El aislamiento social, preventivo y obligatorio por la pandemia del coronavirus (Covid-19), permitió que algunos animales silvestres tuvieran la libertad, incluso, de recolonizar espacios urbanos. Expertos explican que este cambio positivo demuestra la capacidad de recuperación de la naturaleza, pero advierten que estos hechos implican una mayor responsabilidad de los humanos y su utilidad quedará demostrada con el retorno a las actividades.

No hay presencia humana y no se sienten amenazados”, explica a BAE Negocios Hernán Casañas, director ejecutivo de Aves Argentinas. “La naturaleza se recupera cuando no está la mano de hombre, recoloniza”, agrega. Sin embargo, la retracción de las personas y la aparición de animales en espacios donde antes no eran vistos no implica “de ninguna manera” un cambio en la densidad poblacional de las especies, ni la recuperación de especies en extinción.

Manuel Jaramillo, Director General de Fundación Vida Silvestre Argentina, explica que los tiempos de gestación de los animales son en general mucho mayores a los meses que lleva el aislamiento. “No es que haya un aumento significativo en cantidad de individuos, sino lo que hay es una mayor oferta de ambientes menos urbanizados”, ejemplifica. Además, añade: “estamos encerrados y atentos, por lo que vemos más lo que pasa. Por eso vemos animales que probablemente ya estaban, pero no veíamos en el día a día”.

Tanto Casañas como Jaramillo coinciden en que la sociedad se volvió más contemplativa de la vida silvestre gracias al aislamiento. “Si se deja de perseguir a los animales, estos se adentran y toman confianza con el hombre”, expresa Casañas, a lo que Jaramillo agrega que la proximidad de animales con humanos “es un factor importante que tiene que ver con nuestro bienestar anímico” y, por lo tanto, “se mejora la calidad de vida”.

En Buenos Aires, se detectó la presencia de un coipo (roedor) en La Boca, un hocó colorado (pájaro) en San Isidro o una serpiente cerca del Obelisco. Todos estos casos son fruto de una mayor confianza de las especies para incursionar en ambientes urbanos, aunque los expertos recuerdan que los casos son aislados y se dan siempre cerca de reservas o ambientes naturales.

Según datos de Wildlife Conservation Society, el confinamiento humano, debido a la pandemia, ha generado disminuciones de CO2 transitorias. Las aves y los polinizadores son los más beneficiados, con una disminución del ruido de entre 65% y 75% en el día, y hasta un 95% en la noche.

El peligro del avance de la fauna

Pese a los beneficios que el aislamiento trajo para la vida silvestre, Jaramillo alerta sobre los peligros que tienen estos cambios si no se los trata de manera adecuada. “Muchos mamíferos y aves pequeñas que han entrado en el ámbito de las ciudades puedan quedar encerradas allí si la vuelta a la normalidad es muy abrupta”, explica. Otra tendencia perjudicial es el mascotismo, ya que “es malo para la fauna y para las personas: son especies silvestres que son peligrosas, tanto por ataques físicos como por una posible transmisión de enfermedades o patógenos”.

El riesgo de transmisión de enfermedades también lo advierte Carina Righi, directora de Wildlife Conservation Society (WCS) en Argentina. “Son portadores naturales de microorganismos que pueden ser patógenos, pues causan enfermedades en la especie que los porta y también pueden ser transmitidos a otras especies animales, como la nuestra”, declara.

Por eso, el surgimiento de esta pandemia se puede a explicar por una mala relación del ser humano con la fauna silvestre. El mercado de Wuhan, donde se sospecha que surgió el coronavirus, trafica animales silvestres, atrapados y extraídos de sus hábitats naturales. “Se contagian enfermedades entre sí, y a las personas que tienen contacto con ellos”, aclara Righi.  “Detener el tráfico de fauna silvestre y los comercios de venta de animales y derivados no es una cuestión de moralidad, sino de supervivencia de nuestra especie a nivel mundial”, alerta.

La vuelta a la normalidad

La pandemia le dio un respiro a la fauna. Este respiro depende de nosotros, de cómo volvamos luego del aislamiento”, reflexiona Jaramillo. Agustín Paviolo, investigador adjunto del Conicet en el Instituto de Biología Subtropical de Misiones, agrega: “Esto sirve para que reflexionemos como sociedad sobre el impacto que tienen los humanos sobre otras especies”.

Una vez terminada la cuarentena, estos cambios positivos ocurridos en el ambiente pueden desaparecer si la sociedad no adopta nuevos métodos de consumo. “La economía es cortoplacista, y es más redituable una extracción y no buenas prácticas”, lamenta Righi. Este 26 de junio, Argentina registró el Día del Exceso de la Tierra. Es decir, el país consumió todos los recursos naturales que la porción del planeta que tiene le ofrecía para todo un año. La fecha ofrece una esperanza: se mantuvo igual que en 2019, cuando la tendencia de este siglo era de un permanente retroceso.

La actividad del transporte y contaminación industrial frenaron, y si eso sigue puede ayudar a que los animales tengan un mayor éxito reproductivo”, pronostica Jaramillo. “Es posible lograr un planeta mejor”, se esperanza Righi, que piensa que lo más importante es “tomar conciencia”. Sin embargo, Paviolo advierte que, si se vuelve a una normalidad, “el cambio va a volver atrás”. “No hay que alegrarse demasiado”, agrega.

Todos los expertos coinciden en que es necesario un cambio de paradigma, donde el ser humano repiense cómo trata a la naturaleza y a las demás especies. Paviolo asevera que en Europa la recuperación económica será con un desarrollo sostenible. En Argentina, no hay señales de que eso pase. Pero Jaramillo argumenta: “Puede ser utópico, pero más utópico es pensar que seguir de la manera en la que estamos nos va a llevar a buen puerto”.