"La justicia requiere poder, inteligencia y voluntad, y se asemeja al águila"
Leonardo Da Vinci

El estudio de la neurociencia atraviesa a la Justicia y el derecho en muchas instancias, desde el conocimiento de las capacidades civil y penal de las personas, como la posibilidad cognitiva de tomar decisiones a corto y largo plazo, hasta cuestiones primitivas como los sistemas de búsqueda de justicia estudiados en los animales.

La necesidad de reglas se observa en situaciones gregarias de manadas de muchos mamíferos superiores. Las situaciones de castigo y expulsión de las mismas que se presentan, conductas altruistas o egoístas, necesitan de sentimientos de justicia.

La necesidad de la comunicación en las manadas profundizan la intersubjetividad social de lo justo, como expresión de las ideas. La ideación semántica se transmitirá en forma escrita u oral para el desarrollo de los discursos, las defensas, acusaciones, observaciones o testimonios, lo que lleva implícito la cognición de lógica cognitiva y la necesidad de actividades complejas como abstracción y metaforización.

Por último, la aplicación de los sistemas de creencias que se observan en toda aplicación de la ley; desde cuestiones culturales implicadas en constitución, códigos y leyes hasta hasta los procesos de creencias (religiosos, políticos, culturales, etc..), estarán implícitos tanto en jueces, abogados, testigos, jurados y demás integrantes de los procesos judiciales. Se aplicarán además cuestiones éticas y morales que estarán construidas en los paradigmas de los individuos y el conjunto de los mismos que es la sociedad con su idiosincrasia.

La ética es una rama de la filosofía que estudia la conducta humana a partir del ordenamiento moral de los seres humanos. Ya a partir de los primeros pensadores encontramos textos dedicados a la ética, desde Platón, pasando por Aristóteles hasta llegar a Kant. Actualmente se desarrolla también su estudio desde el punto de vista de la conciencia humana, siendo una rama de la filosofía moral que no puede dejar de lado el conocimiento científico sobre el cerebro y su función con respecto a las conductas morales. Esta rama se llama ética experimental. La pregunta fundamental es si existe en nuestros programas instintivos principios universales que, como Kant plantea, estén fundados en la razón y estipulan una forma correcta de actuar para todos los humanos. Ha surgido entonces todo un grupo de modalidades de la neurociencia que investiga tanto las implicancias neurológicas de la conducta moral como las características innatas genéticas, las aprendidas y las influidas externamente.

También se estudia esto en situaciones más primitivas. Pr ejemplo, en un experimento en el laboratorio de Yerkes de la Universidad de Emory. Monos capuchinos mostraron su capacidad de rebeldía cuando fueron sometidos a pruebas de igualdad, en las que el monitor entregaba y reclamaba un objeto a los primates a cambio de una recompensa: un pedazo de pepino, que es un alimento muy aceptado por ellos. Los primates rechazaban un pepino cuando observan que otros monos recibían un premio más valioso (uvas) por el mismo trabajo o por un menor esfuerzo. Comparaban sus obsequios y rechazaban los menos importantes si sus compañeros habían recibido uno más valioso. Esto generaba un contexto de descubrimiento básico de la desigualdad e injusticia.

Uno de los temas principales que ocupa a los estudiosos del neuroderecho es el libre albedrío en la toma de decisiones, pues se describen mecanismos que existirían en los estratos nerviosos preparatorios que intervienen en lo que sentimos o movernos; aún antes de darnos cuenta. Aunque luego queda tiempo consciente, que permite mantener la autodeterminación. Situación clave para sustentar el libre albedrío, para así poder elegir entre opciones y tener autonomía para decidir.

Los sistemas de creencias que producen la expectativa de confianza, impactan sobre la función emocional, racional y corporal de las personas. Se generan sobre alguna idea, es decir, creer en algo o por lo contrario, la idea negativa. Por ejemplo, no creer que un medicamento será efectivo. Este sistema puede generarse sobre algo visible o también sobre cuestiones no observables. Funcionan especialmente a través de la amígdala, que abre la emoción inconsciente y del lóbulo prefrontal, que permite concientizar las creencias.

Existen conductas fundamentalistas o religiosas arriesgadas que pueden confundir gravemente a la comunidad, muchos más con personas que hablen desde la cierto lugar social, contaminando con posturas dogmáticas cuestiones aceptadas socialmente. La empatía puede tener dos caras de la moneda en cuanto la conducta social: parangonar forzosamente la empatía con el altruismo es un error. La empatía puede, a veces, ser un proceso negativo. Esta puede generar proceso de prejuzgamiento como fue demostrado en un conocido caso de erróneas condenas en EEUU, donde los jurados de buena fe condenaron a personas inocentes por diferentes mecanismos que van desde creencias, cuestiones raciales, fisonómicas, religiosas, etc.

Hace ya unos años, una tapa de The New York Magazine anticipó al neuroderecho (neurolaw) como uno de los factores centrales a la hora de abordar la justicia. No se ha equivocado: día tras día aparecen nuevos estudios que lo demuestran.

*Neurólogo cognitivo. Doctor en Filosofía.
 Prof. tit. UBA-Conicet