Reforma laboral: la CGT marchó, endureció el tono y puso en juego un paro general

La central obrera encabezó una masiva marcha en rechazo al proyecto de "Modernización Laboral" impulsado por el Gobierno de Javier Milei, mientras el Senado debate la iniciativa. El Ejecutivo minimizó el impacto de la protesta

BAE Negocios

El movimiento obrero organizado se movilizó este jueves desde las 15 a la Plaza de Mayo en rechazo al proyecto de reforma laboral que impulsa el gobierno de Javier Milei. La protesta fue convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT) y acompañada por la CTA de los Trabajadores, la CTA Autónoma, movimientos sociales y organizaciones políticas, en lo que representó la primera gran acción sindical específicamente dirigida contra la iniciativa oficial de modificar la Ley de Contrato de Trabajo y otras normas laborales.

La marcha tuvo como objetivo explícito incidir en la negociación que se desarrolla en el Senado, donde el oficialismo busca darle media sanción al proyecto antes de fin de año. Para la CGT, la movilización fue una demostración de fuerza destinada a advertir sobre el rechazo del sindicalismo a una reforma que consideran "regresiva y precarizadora".

Rechazo al contenido del proyecto

Si bien el Gobierno introdujo modificaciones en el texto original tras conversaciones con la CGT y eliminó algunos artículos cuestionados, la central obrera sostuvo que el núcleo del proyecto sigue siendo inaceptable. Los sindicatos rechazan las restricciones al derecho de huelga, la prioridad de los convenios por empresa por sobre los sectoriales, la limitación de la ultraactividad de los convenios colectivos y la flexibilización de derechos individuales.

También cuestionan la reducción del costo de las indemnizaciones por despido, la implementación del banco de horas para extender la jornada laboral, cambios salariales y la derogación de estatutos sectoriales. Para la conducción cegetista, la reforma concibe al trabajo como un costo a reducir y no como un derecho humano.

El acto en Plaza de Mayo

En la Plaza de Mayo se montó un escenario frente a la Pirámide, con una escenografía que llevaba la consigna "En defensa del trabajo y la dignidad". Desde allí hablaron los tres secretarios generales de la CGT: Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello, quienes debutaron como conducción visible de una protesta masiva.

Octavio Argüello, referente de Camioneros, fue el primero en endurecer el tono y advirtió que, si el Gobierno no escucha los reclamos, la central avanzará hacia una huelga general. "Si no nos escuchan, vamos a terminar en un paro nacional", afirmó, y llamó a "ganar la calle" para defender los derechos de los trabajadores y sus familias.

Cristian Jerónimo, del Sindicato del Vidrio, cuestionó el contexto económico en el que se discute la reforma y señaló la pérdida de puestos de trabajo y el cierre de pymes. "No genera nada a favor del mundo del trabajo. Está redactada a favor de las grandes corporaciones", sostuvo.

El cierre de Jorge Sola

El cierre del acto estuvo a cargo de Jorge Sola, secretario general del Sindicato del Seguro, quien ratificó la profundización del plan de lucha y llamó a "volver a emocionar con la bandera de la justicia social" para construir una alternativa política.

Sola denunció que el Gobierno busca "cercenar derechos" y afirmó que el empleo no se genera quitando conquistas laborales, sino a través de la actividad productiva. También cuestionó el Presupuesto 2026 por afectar áreas sensibles como discapacidad, salud, educación y el Hospital Garrahan. "Para que haya trabajadores en negro, primero hay una economía en negro", afirmó, y acusó al Ejecutivo de profundizar la pobreza.

"No queremos menos derechos: queremos más trabajo, más dignidad y más salarios", sintetizó, antes de advertir que la CGT no dará marcha atrás. "Este es el principio de un plan de lucha. Sigan sin escucharnos y se encontrarán con un paro en todo el país", insistió.

La respuesta del Gobierno

Mientras se desarrollaba la movilización, el Gobierno buscó bajarle el tono a la protesta. En Casa Rosada aseguraron que se trataba de “un día normal”, pese al fuerte operativo de seguridad y los cortes en el centro porteño. El presidente Javier Milei permaneció en su despacho de Balcarce 50, mientras la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, siguió la situación desde el Comando Unificado.

Las fuerzas de seguridad nacionales y de la Ciudad aplicaron el protocolo antipiquetes, lo que derivó en empujones y en el uso de gas pimienta sobre un sector de los manifestantes en la zona de la avenida 9 de Julio.

Una protesta con amplio respaldo político y social

De la movilización participaron dirigentes del peronismo como el gobernador bonaerense Axel Kicillof, legisladores nacionales, referentes sindicales históricos como Hugo Moyano, Héctor Daer y Andrés Rodríguez, además de Madres de Plaza de Mayo, movimientos sociales y organizaciones de izquierda.

Para la CGT, la marcha marcó un punto de inflexión en la relación con el Gobierno y dejó abierta la posibilidad de escalar el conflicto. La advertencia de un paro nacional quedó planteada como la próxima etapa si el oficialismo avanza con la reforma laboral en el Congreso.

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