“El futuro es incierto, pero esta incertidumbre está en el corazón mismo de la creatividad humana”
Ilya Prigogine

La creatividad es un proceso indispensable para el desarrollo humano. Se la considera primariamente como parte de la actividad instintiva, dado que se observa en humanos y en animales mucho más básicos como las termitas o las hormigas. En el sapiens se complejiza requiriendo motivación, curiosidad, asombro, flexibilidad cognitiva, afectividad, confianza, fluidez y procesos corticales acompañantes.

La creatividad genera muy importantes cambios culturales y tecnológicos que luego serán transmitidos, generando acumulación cultural, lo que habrá ayudado a desarrollar nuestro cerebro. Se funda en el “ensayo-error”, aceptar el fracaso y buscar otros caminos, superando la idea inicial, lo cual requiere de una buena flexibilidad cognitiva. Se requiere de cierta edad para alcanzar su máximo, en general comienza a incrementarse a los 20 años para alcanzar su clímax a los 40 años, aunque puede variar. Por ejemplo, el máximo de creatividad en matemática se destaca a los 30 años, pero a los 50 años lo hace en filosofía, según un estudio del científico de Dean Simonton, de la Universidad de California.

La creatividad es una función muy compleja y variada, que implica desde las actividades artísticas hasta las comerciales y sociales. Contiene labores en las que participa la “motivación”, pues se necesita energía puesta en la actividad. La motivación es regulada por zonas del lóbulo prefrontal de nuestro cerebro (sector prefrontal interno), que se desarrollan último en la evolución de las especies y en el individuo. Es decir, la posibilidad intencional creativa se encuentra muy desarrollada en el ser humano y probablemente sea una actividad que condicionó la supervivencia a partir de la toma de decisiones innovadoras. Nos llevó, por ejemplo, a migrar a distancias lejanas, a descubrir el fuego o a generar procesos culturales diferentes.

Varios científicos plantean que un coeficiente intelectual bajo disminuye la capacidad de generar procesos creativos trascendentes. Luego de llegar a un coeficiente alto no se evidencian modificaciones de las posibilidades creativas, tanto en el arte, en la ciencia y en el trabajo.

Uno de los consejos que plantean los estudiosos de la creatividad es no repetir el mismo camino y buscar nuevas alternativas a nuestros errores. Otro es descansar y distraerse (fluidez) si se está trabado en la toma de decisiones nuevas o mejores. La epifanía puede ocurrir en el momento menos esperado.

Durante el estado de fluidez se activan áreas en defecto o reposo, como el precúneo, y se inhibe la importancia del exterior. El sujeto entra en un túnel de trabajo que permite dar paso a la capacidad de creación, algo practicado por los grupos focales de generación de ideas. Implica también la necesidad de dormir para volver a crear, la tormenta de ideas que sucede en forma espontánea durante la noche puede ser una función positiva que genera procesos de liberación de nuestra energía funcional.

En varios trabajos también se demuestra que la dopamina aumenta la motivación para crear a través del arte, quizá por los mecanismos de recompensa que se producen y porque se percibe un aumento de la satisfacción al crear. Se ha descrito que la moda de grupos de “brainstorming” no siempre son efectivos y que pueden generar salidas forzadas o artificiales. Nunca es bueno acelerar los ritmos fisiológicos de los procesos creativos. Es decir, el tiempo y la libertad de acción son necesarios para que el cerebro no sea sobreexigido y para que las ideas innovadoras sean una expresión acabada de la máxima creatividad.

En el momento de la epifanía sucede un interesante disparo de una parte de la corteza del cerebro, específicamente la temporal superior derecha. Según un estudio de Mark Jung-Beeman, de la Universidad de Illinois, al finalizar un cálculo complejo, en los probandos se prende esa área en la resonancia magnética nuclear de cerebro funcional.

Científicos de la Universidad de Duke reportaron la importancia de la conexión entre ambos hemisferios cerebrales. Las personas más conectadas superaron al resto en su capacidad creativa observada. Así, se evaluaron 68 puntos de conexión interhemisférica con un scan cerebral que mide el conectoma humano, y las personas con mayor conexión eran las de mejor performance.

Los procesos creativos también constituyen una de las bases funcionales del desarrollo cognitivo humano; sin embargo, no siempre se incluyeron en las observaciones de inteligencia. La creatividad implica dos procesos básicos: la innovación y la aplicabilidad de la misma, cuestión en la que coincide la mayoría de los investigadores de esta capacidad. La función creativa debe retrotraerse miles de años. Hace más de 3 millones de años ya se observan algunas herramientas básicas fabricadas por nuestros ancestros más primitivos, que muestran atisbos creatividad. Además, existen evidencias del manejo del fuego desde hace ya más de un millón de años, instancia culturalmente revolucionaria. Hace solo 300.000 años, cuando ya nos constituimos en el mundo como humanos, con bipedestación, menos pelos y gran desarrollo cognitivo-motor, asociados a un cerebro de entre 1.300 y 1.400 gramos.

Las cinco P de la creatividad

El proceso creativo así es muy variado y puede ser tan complejo como plantea Anna Abraham, neurocientífica cognitiva de la Universidad de Beckett de Leeds, describiendo la diferencia de lo que podría parecer similar, como escuchar música, ejecutarla, componerla o improvisarla, pero que, sin embargo, implica funciones cognitivas diferentes. Esta neurocientífica plantea que la función creativa podría resumirse con cinco “P”. La “persona” que lo realiza, la “presión” ambiental a la que responde y rodea, el “proceso” creativo en sí, el “producto” obtenido y, por último, la “perspectiva” neurocientífica que impacta sobre la base de sustentación.

Abrahan aborda la importancia de diferentes estructuras cerebrales en funciones claves para la creación. En el homo sapiens se habría generado un cerebro que asocia y genera analogías a partir de los millones de estímulos percibidos. Así desarrollamos la corteza prefrontal, que ocupa casi un tercio de todas las cortezas, base de la capacidad de síntesis y abstracción (prefrontal dorsolateral), asociación analógica (polo prefrontal) y procesamiento de metáforas (giro prefrontal lateral inferior). La capacidad de “metaforización” implica un punto de inteligencia muy desarrollada, entender los “es como que” y así presentar una mayor capacidad creativa.

La mayoría de los neurocientíficos no adhiere al sistema unimodal de inteligencia sino que plantea varios procesos constitutivos. Uno de ellos es la creatividad. Podría decirse que dos de los más importantes componentes del intelecto serían la inteligencia operativa (que generalmente se mide con el coeficiencia intelectual) y la mala creatividad. La inteligencia convencional es especialmente cortical y la creatividad es subcortical.

Inteligencia y creatividad van de la mano, pero no son lo mismo. Algunas cuestiones creativas, como la ciencia física, requieren de inteligencia previa, pero otro tipo de creatividad, como la musical, no requiere de mucha actividad cortical. Se diferencia entre pensamiento inteligente “convergente”, asociado a una solución única parecida al múltiple choice, y el “divergente”, con múltiples soluciones y asociado a los procesos creativos.

Cuestión no menor si se considera su conveniencia en el proceso educativo. Es claro que la inteligencia y la creatividad van de la mano. La capacidad creadora incorpora funcionalidad, arte y contacto social, impactando así de lleno en la cultura y en el desarrollo tecnológico del ser humano.