Jennifer Aniston, el cerebro y el recuerdo de los acontecimientos
El reconocimiento de las caras para establecer empatía y tomar conductas preventivas
"A menudo, son los acontecimientos los que deciden por nosotros. De ahí la necesidad de calcular, de anticipar"
Pierre Lemaitre
En 2020 se han descubierto neuronas que reconocen acontecimientos, células que se activan cuando se repite una situación en particular. Científicos del MIT, liderados por Susumu Tonegawa, las describieron en un trabajo publicado en Nature Neuroscience. En unos ratones estudiados se observaron células del hipocampo que se activan solamente cuando se da una primera vuelta en un laberinto, diferenciándolas con otras activadas solo en la última vuelta antes de presentarle un alimento.
Hace poco tiempo también se descubrió que existían en el cerebro neuronas especiales para cada cara. Así nace el concepto de neurona "Jennifer Aniston", una célula nerviosa que al estimularse hacia reconocer la cara de la actriz, descripto por el neurocientífico Rodrigo Quian Quiroga.
La sensorialidad facial cumple con un propósito organizador similar, que economiza y facilita la función cerebral de reconocer rostros. Por ejemplo, el reconocimiento de los ojos se encuentra cerca de la nariz y esta última de la boca en la corteza cerebral.
Estas zonas diferencian caras, pero existen otras para la ubicación en el espacio, generalmente alojadas en la corteza visual y el hipocampo, en donde se reconoce al observado. Se agrega a esta capacidad la posibilidad de reconocer eventos y su representación.
Dos científicos noruegos y uno de EE.UU. describieron la capacidad "GPS" del cerebro. Estos investigadores, quienes recibieron por el descubrimiento el Premio Nobel en 2014, observaron neuronas que nos ubican en el espacio, las cuales trabajan en red constituyendo un real sistema de posicionamiento global biológico.
Estas neuronas de orientación espacial se encuentran especialmente en el hipocampo y generan una malla reticular del espacio que permite orientarnos. Esto se repite en animales con cerebro mucho más básico, como las abejas o las aves, lo que le permite migrar o volver al panal.
Percepción y gnosiasExiste entonces un sistema que recibe los miles de estímulos que llegan al cerebro, que se conoce como sistema sensorial, el cual contiene funciones conscientes e inconscientes. Cuando estas aferencias se hacen conscientes se las llama percepción, para luego llegar al reconocimiento cognitivo en la información, lo cual se denomina una gnosia. Esta última es el reconocimiento autobiográfico de un sentido. Esas gnosias son representaciones que dejarán cada evento grabado en nuestro cerebro.
Es muy importante para las relaciones sociales el reconocimiento de las caras, tanto para establecer empatía como para tomar conductas preventivas. Por ejemplo, quién es la persona con la que nos relacionamos, como para intuir lo que pueda llegar a hacer.
El homo sapiens puede reconocer caras dentro de difíciles contextos y así aumentar la posibilidad intersubjetiva. Varios grupos de científicos ya describieron la importancia del formato de la cara para ser reconocida como tal. El esquema triangular, con dos ojos y una nariz cercanas, parece ser el estímulo más útil para que se active el sector cortical de reconocimiento. Este parece ser un proceso esencial para diferenciar caras conocidas de desconocidas y, probablemente, haya ayudado a la evolución con una conducta inconsciente preventiva.
Existen tres zonas corticales específicas para recordar acontecimientos completos: dos temporales (fusiforme y temporal superior) y una occipital (facial occipital), lo que permiten al humano reconocer caras conocidas y desconocidas. Esta función de reconocimiento de eventos es adaptativa, siendo muy compleja desde lo funcional y esencial desde lo evolutivo y gregario.
El reconocimiento de miles de situaciones que vamos memorizando a lo largo de la vida es una función muy compleja relacionada con el recuerdo facial a través de un desglose de las partes de las caras, realizado algorítmicamente por neuronas que memorizan y luego permiten presentificar.
El estudio de los acontecimientos recordados comparte varias premisas, pero especialmente la gran complejidad en el entendimiento del espacio y el tiempo. Hoy, como nunca, se está avanzado en la investigación de la relación entre espacio y tiempo.
Estas instancias de conciencia de espacio y tiempo se encuentran imbricadas también en el cerebro. Se combina el reconocimiento del espacio con la capacidad de detección y reconocimiento temporal. Se generaron estudios claves con este tema, en los que se observa cómo el sistema nervioso reconoce mínimas situaciones en segundos. Ya se sabía que las abejas o que las aves permiten reconocer el tiempo en forma muy veloz y evitar golpes.
En ese sentido, es muy interesante un estudio realizado por Daria Knoch, de la Universidad de Berna, en el que se observa que durante los ejercicios cognitivos realizados con amigos el cerebro mejora la velocidad cerebral. Es decir, la empatía, y probablemente el conocimiento del espacio y del otro mejore la performance cognitiva.
Percibimos miles de estímulos sensoriales durante cada día, que deben reconocerse como una funcionalidad que nos acerque a la realidad. Esta última será subjetiva, basada en acontecimientos reconocidos con cada impronta sensorial y cognitiva personal, pero dentro de un contexto medio que todos acepten estar vivenciando. Lo que Edmund Husserl, filósofo creador de la fenomenología, llamó presentificación podría tener su base en el recuerdo de acontecimientos.
Existen sistemas cerebrales organizadores de estos procesos que ordenan las miles de informaciones y le otorgan criterios de verdad, emocionales, de representación y los interrelaciona.

