Tradicionalmente, el bodegón es considerado por algunos, como un sitio "más barato" que un restaurant. Pero no es la única ni la principal cualidad que lo distingue. ¿Que entendemos cuando hablamos de bodegón? Para Roman Battiato, integrante del grupo Antigourmet, es un local con oferta de platos tradicionales de la cocina porteña que llevan la influencia de la inmigración. Deben tener platos abundantes, caseros, y de buena calidad. “La gastronomía local es abierta y los bodegones tienen mente descontracturada desde siempre”, define.

Un bife de chorizo, milanesas, tortilla de papa, bondiola, matambre, pastas, budín de pan, flan y queso con dulce, son los platos clásicos de un bodegón. “La gente se vuelca a lo tradicional y cuando sale a comer quiere encontrarse con los sabores de siempre y con una cocina de precios honestos. Quieren irse satisfechos de los restaurantes”, agrega.

El espíritu de un bodegón, es la memoria de sabores

Precios honestos es un concepto que contrapone a la idea de “barato”. Sucede que, por la variedad de la cocina, se pueden encontrar platos más complejos y de mayor precio como en pastas con mariscos o paella bien preparada. Pero también milanesas, lo cual no significa que sean sí o sí económicas. “Por ahí una milanesa no tendría que ser tan cara, hay bodegones en donde una milanesa para dos vale $200, en otros $250 o $300”, dicen los Antigourmet. Parece poco pero la diferencia de precio suma.

Una recorrida por los bodegones de San Telmo es una muestra de lo puede encontrarse en la ciudad. En el restaurant Manolo, Luis Dimotta, maestro cervecero de Quilmes, compartió sus conocimientos en el rubro e invitó a los presentes, en una jornada de degustaciones, a probar los platos clásicos de cada lugar, luego de rabas y provoleta acompañandos por una cerveza bien helada. En El hipopótamo, un bodegón rústico de mesas largas de madera, se puede comer ñoquis y sorrentinos con salsa y rúcula, acompañados de una cerveza negra y rubia. Y está también, claro, un clásico como "La Popular".

Con la misma línea atractiva que mantiene cada sitio de uno de los barrios más tradicionales de Buenos Aires, se caracteriza por ser amplio, repleto de mesas, colores vivos y fuertes. En uno de sus techos, la simulación de una cancha y sus posiciones. En sus paredes, un metegol, copas y bicicletas. Y una comida tan clásica como la pasión.

Si de algo no hay dudas, es que la comida es tradición y reunión. El espíritu de un bodegón, es la memoria de sabores. Transporta a la comida de la abuela, de mamá y del barrio. Da identidad. Trae recuerdos.