La última publicación del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) marca que los asalariados representaron el 42,5% del ingreso ( PBI) en el segundo trimestre del año 2019. La medición anterior había dado el 48,2% y los primeros tres meses de 2018, antes de la devaluación que en versión metafórica el Gobierno Nacional consideró como una fase de tormentas todavía sin final, fue de 51,3%.

Aquí no quedan dudas sobre el efecto regresivo de la devaluación-inflación, un cóctel para nada saludable si pensamos un país que necesita recuperarse con urgencia. De allí que este 2019 será otro año de caída en el salario real de los trabajadores. Después de un 2018 con pérdidas de 12%, los 12 meses que transcurrimos terminarán con otro retroceso pero mayor al 10%. Solo los gremios que pudieron firmar cláusulas gatillo están en mejor posición para afrontar la suba de precios. La inflación esperada para 2019 supera ya el 55%, y eso sin contar el frenazo de los servicios públicos que a último momento implementó el gobierno. El desaguisado macro y consecuente salto del dólar explican gran parte del problema. El próximo gobierno no la tendrá fácil, porque el macrismo deja una importante inercia inflacionaria. Serán clave tres variables: un acuerdo social que aminore el espiral inflacionario, un tratamiento razonable para las tarifas de servicios públicos y un manejo adecuado del tipo de cambio, sin bruscos sobresaltos, para lo cual el manejo de la deuda y la renovación de las expectativas, con una economía creciendo, serán vitales.

Si se acierta en dichas variables es posible que el salario real logre una tibia recuperación el año próximo.

* Economista, investigador de la Universidad Nacional de Avellaneda

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