Un tercer año de gestión en el que se juega el futuro del proyecto libertario
El desafío será sostener la estabilidad y mostrar un consumo en alza si quiere llegar competitivo a las elecciones de 2027
Con 35°C a la sombra en la mayoría del país resulta difícil no pensar el gobierno de Javier Milei bajo la lógica del semáforo del Servicio Meteorológico. En esa escala que va del verde de la calma al amarillo de la advertencia, pasa por el naranja de la tensión y llega al rojo de la crisis, el oficialismo transitó un 2025 con cambios bruscos de clima, momentos de euforia y episodios de estrés extremo. El balance del año deja lecciones para el presente inmediato y, sobre todo, plantea las condiciones que el Presidente deberá cumplir en 2026 si pretende llegar competitivo a la contienda electoral de 2027.
El verde, el estado ideal para cualquier administración, apareció varias veces en el primer tramo del año. Tras cerrar un 2024 con inflación en retroceso y un orden fiscal celebrado en la Casa Rosada, La Libertad Avanza atravesó el verano de 2025 en un clima de confianza que rozó la arrogancia. En los pasillos oficiales se repetía que "todo marcha acorde al plan", incluso cuando los indicadores advertían tensiones por debajo de la superficie. Fue un período de éxtasis político: dólar contenido, expectativas de reformas estructurales y un Presidente decidido a levantar su perfil internacional como referente global de la nueva derecha.
Ese capital simbólico externo terminó funcionando como salvavidas cuando el semáforo viró abruptamente al rojo cerca de las elecciones legislativas. La escasez de dólares, combinada con una catarata de denuncias de corrupción que tuvo su punto más delicado en los audios de Diego Spagnuolo y su cercanía con la cúpula libertaria, colocaron al Gobierno en su momento más crítico del año. El clima se volvió asfixiante y la estabilidad financiera pendió de un hilo.
Entre esos extremos hubo fases claramente marcadas de alerta naranja, el color que en la jerga meteorológica indica fenómenos peligrosos, aunque todavía manejables. Una de ellas fue la firma exprés de un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional por otros USD20.000 millones de dólares, que se sumaron a los USD45.000 millones heredados de la gestión de Mauricio Macri. El mercado reaccionó con desconfianza: el dólar oficial se acercó a los $1.500 a mitad de año, cayeron bonos y acciones, y el temor a una corrida volvió a instalarse. En paralelo, el Congreso aprobó la Ley Bases, un alivio político que le dio oxígeno al Ejecutivo en medio de la tormenta. Milei, fiel a su estilo, redobló la apuesta y prometió llegar a las legislativas con el dólar en $1.000.
El semáforo volvió a teñirse de verde cuando China confirmó la renovación del swap de monedas por USD5.000 millones. En un gobierno que en su estreno intentó un enfrentamiento discursivo con el Partido Comunista de Xi Jinping, la decisión de Beijing fue leída en la Casa Rosada como una muestra de pragmatismo internacional. Hubo agradecimientos explícitos y hasta elogios a una ayuda "sin pedir nada a cambio", mensaje que también funcionó como reclamo indirecto a Estados Unidos, país al que Milei había visitado reiteradamente para respaldar a Donald Trump y buscar apoyos financieros.
Mientras el Presidente oscilaba entre el rojo y el naranja por errores propios y tensiones externas, el clima parecía volverse favorable para la oposición. Sin embargo, el peronismo atravesó 2025 bajo el signo de la intrascendencia. Fragmentado, sin liderazgo claro ni programa alternativo, desperdició la oportunidad de capitalizar el desgaste oficial. Así, pese a llegar a las urnas con indicadores adversos, Milei ganó la elección legislativa a nivel nacional y reforzó su núcleo de poder.
Veranito sí, pero ¿exprés?El cierre del año encuentra al Gobierno nuevamente en verde, aunque con algunas alertas amarillas en el horizonte. El amarillo, en la lógica meteorológica, no implica crisis sino advertencia: condiciones que requieren atención constante para evitar un deterioro mayor. No será el verano optimista de 2025, cuando el Presidente repetía la consigna del dólar a $1.000, pero sí un tiempo decisivo para validar la promesa de inflación cero ùo, al menos, "que empiece con uno", como deslizan en Economía.
Luis Caputo sigue desplegando rosca interna y externa para conseguir los dólares necesarios de cara a los vencimientos con bonistas en enero, mientras apuesta fuerte a la Ley de Inocencia Fiscal y a la idea de que los ahorristas argentinos vuelvan a invertir sus divisas en el país.
-El desafío inmediato es claro: sostener la estabilidad cambiaria frente al drenaje de dólares a falta de un plan de acumulación tal cual le insistió todo el año el FMI- o por cuestiones estacionales como el turismo masivo en el exterior y recomponer una balanza comercial frágil.
Pero el verdadero examen empieza en marzo del 2026. Para proyectarse a la reelección en 2027, Milei necesita algo más que orden fiscal: requiere precios quietos, una recuperación lenta pero perceptible del consumo y la consolidación de una "sensación" de estabilidad que neutralice a gremios y opositores. Ese clima -más psicológico que estadístico- es el principal ancla política del oficialismo.
La incógnita es si la sociedad tolerará un tercer año consecutivo de ajuste y poder adquisitivo golpeado. Allí se jugará buena parte del futuro del proyecto libertario. El Presidente está convencido de que gobernará ocho años, pero para eso deberá recomponer la relación con los gobernadores, que a fines de 2025 le marcaron límites concretos en Diputados al rechazar la derogación de leyes de financiamiento para discapacidad y universidades.
Hay, sin embargo, un dato que alimenta el optimismo en la Casa Rosada. Incluso en su hora más oscura (cuando el dólar entró en rojo tirando a bordó, el Banco Central quemó hasta USD800 millones en un día y Milei admitió su preocupación ante Mauricio Macri en Olivos) el oficialismo logró imponerse en las urnas. Ni la suba de precios, ni los cierres de fábricas, ni la caída del consumo alteraron el resultado. Existe un núcleo duro que vota a Milei, pase lo que pase, y otro más blando que todavía puede inclinar la balanza.
La Libertad Avanza sabe que tiene mucho por demostrar, pero también es consciente de que, por ahora, no enfrenta una oposición con un modelo claro que se le contraponga. En ese contexto, el semáforo seguirá siendo una herramienta útil para leer el clima político. La clave, para Milei y los libertarios, será evitar que el amarillo derive en naranja y que el rojo vuelva a dominar el pronóstico justo cuando la reelección empiece a asomar en el horizonte.

