se vuelva a la realidad. Si no abrió hasta ahora no abrirá más. Toda esta zona de micro y macro está en emergencia”.

El panorama en el sector ya se cobró otras víctimas como Monte Olivia en el barrio de Devoto.Las heladerías artesanales tuvieron una merma de trabajo entre un 25 y un 35%, algunas hasta un 40%. Es una temporada compleja. El invierno lo pasamos con la cosecha del verano. El ATP se cortó y sabemos que será un invierno complejo, a alguna heladería le costará más pasar el invierno”, señaló Fama.

Liliana Munini, gerenta de la Asociación de Comerciantes de la avenida Corrientes, confirmó: “El Vesuvio venía mal desde antes de la pandemia, intentó vender el fondo de comercio y no pudo”.

Por ahora sólo queda el recuerdo de la que supo ser la primera heladería de Buenos Aires y todas sus historias y anécdotas.

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