"La expresión más
auténtica de un pueblo está en sus danzas y su música.
Los cuerpos nunca mienten"

Agnes De Mille

La danza como proceso cultural, social y motor es una actividad mucho más importante, compleja e instintiva de lo que se suele pensar. De hecho, existen investigadores específicos sobre la neurociencia de la danza, que plantean a la misma como una función primitiva que puede observarse también en animales como los pájaros y delfines. Es decir, es un proceso instintivo no exclusivo de nuestra especie. Por otro lado, muchos investigadores describen al bailar como un fenómeno de comunicación intersubjetivo prelingüístico. Cumpliendo una función comunicacional y gregaria, ya desde el comienzo de nuestra especie.

El baile requiere, en general, de una música de base que a la vez contiene ritmo y armonía. En un principio, el Homo sapiens habría utilizado los ritmos como base del danzar; especialmente en contextos tribales. Se considera que los procesos rituales contienen una estructura fija del danzar. Posteriormente, a través de la acumulación cultural, el contexto social generó mayor espacio para la armonías y cambios métricos, con mayor complejidad en la creación

La danza tiene procesos instintivos y otros conscientes-racionales. Es decir requiere de actividades procedurales, pero también del aprendizaje y de cierta toma de decisión inmediata, base de su creatividad.

Dentro de ese contexto se considera al tango como una de los bailes más creativos, decretado patrimonio de la humanidad en el año 2008. Por lo que muchos de los estudios cognitivos del bailar, se realizan a través del tango. Además, el tango es utilizado en instancias de rehabilitación neurológica y/o motora.

El grupo dirigido por Steven Brown de a Universidad de McMaster estudio con tomografía por emisión de positrones a estos bailarines y pudo colegir cuestiones muy interesantes. Por ejemplo, cuando se danza, el ingreso de la información musical pasa directamente al tálamo ( cuerpo geniculado medial) y a áreas auditivas secundarias de la corteza temporal; comunicando esta información al sistema motor: vermis del cerebelo y a la médula espinal. Todo esto antes que llegue esta información a la conciencia.

Es decir que el sistema motor se entera en forma muy rápida e inconsciente del acto del baile. Las áreas auditivas reconocen lo musical y las áreas motoras de coordinación se activan en forma interconectada. En ese momento también se prende el sistema coordinador extrapiramidal, que regula la secuencia y la métrica del movimiento. Se activa conjuntamente además la corteza parietal interna (precuneo), que unifica nuestra sensación corporal con los miembros.

La danza no es sólo movimiento con una música de base: es una acción compleja que implica una conducta holística con una planificación motora, emocional, sensorial y cognitiva; es por eso una expresión multifuncional. En ella juega un rol clave la intersubjetividad con el partner y con el público en el caso de una exhibición.

Es especial la danza porque genera procesos de cambios de ritmo, de intersubjetividad y procesos de anticipación y error. Cuando ella es conjunta se utiliza cierta "predicción" para saber qué es lo que le pasa a los otros y para tomar las decisiones a medida que se van moviendo los cuerpos. A nivel fisiológico, en esta actividad participan neuronas en espejo que se activan cuando el otro hace la actividad, aun cuando la persona que observa no la esté haciendo en ese preciso momento.

Al movernos a través de la música utilizamos diferentes funciones: la motivación, la atención, el centro motor de planificación y ejecución motora y la sensopercepción (en particular la "propiocepción", que es la percepción consciente e inconsciente de dónde estamos ubicados nosotros mismos en el espacio). Así entonces, casi todas las funciones de nuestro cerebro y cerebelo están activas durante la realización de la danza. Gracias a eso nuestro cuerpo puede expresarse a través de la música y relacionar la sonoridad con la función y el arte del movimiento.

Por otro lado, también se genera una acumulación de memoria que nos permite recordar el movimiento realizado y así generar mensajes tanto en nuestra conciencia como en la memoria de aprendizaje motor inconsciente que, a su vez, nos habilita a aprender un determinado movimiento complejo y luego realizarlo. Es así que, una vez aprendido, es posible dar rienda suelta a la memoria emocional en un proceso creativo y asociarla a una música en especial para luego darnos cuenta de que mejoramos nuestra expresión y que le pudimos dar un contexto artístico.

Un proyecto de relevancia llamado "Neuro Tango" fue desarrollado por Suzanne Dikker de la Universidad de Nueva York (NYU) en el que considera al tango como una danza paradigmática para evaluar la funcionalidad del bailar. En este estudio se observa la integración subjetiva y sincronización electroencefalográfica compleja: las parejas que se conocían y tenían experiencia juntas funcionaban de forma mucho más sincronizada que las que bailaban sin conocimiento mutuo previo, aun sin música y aun cuando solamente les hacían imaginar que bailaban. Una de las explicaciones para esta unidad es que el tango posee un gran conectividad motora y emocional, haciendo que la pareja sea concebida como una unidad por el sistema nervioso.

Quizá sea el momento de seguir a los precursores de la danza aplicada como método para el desarrollo de las personas sanas y para ayudar a las que padezcan problemas de diferente índole, no solo neurológicas. Dada su complejidad, el tango es una de las herramientas más elegidas para estos procesos. Así como existe la formación universitaria en musicoterapia, debería pensarse en la de danzaterapia como una importante alternativa para el trabajo del cuerpo y el cerebro.

Otros estudios han demostrado una mejoría de los pacientes con enfermedad de Parkinson con el tango. Este baile tiene una premisa de mucha creatividad, además de la rutina convencional de cualquier danza; activando aún más al Cerebro, especialmente en pacientes con cognición moderadamente conservada.

La danzaterapia en general es conveniente, pues en enfermedades que afectan el sistema nervioso, dispara en forma inconsciente mecanismos de estimulación cognitivas motora y emocionales aún conservadas. La danza es entonces un proceso que pareciera innato y culturalmente prelingüístico en el Homo Sapiens, que adquiere ribetes cognitivos más específicos, a través de la cultura y el hecho social.

*Psiquiatra y Neurólogo. Profesor Titular. UBA. Fundación Humanas. INEAAR-CONICET