Fue un punto de encuentro ineludible para grupos de amigos, novios y familias durante los últimos 55 años. Ubicada en la estratégica esquina de Mercedes y Fernández de Enciso, frente a la plaza Arenales, la icónica heladería Monte Olivia fue, sin dudas, el centro neurálgico de Villa Devoto a lo largo de muchísimos años.

En las últimas horas, su dueño, Salvador Viscomi -conocido en el barrio como "Turi"- decidió ponerle punto final a un sueño que se inició en 1966, junto a su socio de aquel entonces, José Giuffrida. A través de una carta dirigida a clientes, vecinos y proveedores, el empresario informó los motivos del cierre. "Hoy debido a la complicada situación económica que nos toca vivir originada por la pandemia y sumado al hecho circunstancial de que nos han fijado un alquiler excesivo en dólares, que nos resulta insostenible para nuestras finanzas, no podemos continuar con la actividad de nuestra querida heladería".

La carta de despedida de la empresa

Este triste desenlace, había tenido un preludio a finales de 2016, cuando la heladería estuvo un tiempo cerrada debido a diferencias entre los dos socios, que los llevó a no presentar los estados contables desde 2012. El conflicto desembocó en una intervención judicial, demandas cruzadas entre las partes, litigios por la propiedad y una posterior reapertura.

Sin embargo, a partir de ese momento, nada fue como era. Por esos tiempos, toda esa zona, y las calles aledañas a la plaza, comenzaron a transformarse en un gran polo gastronómico. Y dentro de esa transformación aparecieron nuevos competidores para la histórica heladería. A pocos metros de allí, se instaló Lucciano's, una cadena que propone un concepto más renovado, y a sólo dos cuadras plantó bandera Rapanui que, como Monte Olivia, incursiona en el segmento de helados artesanales premium, con un precio por kilo que supera los $1.000.

Además, también tuvo que verse las caras con una gran cantidad de cafés que desembarcaron en la misma manzana y que llegaron para competir con el negocio que ofrecían durante el invierno. Café Martínez y Havanna fueron las dos cadenas que llegaron al barrio, aunque también se sumaron otras propuestas.

Como si todo esto fuera poco, en 2020 llegó la pandemia y las deudas se siguieron acumulando. "Luego de la resolución judicial yo tuve que hacerme cargo de pagar un alquiler mensual de 5.220 dólares mensuales, algo que se hizo insostenible. Lo que más lamento del cierre es que quedaron once familias sin trabajo", le contó Viscomi a BAE Negocios, con voz apesadumbrada. 

Pertenencia

 

Lejos quedó la época en la que Monte Olivia era el amo y señor de toda la zona. Aquellos que transitan Devoto de toda la vida recuerdan una anécdota que pinta el sentido de pertenencia que tenían sus clientes con la heladería. A principios de este siglo, cuando estaba en la cresta de la ola, la cadena Freddo decidió instalarse a sólo 80 metros del histórico comercio. La aventura de Freddo duró pocos meses. Los devotenses siguieron eligiendo a su heladería de la infancia y adolescencia y el local de la cadena permanecía semivacío casi todo el día. A los pocos meses, Freddo tiró la toalla y se fue de Devoto.

Entre los famosos habitantes del barrio que pasaron por la heladería se destacan Diego Maradona, Gabriela Sabatini, Amadeo Carrizo y el músico Juanse. El diputado Fernando Iglesias también era cliente. 

La heladería amaneció con sus ventanas y puertas de vidrio tapadas

Un esquina buscada  

Los desarrolladores ya saben que esa esquina estará desocupada a varios de ellos imaginan que podría gestarse en ese lugar. 

El lote tiene 135 metros cuadrados y la valuación de mercado alcanza el millón de dólares. “Allí se puede levantar un edificio mixto con un basamento comercial, seguramente gastronómico, y en los tres pisos de arriba oficinas y viviendas. La zonificación es APH (Area de Protección Histórica)", le explica a BAE Negocios, Gustavo Ortolá, Presidente de GO Real Estate y conocedor de la zona.

Con respecto a la sucesión de cierres de comercios que se está concretando últimamente, Ortolá asegura que "están cerrando muchos históricos locales gastronómicos, por dos motivos. Uno es que no se han actualizado y el otro es que tienen un carga laboral muy grande, con empleados de muchos años, que no pueden sostener debido a la baja de la demanda que hubo por la pandemia”.

El especialista asegura que en Devoto "está ocurriendo un fenómeno, que es la vuelta de los comercios a los barrios. En este caso, la plaza Arenales y sus alrededores se han vuelto un centro de atracción para mucha gente de otros barrios. Los que se aggiornan sobreviven y los que no, como el caso de Monte Olivia, se les hace complicado. Esta es una muestra de como se está reconvirtiendo el retail gastronómico en todas las grandes ciudades".

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