La muerte de Sergio Marchionne, quien fue hasta hace pocos días el número uno de Fiat, es definida en pocas palabras: murió el hombre que salvó Fiat. "Cuando aquel hombre sin corbata ni chaqueta apareció en escena, Fiat perdía dos millones de euros al día y sus acciones costaban 1,60 euros. Corría 2004 y la situación de la gran empresa sobre la que se edificaron los grandes mitos de la Italia moderna era tan funesta que General Motors, con quien tenía un acuerdo de compra, desembolsó 1.500 millones para no adquirirla y evitar asumir sus deudas", relata el diario El País. Ahora, 14 años después de aquel naufragio, se espera que cierre el ejercicio con 4.000 millones de liquidez en la caja, sus ingresos alcancen los 125.000 millones con unos títulos que tocan los 16,4 euros. En medio de aquella tormenta, se quedó con mítica Chrysler de Detroit, y convirtió el nuevo grupo en uno de los mayores colosos del mundo.

Los mercados sintieron el impacto, las acciones de Fiat Chrysler se hundieron 15,5% tras el deceso de Marchionne. Marchionne rescató a Fiat y Chrysler de la bancarrota después de asumir el control del fabricante de automóviles italiano en 2004 y multiplicó el valor de Fiat en 11 veces a través de 14 años de astutas negociaciones. Tenía previsto renunciar a FCA en abril del año próximo. Cuando se supo que su situación era irreversible, FCA nombró al jefe de división de Jeep, Mike Manley, como el presidente ejecutivo de la séptima automotriz más grande del mundo, al asegurar que el británico de 54 años llevaría a cabo la nueva estrategia a medio plazo que Marchionne había delineado en junio.