El sistema nervioso tiene la capacidad de evaluar probabilidades en forma inconsciente y muy rápida. Esto se produce integrando variables sensoriales-cognitivas previas y también en el momento de un hecho. Así, se toman decisiones inmediatas, intermedias o tardías, conjugando lo instintivo con lo racional, algunas generadas en forma simple y otras muy complejas. La primera sería, por ejemplo, "está lloviendo, salgo con paraguas"; la segunda sería "existe una pandemia, tomo un conjunto de conductas complejas".

Algunas variables serán bastante certeras y otras no tanto. Nuestro cerebro las analiza e integra. Así tomamos conductas, integrando métodos innatos estadísticos de información cognitiva. Recolectando miles de posibilidades se llevan a cabo conclusiones que nos conducen a tomar decisiones.

Muchas veces tomar conductas es difícil, pero el cerebro usa un sistema estadístico. Utilizando el llamado sistema bayesiano (Teorema de Bayes) evalúa riesgos-beneficios y aprovecha lo aprendido; es decir, se ayuda de la subjetividad.

Thomas Bayes fue un matemático inglés que elaboró un teorema de probabilidad que incorpora criterios aprendidos. Evalúa entonces la mayor cantidad de información para predecir un resultado. Un especie de estadística subjetiva, que varios neurocientíficos platean cercana a la manera de trabajar el cerebro humano. Nuestro sistema intuitivo estadístico se conjuga con el sistema racional y permite decidir diferentes posibilidades.

Se sugiere que la capacidad matemática es innata y que posiblemente habría precedido al lenguaje verbal, dentro del proceso evolutivo. Cuando el homo sapiens necesitó contar sus pasos, sus presas, su espacio y su tiempo para desarrollar actividades, precisó simbolizar la matemática y transformarla en lenguaje. Esto se habría tornado necesario para intentar el entendimiento con el otro.

La función aritmética puede observarse en animales como chimpancés, ratas e incluso insectos que pueden diferenciar cantidades estimadas. Por ejemplo, pueden diferenciar una pila de frutas de otra o en pruebas de computadora diferenciar entre tres objetos de cuatro. Es decir, no pueden contar, pero pueden elegir el grupo más abundante. Esta capacidad de distinguir cantidades puede considerarse como un instinto básico.

Los procedimientos estadísticos primitivos tienen aproximados que no verbalizan cantidades (grupo más grande o más chico). Son especiales del hemisferio derecho y se hallan presentes ya en niños y primates. Los procedimientos exactos son algoritmos matemáticos que necesitan del hemisferio izquierdo para poder verbalizarse, pero que precisan a su vez del derecho para imaginar el cálculo. Pareciera que el proceso exacto es aprendido, dado que en la actualidad no existe en primates y tampoco en tribus humanas que solo cuentan hasta dos o diferencian estimaciones.

Se plantea antes la resolución de cada problema: para un matemático, una fórmula; para un guía, un camino; o para un médico, un diagnóstico. Esta integración Bayesiana permite darle mayor valor a las variables más certeras, para que su grado de influencia en el resultado sea mayor.

Dicho esto, puede que existan personas que sean más asertivas y otras menos. Muchas veces la toma de decisiones puede basarse en procesos lentos y explicados. Pero otras, se mezclan con funciones intuitivas, especialmente cuando son muchas las variables. Y siempre estarán más o menos impregnadas de nuestros sistemas de creencias.

A los mecanismos intuitivos "inconscientes" el premio Nobel Daniel Kahneman los llama mecanismos implícitos de la mente, en los que trabajan sectores inconscientes corticales de procedimiento junto con sectores emocionales (amígdala cerebral) y otros preventivos (temporal derecho e ínsula).  Además, se activan procesos de memoria y aprendizaje, generando una ruta automática del pensamiento. Kahneman llama a la otra ruta, la "racional consciente", "explícita", que corresponde a funciones racionales asociativas  (especialmente neocorticales), pero que conllevan una interacción y control de lo intuitivo. Es decir, son un conjunto de funciones las que hacen al talento asertivo.

La intuición es considerada en general como un proceso rápido. Sin embargo, puede aplicarse también a procesos más lentos, como el "ojo clínico" de un buen semiólogo médico o en una estrategia correcta.

Lo intuitivo es un proceso automático, muchas veces útil para sobrevivir, pero que no puede trabajar solo y sin el control racional; pues podría convertirse en muy peligroso, ya que no es prudente evaluar toma de decisiones complejas solo intuitivamente.

La intuición es una función clave a corto y largo plazo en la supervivencia del más apto, pero además en las actividades cotidianas genera nuevas posibilidades, que son funcionales al éxito del sujeto en su medio.

Nuestro pensamiento tendrá así dos sesgos importantes, como sostiene el investigador en "resolución de problemas", el psicólogo y filósofo Joachim Funke, de la Universidad de Heidelberg. El "sesgo de confirmación", con el que valoramos como más certero a lo que se adecua a nuestro pensamiento previo (sistema de creencias), y la "ley de pequeños números" cuando sacamos en forma apresurada e inductiva conclusiones generales, con muy pocos datos. Un defecto muy común, por cierto.

Las tomas de decisiones incorporan, entonces, procesos instintivos. Funke propone que estos mecanismos requieren de la razón, pero también de funciones instintivas básicas de supervivencia. Se ha observado que el razonamiento lógico es mucho más efectivo en decisiones cotidianas de mediana complejidad que en las de complejidad extrema. En estas últimas, sería más efectivo dejar mayor rienda a lo instintivo, según muchos estudios de investigación.

Sucede especialmente en decisiones complejas y multifactoriales. Muchas veces se analizan retrospectivamente, definiendo cuáles fueron las variables más influyentes sobre un resultado definido. Ayudan a predecir probabilísticamente las consecuencias en épocas de crisis, como la de esta pandemia, para definir así cuál medida tendría mayor posibilidad de éxito.

La ejercitación de estos procesos y la experiencia previa pueden generar aprendizaje y acumulación cultural sobre el talento de base, el cual se generará por procesos genéticos y ambientales (epigenéticos) que conduce a quienes somos y cómo decidimos.

Nunca podremos saldar el ciento por ciento de seguridad de una decisión. Tolerar la incertidumbre será otro de los aprendizajes cognitivos, que mejorará la asertividad. El razonamiento lógico es mucho más efectivo en elecciones cotidianas de mediana complejidad. El talento instintivo bayesiano de las personas formadas (lo que llamamos experiencia) será también necesario.

Dicho esto, no sería muy claro, usando el cerebro lógico, no usar barbijo en la población general "esencial y expuesta", pues se acepta que el barbijo debe ser usado por los enfermos para no contagiar. Sin embargo, se plantea que las personas asintomáticas podrían contagiar y que son el mayor porcentaje de enfermos (ochenta por ciento aproximadamente); más si se piensa que son muchos los casos que no están diagnosticados.

Se necesitarán los mejores cerebros lógicos, con un acertado componente bayesiano: inteligentes en lo racional, empáticos en lo emocional y autocríticos en las creencias arraigadas, para tomar las mejores decisiones en tiempos de crisis epidemiológicas impredecibles.

*Doctor en Medicina y en Filosofía. Director Ineaar. Prof. Titular UBA. Conicet