El mensaje del presidente Mauricio Macri ante los líderes más importantes del mundo estuvo dirigido a saldar cuentas internas más que a reposicionarse en busca de un lugar en el concierto global.

Macri utilizó su discurso de bienvenida a la Cumbre de presidentes y jefes de Estado del grupo de los 20 para marcar el contraste con el gobierno de Cristina Fernández, su antecesora y principal adversaria política, cuando dijo que Argentina había estado atravesando "años de aislamiento".

Fue luego de agradecer el "apoyo y el reconocimiento" hacia el país por parte de los líderes que participan de la Cumbre como si la presencia de los mandatarios fuera un gesto personal y no multilateral tal cómo es la naturaleza del G20.

Los encuentros bilaterales con el presidente de Estados Unidos Donald Trump -uno de los principales respaldos para que se concretara el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional -, con el ruso Vladimir Putin y el chino Xi Jinping den, tal vez, un poco más la talla de la categoría a la que quiere aspirar Macri.

El discurso de  Costa Salguero tuvo además dos aspectos qué suenan un poco desfasados para la realidad Argentina. Destacó como una de las políticas el empleo, en un país que viene perdiendo puestos de trabajo sin parar, y citó a Nelson Mandela y su aspiración de combatir la pobreza en una Argentina que se encamina a que un tercio de su población no alcance a cubrir la canasta básica.

Puertas adentro de Costa Salguero, un discurso; puertas afuera, una realidad marcada por las incontrastables variables económicas.