El ser humano, especie caminante
El consumo de carne y el sedentarismo inciden en el aumento del tamaño del cerebro y en el funcionamiento de nuestro cuerpo
"Bello y gozoso era el caminar por este mundo, de manera tan infantil, tan despierta, tan abierta a lo cercano, tan confiada. "
"Siddhartha" (1922),
Hermann Hesse
Existe un momento clave de nuestra evolución, hace aproximadamente siete millones de años en el que nos separamos de nuestros parientes más cercanos, los simios actuales (chimpancés bonobos, orangutanes y gorilas). En ese momento se habrían producido grandes modificaciones, no sólo cognitivas y corporales sino metabólicas.
El homo sapiens adquirió entonces nuevos requerimientos fisiológicos. Uno de ellos es la necesidad de movilizarse, dada su nueva característica de cazador-recolector.
Esta necesidad de desplazamiento se asoció al crecimiento cerebral, acompañado de sistemas de cooperación y de una dieta omnívora. Comer carne requiere de mayor esfuerzo, traslado y cooperación.
Se generaron diferentes modificaciones evolutivas, se produjo la bipedestación, que permitió grandes desplazamientos, consecuencia de cambios cerebrales y corporales, con cambios del tono muscular, de la planificación motora y diferencias estructurales entre miembros superiores e inferiores, como el achicamiento del hueso isquion pélvico, el alargamiento de piernas y brazos y la pérdida de dedo garra para subir a los árboles.
Esta modificación sucedió lentamente con especies intermedias, como el recientemente descripto Ardipithecus (encontrado en Etiopía), el primer bípedo que data de 4,4 millones de años y el Australopithecus (Lucy) de hace aproximadamente tres millones. Estos predecesores caminaban pero todavía podían subir a los árboles, para protegerse o buscar hojas y frutos.
Hace aproximadamente 2 millones de años la evolución nos llevó a un espécimen predecesor todavía con mayor bipedestación con piernas desplazamiento, pérdida de pelo y aumento de sudoríparas asociados. Todo lo anterior asociado a conductas gregarias para encontrarnos acompañados en grandes desplazamientos y migraciones. Evolucionamos así al género Homo, con grandes caminatas, generalmente de más de 10.000 pasos por día aproximadamente. Con esta conducta-actividad se pudo conseguir alimento, cubrir grandes territorios y cansar a las presas; así sobrevivió el más apto. Si actualmente no caminamos, empeora nuestro metabolismo, y además probablemente engordemos.
El proceso de caza es mucho más relevante en la evolución del humano y su cerebro de lo que en general se considera. Pues hubo un momento en la evolución de nuestros antecesores, los homínidos, que pasamos de ser vegetarianos a también carnívoros. Es decir nos convertimos en omnívoros, habiendo aparecido esta característica hace por lo menos 1.600.000 años en un antecesor nuestro: el Homo Erectus. Aparecieron así los primeros cazadores-recolectores siendo el hombre cazador y la mujer recolectora (especialmente de tubérculos).
Nuestros primos hermanos los chimpancés y bonobos, divididos de nuestro linaje en el mioceno, hace siete millones de años quedaron ociosos y estancados. No necesitaron cambiar esos hábitos, pasan todavía el día holgazaneando como han descrito el antropólogo Herman Pontzer.
Pero sin embargo no sufren obesidad, ni siquiera en los zoológicos donde obviamente no deambulan como en la selva. Necesitan evolutivamente mucho menos movimiento para mantenerse sanos. Además no sufren otras enfermedades metabólicas, como diabetes, enfermedades coronarias y cerebrovasculares, todas dependientes de un gran impacto metabólico.
El humano, por el contrario, requiere de caminatas mucho mayores, en general de más de 10.000 pasos, que le organizan su salud. Que se generaron necesarias, en cuanto cazador-recolector, pero que quedaron genéticamente implantadas en la evolución. Realizar estas caminatas mejorará en el humano el colesterol sanguíneo, la presión arterial, la glucemia y la masa corporal, entre otros parámetros.
Los antropólogos y neurobiológicos piensan que el incorporar carne en la dieta con mayor eficiencia energética contribuyó a agrandar al cerebro humano. El proceso de cazar se relaciona muy fuertemente con este aumento de cerebro.
Así, el antropólogo Herman Pontzer del Colegio Hunter de New York plantea que los organismos evolucionan dependiendo del consumo de energía. Lo cual puede ser algo reduccionista, pero como seres energéticos, dependemos en todo momento del equilibrio de la eficiencia calórica.
Este científico, junto con otros colaboradores, publicó en la prestigiosa revista Nature en 2016, un estudio revolucionario realizado con la tribu de los hazda en Tanzania, unas de las pocas que todavía mantienen las costumbres cazadoras- recolectoras y que caminan grandes distancias en la búsqueda de la presa al igual que nuestros antepasados. Observó que los hazda masculinos gastan 2.300 calorías por día y los femeninos 1.900, igual que poblaciones sedentarias. Además consumen mucha más energía que nuestros primos hermanos - chimpancé o gorila- que tienen un cerebro mucho más pequeño.
Se piensa que el incremento de consumo calórico se debe especialmente a lo que debe dedicarle el gasto total corporal al cerebro (un cuarto del consumo total). La hipótesis más acertada parece ser que el consumo de carne tuvo mucho que ver con el aumento del cerebro a partir de la mayor eficiencia energética que genera el consumo de carne. Mucho más si es cocida dado que requiere menos gasto calórico para digerirse.
Además este investigador describe algo muy novedoso y desconcertante: que consume la misma cantidad de energía un humano sedentario que uno en actividad. Así, esta tribu de cazadores y recolectores tenía igual consumo de energía diaria que un habitante sedentario de una urbe.
Se ha observado que la actividad muscular segrega sustancias tróficas corporales, que mejoran el metabolismo general. Además durante el ejercicio aeróbico aumenta la producción de factores neurotróficos que mejoran la función y la neuroplasticidad encefálica, entre ellas el tamaño y la plasticidad del hipocampo cerebral, retrasando el comienzo o disminuyendo la evolutividad de la Enfermedad de Alzheimer.
Solo quedarse parado en vez de sentarse hará nuestro cuerpo mucho más sano. Es conocido un viejo estudio inglés que muestra que los guardas del tranvía tenían menos ACV (ataques cerebrovasculares) que los sentados.
A pesar de que genéticamente nos parecemos más del 97 por ciento a nuestros primos bonobos y chimpancés somos, sin embargo, muy diferentes metabólicamente. Debemos caminar mucho más que nuestros ancestros para mantenernos en forma saludable. Aunque no sea la solución mágica del peso, pues es central la dieta, pero sí es clave para nuestra salud.
Al ser cazador-recolector el ser humano debió convertirse en gregario, agrandar su cerebro, generar premisas cooperativas y morales que lo transformaron en homo sapiens. Se ha observado en recientes hallazgos arqueológicos que los primeros sapiens son muchos más antiguos de lo que se pensaba. Restos de Homo Sapiens mucho más antiguos se han descubierto hace poco tiempo. Datan mucho antes de lo que se suponía, de hace 300.000, encontrados en el yacimiento de Yebel Igud de Marruecos, cien mil años antes de lo que se pensaba.
Existen además estudios de restos arqueológicos que datan de hace 320.000 años hallados en un Yacimiento en Kenia que describen ,ya en ese momento, gran capacidad simbólica y comercial para por ejemplo, generar intercambios comerciales primitivos.
Ambos hallazgos estiran para atrás nuestra aparición. Demuestran el comienzo de la capacidad gregaria y simbólica, además de la de caza, la recolección y la gran deambulación. Nos muestran entonces, mucho más activos que nuestros primos actuales los "simios holgazanes".
*Neurocientífico. Doctor en medicina y doctor en filosofía.

