Cristina Fernández movió primero. Frente a un electorado que mayoritariamente rechaza su figura y que, aún en mayor cantidad, tampoco quiere saber nada con Mauricio Macri, la ex Presidenta tomó la iniciativa para ir por lo votos del medio, de la importante porción del electorado que como estaban planteadas las cosas iba a tener que terminar votando a disgusto, por ella o por el Presidente. En tiempo difíciles, la senadora cambió su axioma y pasó del "vamos por todo" al "vamos por todos".

En términos electorales, el resultado perfecto pasaría por conseguir imponerse en primera vuelta. No parece alejado si se tiene en cuenta que la ex presidenta representa, antes de las novedades, el 35 por ciento del electorado. Varios gobernadores que estaban alejados se sumaron al operativo algarabía que, mágicamente, generó un coro de alabanzas hacia Alberto Fernández, como si el histórico operador encaranara la solución a todos los problemas de la Argentina. La firma de Sergio Massa en el carnet de socio del Frente Patriótico sería el premio mayor para aspirar a ese objetivo. Los Fernández necesitarían pasar la barrera de los 40 puntos y, al mismo tiempo, mantener con vida a la variante electoral de Lavagna y Urtubey disputando con Macri el voto de sus antagonistas, de modo de dejar al segundo a más del 10 por ciento.

En términos políticos, la decisión de Cristina ratifica el pronóstico de tormentas que el mundo augura para el país. Detrás del nuevo contrato social promocionado por la senadora en sus última apariciones, está la enorme dificultad de afrontar los tiempos que vienen. Cristina dejó de hablar con las tripas y empezó a hablar con el alma, explicó el dirigente Eduardo Valdés en Crónica HD en la noche del sábado. En su mensaje zen del sábado a la mañana le pidió a su gente que reconociera en Alberto Fernández a la persona que va a negociar con los sectores sociales, políticos y económicos. Un cheque en blanco que puede resultar desmesurado.

En términos históricos, de acceder al poder, al peronismo le llegará el tiempo del 2do Plan Quinquenal, que frente a la época de vacas flacas proponía, entre otras tantas máximas, producir más y consumir menos. Más cerca en el tiempo, tras el desastre de 2001, fue Eduardo Duhalde quien se cargó con lo más duro del ajuste.

El próximo Gobierno, sea el que sea, necesitará un acuerdo parlamentario que le permita sancionar un paquete antipático de leyes. El ajuste (reforma laboral incluida) no está a la altura de lo que Cristina piensa de si misma. No es para ella encarar una negociación con el Fondo Monetario que pase por la seducción y no por patear la puerta e imponer condiciones. Hasta con el Grupo Clarín, se prevé, Alberto firmaría un armisticio. Cristina dejará hacer, por el bien de la patria, en un rol secundario, garante del apoyo de su gente. Mientras le aguanten las tripas.

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