Crisis

Historias conmovedoras detrás de los 920 despidos de Fate

"No quiero ser un muerto social", contó Jorge con 55 años y 32 en la fábrica. Un obrero con un hijo discapacitado, otro trabajador con 7 hernias de disco de tanto levantar neumáticos

Detrás de cada uno de los 920 telegramas de despido que envió Fate hay una historia. Trabajadores que dejaron más de la mitad de su vida en la fábrica y hoy tienen las secuelas en el cuerpo. Otros con enfermedades terminales o con hijos con severas discapacidades. Muchos permanecen adentro de Fate porque no pueden perder las obras sociales o porque con más de 50 años, saben que les costará reinsertarse. BAE Negocios reunió tres historias de obreros que muestran el impacto social de este cierre.

Aunque las puertas estén cerradas con candado, los trabajadores están en la planta, esperando que la empresa cumpla y acate la Conciliación Obligatoria que ordena retrotraer la situación y volver a abrir la fábrica. Con tantos años de trabajo, muchos son amigos. Saben que si no están unidos adentro para dar pelea, mucho más difícil será estar solos afuera.

No es fácil contactarlos, algunos ya no tienen batería y los cargadores no dan abasto. Cuentan que sobrellevan todo gracias a la ayuda de sus familias, las mujeres van y les llevan abrigo, comida y con todo hacen ollas populares. Hasta ahora ya comieron dos veces guisos, empanadas, lo que venga. Toda la ayuda que reciban sirve para esperar que Javier Madanes Quintanilla se decida a reabrir la planta y acatar lo dispuesto por el Ministerio de Trabajo bonaerense y por el Ministerio de Capital Humano.

Aunque desde Fate respondan que hasta que los obreros no se vayan de la planta no reabrirán, los trabajadores no le creen y responden "que abran las puertas y cuando entra el turno que le toca trabajar nos vamos".

Los trabajadores esperan que la familia Madanes reabra la planta y votan quedarse a esperar que acaten la Conciliación Obligatoria
Los trabajadores esperan que la familia Madanes reabra la planta y votan quedarse a esperar que acaten la Conciliación Obligatoria


Mientras tanto, se escuchan muchas historias. Sebastián Tesoro tiene 46 años, hace 11 años que trabaja en el sector terminación radial auto. "El cierre no me sorprendió porque somos un gremio muy golpeado, nos echaron a 2.000 compañeros en el último año. En el último año y medio nos despidieron a 130 compañeros en Fate y 500 se tuvieron que ir extorsionados con el retiro voluntario, pero no querían irse, los obligaron. Para mí no es una opción pensar en un nuevo trabajo, pensamos en cómo pelearla para conservar este", le dijo a BAE Negocios. Y enseguida, recomiendó hablar con otro compañero que tiene más problemas que él.

A veces los de al lado, están tan mal, que ya lo propio parece secundario. "Por la situación económica, por mi edad, y por las consecuencias que me dejó Fate, porque acá las condiciones son tracción a sangre. Tengo 7 hernias de disco, tendinopatía crónica, artrosis en el pie izquierdo y rodillas. Muchos estamos en situaciones similares o peores. Cada compañero es una realidad, por eso la única opción es pelear por volver a trabajar", contó Sebastián.

Cuando se le preguntó cómo llegó a exigir tanto a su cuerpo explicó "Por estar parado todo el tiempo, salen 3.000 cubiertas por día y sólo somos dos compañeros. Levanto 1.500 cubiertas por día para trasladarlas a otra área, a 10 kilos cada una, son 15.000 kilos por día. Inevitablemente, te trae consecuencias. Soy sostén de familia, alquilo para mi familia y le tengo que pagar el alquiler de la casa a mi mamá, o sea que el 70% de mi ingreso es sólo para pagar alquileres. Imaginate la preocupación. Nos vamos a quedar en la planta hasta que reabra. Nos vamos cuidando entre nosotros, pasamos muchísimos años juntos y tenemos en claro que la única forma de salir es en forma colectiva. Nos vamos a quedar en la planta hasta que reabra", repitió una y otra vez, como un mantra.

Reclamaron en la calle con el acompañamiento de trabajadores de otras empresas y organizaciones sociales y políticas 
Reclamaron en la calle con el acompañamiento de trabajadores de otras empresas y organizaciones sociales y políticas 

Sebastián recomienda hablar con un compañero, pero como no tiene ya batería lo llama. Carlos Oroño tiene 49 años, trabajó en Fate 2 años como tercerizado y 13 como efectivo en el área de mantenimiento. Se enteró del cierre mientras estaba de vacaciones.

Su angustia va más allá de perder un trabajo y quedarse sin un ingreso. "Mi problema es que mi nene Nahuel tiene TEA, tiene 19 años pero yo le digo mi nene. Cada vez que cambiamos de trabajo hay que luchar con la obra social, con todo el tramiterío. Hay muchas obras sociales que no cubren. Toma medicación y es un lucha tramitar los remedios. Iba a una escuela de oficio, cerró, hay pocos. Los discapacitados están muy solos. Todo cuesta mucho. En mi casa somos 4, estoy fuerte, se que esto se puede dar vuelta luchando", contó a BAE Negocios.

Se suman los problemas "Ya tenemos una edad que se complica conseguir trabajo nuevo, todo. Se complica el tema obra social, cuando entré acá tuve muchos problemas con la obra social de la gestión anterior. No me lo querían tomar, me apelaban los amparo, nos judicializaron, fue muy zarpado lo que nos hicieron vivir. Una vez que logras conquistar tus derechos, por mezquindades de tipos que no tienen en cuenta nada, te ves forzado a empezar de cero. Siempre fuimos de pelearla y lucharla y eso te da una fuerza extra. Te tenes que mantener fuerte por la salud de tus hijos. En mantenimiento dentro de todo no se sufre tanto como en producción donde los cuerpos se desgastan".

"No quiero ser un muerto social", Jorge Ayala, trabajador de Fate
"No quiero ser un muerto social", Jorge Ayala, trabajador de Fate

Jorge Ayala tiene 53 años, pasó 30 de los últimos años trabajando en la planta de Fate, más de la mitad de su vida. Conocido por su compañeros como "chupete", trabajó en la cortadora. Entró a la fábrica apenas formó familia, entró en 1993 y las pasó a todas. "Viví todas las crisis, la precarización laboral, la explosión del 2001 y fue uno de los afortunados que quedó en la planta. Tengo una bronca incontenible. Pasé toda mi vida acá adentro, dejando muchas cosas de lado, sacrificando todo, aguantando cambios de sistemas, aguantando los años 90 que me reventaron en la máquina. Es de no creer que un empresario de la magnitud de Madanes con un holding dueño de Aluar, dueño de represas en el sur, de parques eólicos que hoy diga que no puede sostener a los trabajadores porque vende cubiertas cuatro menos. Es un ser despreciable. No se puede tratar así a los trabajadores que te hicieron rico".

Desesperado y con la angustia de no saber cómo seguir, Jorge contó "no podemos permitir quedarnos sin trabajo, voy a cumplir 55 años y tengo 32 años de fábrica. Dónde voy a tener otra oportunidad, soy viejo para el mercado laboral. Pensaba que me iba a jubilar acá, pero Madanes y este gobierno de miércoles hacen que esto suceda con los trabajadores".

Contó que tiene dos hijos mayores que no dependen de él, pero reconoció que con esta situación del país, no sabe cuando van a necesitar ayuda de él. "Tengo que subsistir, tengo que tener laburo, tengo que seguir viviendo. No quiero ser un muerto social, estoy arrinconado", confesó desesperado en radio 10.

La situación en muchos casos es desesperante, por eso los trabajadores quieren que Fate acate la Conciliación Obligatoria. Pero insisten en la necesidad de que se abra una negociación que pueda darles alguna esperanza.

Esta nota habla de: