Hace 26 años, que el colorido restaurante La Tekla, ocupaba la esquina de Talcahuano y Paraguay. Su dueño Ricardo Klausner, decidió cerrarlo porque asegura que esta “cansado de sufrir”. Remató todo lo que había en el local, desde la vajilla hasta el horno, lo que obtuvo del remate lo usará para compensar el trabajo de sus seis empleados, a los que les avisó que no podrá pagarles la indemnización.

 La Tekla era un restaurante donde se podía comer: una hamburguesa, una trucha, una pizza o empanadas y escuchar buena música. No tenía ningún habitué famoso, ni ninguna anécdota recordable. Sus clientes provenían del Palacio de Justicia, de la Universidad de las Ciencias Empresariales y Sociales UCES, de la Universidad del Salvador o de los visitantes del Teatro Cervantes o del Coliseo.

Su dueño Ricardo Klausner es ingeniero, hoy está jubilado con la mínima. Cuenta que tiene otra empresa y junto con un equipo de gente se dedica a hacer mejoramiento de frente y mantención de edificios y torres. Pero ese emprendimiento también esta parado porque muchos de sus obreros viven en el conurbano bonaerense.

Le gusta definirse: “Soy un peronista, fui militante, fui de los que fuimos a Ezeiza a buscar al General Juan Domingo Perón. Épocas en las que se militaba gratis. He pasado momentos fantásticos en La Tekla, la mejor época fue la década del ’90. La mejor época fue con Carlos Menem, la convertibilidad fue un éxito, no había inflación. Yo pude viajar por todo el mundo, conocí todo. Jamás sería kirchnerista, soy menemista a muerte”, dijo a BAE Negocios, recién llegado a su casa, a pocas cuadras de su restaurante.

Ricardo Klausner
Ricardo Klausner y lo que queda de La Tekla

Cuenta que con trabajar cinco días a la semana, todo estaba fantástico. Llegó a tener 15 empleados. Después tuvo que abrir los sábados al mediodía y en el 2018, se complicó la situación y tuvo que abrir hasta los domingos, junto con su hijo. Pero el sacrificio compensaba la baja de la facturación. Hasta el cierre del local, quedó con seis trabajadores.

“El año 2018 fue un año difícil, el 2019 se complicó aún más, hace ocho años que no veníamos bien. Mi clientela es de clase media, después de las PASO comenzaron a declinar las ventas, las fiestas fueron muy tristes y el verano complejo. Después vino la pandemia y tuve que cerrar. Reabrí con delivery pero no me sirvió. Porque además tuve que bajar todos los precios a la mitad para poder vender. La gente cocina en su casa, no gasta. Nunca dejé de pagar los sueldos, la ATP pagó la mitad de los sueldos, pero no todos”, explicó el dueño de La Tekla. Para cumplir con sus obligaciones pidió un préstamo de $33.000 a una tasa del 26%. 

“Hice el esfuerzo, pero me di cuenta que era inútil. Si bien pude llegar a un acuerdo y me bajaron el alquiler, decidí cerrarlo, hacer un remate, vender todo y distribuir todo ese capital entre el personal. Son seis personas con bastante antigüedad, la gente no come vidrio. Llegamos a un acuerdo personal era cerrar o quebrar, no había otra o aceptaban o iba a quiebra. Pasé todo a dólares y esperaremos que abra el SECLO. No puedo despedir personal, ni llegar a un acuerdo legal, ni los juzgados están abiertos”, contó Klausner.

Remate virtual gastronómico

El 12 de junio organizó un remate virtual y subastó equipos de aire acondicionado, sillas, vajillas, ollas y vendió hasta los cuadros. “Me apresuré porque se viene una catarata de remates. Fue una sorpresa se vendió todo, hay muchos revendedores. Seguiré pagando los sueldos hasta que abra el SECLO. El problema es que estamos en la cuarentena más larga del mundo. No tengo la menor duda que el equipo de Mauricio Macri era más solvente y lo hubiera manejado mejor. Y eso que yo lo sufrí al gobierno de Macri, pero como soy ingeniero, creo más en los ingenieros que en los abogados que negocian entre dos posiciones y sólo saben dividir, no generan ganancia, ni saben construir”, explicó convencido. Se olvidó que Carlos Menem, también era abogado.

Confesó que fue a las protestas que se hicieron en el Obelisco.  Aunque no sabe si volverá. Esta seguro que no vuelve más a la gastronomía. “Me cansé de sufrir, tengo 74 años, se terminaron las buenas épocas, ya no se puede viajar por el mundo, ni los turistas vienen. Suerte que tengo otro trabajo”, dijo cansado el dueño de La Tekla, antes de devolver la llave del local.

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