Frances Haugen, una ex empleada de Facebook, puso a Mark Zuckerberg contra las cuerdas. En 2019, se incorporó a Facebook, la compañía valorada en casi un billón de dólares fundada hace 17 años. En mayo pasado dejó la compañía y se llevó documentos internos. Dio información desde el anonimato a The Wall Street Journal y finalmente dio la cara. Pidio a Facebook que declare "su bancarrota moral" y pidió al Congreso de Estados Unidos que regule las redes sociales.  

Los papeles que se llevó demostrarían que: " Facebook trabaja con algoritmos que alientan una discordia que a veces cuesta vidas; que sus herramientas están diseñadas para crear dependencia y aumentar el consumo; que hacen poco por controlar al crimen organizado o que es mentira que traten a sus más de 3.000 millones de usuarios por igual. Y, lo que más ha encendido los ánimos en Estados Unidos, que sus gestores sabían que lo que ofrecen asoma a una porción nada desdeñable de las adolescentes (13%) al vértigo de los pensamientos suicidas y la anorexia. Todo ello, según Haugen, solo por dinero", señaló el diario El País.

El domingo reveló su identidad en televisión en horario de máxima audiencia, y el martes compareció ante el Senado para exigir a los legisladores que protejan la infancia y la adolescencia. "Declárense en bancarrota moral y admitan sus errores", disparó. El escándalo de estas semanas ha abortado muchos planes como Instagram Kids.

Haugen sufrió tras dejar Google en 2014 un accidente vascular que la confinó en casa un año. Su gran ayuda fue un conocido de la familia que acabó convirtiéndose en un gran amigo. La relación se rompió cuando una exposición insana a las partes más oscuras de las redes sociales llevó a este por "el barranco de la conspiranoia y el nacionalismo blanco". Ahí Haugen dio con su misión: evitar que a otras personas les pasara lo mismo.