Conducir entre caudillos, las tensiones post cortes y la crisis económica
El gobernador electo de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, tendrá desafíos que pondrán a prueba su conducción política y económica. La elección de ayer dejó claro que el territorio más amplio y complejo en materia social del país quedó dividido por distintos fragmentos, a pesar de que el color celeste y el amarillo sigan siendo predominantes. La preponderancia de los intendentes del peronismo, el corte de boleta histórico en algunos distritos y el fantasma del default emergieron como resultados dentro de la contienda general.
El ex ministro de Economía kirchnerista tendrá que sentarse en la mesa de los caudillos municipales, de quienes se sospechó en un principio de buscar la continuidad de María Eugenia Vidal por la buena relación que mantenían. Luego de las PASO, las fotos en carteles y reuniones se impusieron ante el calor de los votos aunque el vínculo no es el más aceitado. Allí estará en prueba de fuego la conducción política.
El arrastre prometía victorias de fuerte resonancia en distritos clave de la provincia. En Lanús, en donde Axel consiguió casi 155.000 votos, el candidato local Edgardo Depetri dejó en el camino más de 30.000 sufragios que le entregó la reelección a Néstor Grindetti, la cara más fiel del macrismo. En la puerta del búnker peronista no faltó tiempo para los reproches e incluso enfrentamientos entre sectores, entre los cuales está La Cámpora, que ya había denunciado “traición” cuatro años antes. A ese escenario se deberá enfrentar Kicillof.
La crisis económica que el electo gobernador denunció públicamente en términos nacionales tendrá su repercusión interna en territorio bonaerense. La provincia de Buenos Aires, en línea con la Nación, se endeudó de manera fuerte y tendrá durante la próxima gestión vencimientos que ponen en duda la capacidad de pago ante las necesidades que se abrieron con la crisis social.
Así, Kicillof tendrá en manos un distrito quizás hasta con mayores complicaciones que la Nación que Alberto Fernández gobernará desde el 10 de diciembre. Además de medidas para organizar los números, deberá demostrar que Buenos Aires es viable para proyectar a un dirigente que supere las fronteras bonaerenses sin quedar en el intento, como le pasó a sus sucesores.

