Entrevista a Marcos Peña

“La imagen del peronismo es como un Frankenstein con el rostro de Cristina Kirchner”

El jefe de Gabinete señaló que existe una tensión en el peronismo entre el kirchnerismo y quienes oscilan y “a veces se apoyan en la gobernabilidad”

Especial para BAE Negocios

El jefe de Gabinete buscó mostrar tranquilidad tras el veto presidencial a la ley de tarifas y aseguró que seguirán negociando con el peronismo dialoguista. En una entrevista a Crónica HD, advirtió que no se negociará el cambio.

—¿Por qué no se esperó ni un día ni dos para vetar la ley sobre tarifas que sancionó el Congreso?
—Ya lo habíamos anticipado. Creemos que es una ley que no respetaba la Constitución. Ya lo dijeron la mitad de los gobernadores, no es una facultad del Congreso fijar una política tarifaria. También era una ley profundamente antifederal, que atentaba contra la posibilidad de ir equilibrando, como estamos haciento, el sistema tarifario en todas las provincias, y sobre todo una ley muy irresponsable porque planteaba una erogación de más de 100.000 millones de pesos sin decir de dónde venían esos fondos. Era básicamente una situación muy demagógica. Ese monto equivale a casi toda la obra pública en el interior del país, o a todo el presupuesto de seguridad y de defensa nacional, o a todo el presupuesto de universidades públicas. Nosotros quisimos ser muy claros desde un primer momento, por instrucción de Mauricio, en que no íbamos a convalidar esa ley.

—No es la primera vez que el peronismo se une y le propina una derrota al gobierno en el Congreso. ¿Cree que podría mantenerse esa unidad hasta las elecciones presidenciales de 2019?
—Eso dependerá del peronismo, de sus distintas facetas. Pero la imagen, cuando se juntan, es un poco como esos Frankenstein que juntan cosas diversas, que todos vienen de gobernar juntos en las últimas décadas, y cuyo rostro termina siendo el de Cristina Kirchner, indefectiblemente. Porque es la que expresa una idea contraria a la de este Gobierno y creo que hasta contraria a la de muchos que terminaron votando esta ley, que no tenía ninguna racionalidad ni lógica, ni siquiera para las provincias y sobre todo para la gente, porque los terminaba perjudicando. Creo que parte del problema es cuando se analiza, desde ellos mismos, la idea de una derrota o de un golpe político al gobierno. Para nosotros eso los aleja de la gente y de la posibilidad de volver al poder, y nos aleja a todos los argentinos de la posibilidad de tener un sistema político con partes que acuerdan en una gran base de cuestiones y compiten por ver quién hace las cosas mejor, pero no que plantean un deseo de fracaso o de volver atrás como única herramienta política.

—El líder de la oposición en el Congreso, Miguel Pichetto, habló de que con esta ley se le daba un mensaje al gobierno. Con él había un buen vínculo hasta ahora. ¿Eso se rompió?
—No, para nada. Tenemos un respeto por Pichetto, por los gobernadores, por todos los sectores de la oposición. Ayer mismo —por el miércoles— se votaron las tres leyes de desregulación del Estado en remplazo del DNU, algo muy importante para los productores, para las pymes, para los argentinos. Cientos y cientos de trámites eliminados para que crezca la economía. Tuvieron cerca de 57 votos. El presidente está en Salta con gobernadores del peronismo. No es un día difícil para nosotros, es un día de trabajo como cualquier otro. En ese marco, siempre va a estar la invitación al diálogo con la oposición, aun cuando no estemos de acuerdo.

—El peronismo entonces no es un peligro para la democracia, ¿no es desestabilizador?
—Yo creo que el peronismo representa una parte de votos de la Argentina, y tiene esa tensión entre la parte que representa el kirchnerismo y otros que a veces oscilan, y a veces se apoyan en la gobernabilidad. Está en juego algo mucho más profundo que es, ¿qué cambio quiere la sociedad, qué cambio quiere el peronismo? nosotros queremos alejarnos de la mentira, de la demagogia. para eso hay que trabajar. Eso garantiza la fortaleza de cambio. Y también saber que en el recuerdo de la gente muchos de los que hoy hablan cuando les tocó gobernar no resolvieron los problemas.

—Urtubey dio un mensaje claro contra el proyecto que avaló Pichetto. También votó en contra Gerardo Zamora...
—Hay contradicciones, pero no hay espacio para la falta de claridad. Eso implica asumir la responsabilidad y hay que asumir los costos políticos de lo que hay que hacer, si no es subestimar a la gente. Entendemos que hay muchos argentinos que están enojados, o tristes, o con miedo. Ahora, la lectura lineal de que a esos hay que ofrecerles cualquier cosa con demagogia para que quieran volver al pasado es subestimar a los votantes. La Argentina está más madura que eso. Hay un valor en los dirigentes que salen a decir la verdad. -Usted dijo que la economía del segundo semestre iba a mejorar. Todo indica que no va a ser así -Primero: los primeros tres, cuatro meses del año fueron muy positivos en materia económica. No sé si el segundo semestre, pero estamos convencidos que el futuro va a ser mejor para la Argentina. En el medio pasan cosas en el mundo, como el cambio de política monetaria de Estados Unidos, o la sequía que tuvimos, y eso genera inestabilidades. Y lo más importante es que tenemos las herramientas para evitar una crisis. Estamos logrando cuidar a los sectores más vulnerables, y mantener la perspectiva de crecimiento. A los cambios que pueden ocurrir, como el precio del petróleo, podemos tomar las decisiones necesarias para cuidar el crecimiento, como acudir al FMI.

—Usted imagino que Cambiemos iba a tener que acudir al Fondo Monetario?
—Sabíamos que era una herramienta para tener disponible. Hay que desdramatizar esto. No estamos repitiendo otro momento de la historia. La gran diferencia es que esta vez hay un plan económico respaldado literalmente por todo el mundo. Y lo que nos están reclamando tanto el Fondo como los acreedores es una mayor velocidad por el contexto internacional y por las dudas que generan ciertos sectores de la oposición de no comprensión del camino. No nos parece una situación de crisis ni fracaso. Es una medida preventiva.

—Lagarde le pidió al presidente que revise el modelo de gestión de la economía, ¿no hubo confianza de Macri en su equipo hasta ahora?
—No hubo ningún pedido sobre el funcionamiento de la economía argentina. De hecho el funcionamiento de gestión es similar a todos los de la OCDE. No estamos en una relación del Fondo que nos dice cómo tenemos que gobernar ni qué leyes hay que hacer. Este es el programa del gobierno argentino. En segundo lugar hay un funcionamiento del gobierno donde cada ministro tiene su plan de gobierno y cada día se avanza con nuevas obras. Esto que estamos haciendo nunca se logró. Tenemos que ser más humildes pero lo que se ha logrado en estos dos años y medio es milagroso: se evitó crisis política, crisis económica, desterramos la corrupción, sacamos leyes en minoría parlamentaria. Todo esto no había pasado nunca.

—Insisto con el rol de Dujovne, ¿la jefatura de gabinete tiene más o menos poder?
—No lo entendemos así. Hoy en el gobierno se trabaja con dinámica de equipo; cada uno tiene sus funciones. Lo que se ha planteado es que Nicolás Dujovne coordine todo el esfuerzo de la economía en el marco del acuerdo con el FMI y lo que hay que hacer en el Presupuesto. Lo importante es mirar el vaso medio lleno de la historia.

—Para la gente muchas veces son un gobierno cerrado
—Eso no es así. Somos un gobierno en minoría, que sacó casi todas sus leyes con aportes de la oposición. Estuvimos abiertos al diálogo desde el primer día, y lo seguiremos haciendo. Entiendo que algunos lo perciban así, pero tiene que ver con que estamos convencidos del camino, que no es nuestro, sino que lo indicaron todos los argentinos cuando nos pusieron acá, y nos siguen diciendo que no aflojemos. Ahora, si lo que quieren es ver que digamos que no se puede, que no lo vamos a lograr, eso no se lo vamos a dar. El cambio no se negocia.

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