Ante la falta de recursos económicos para poder acceder a productos de gestión menstrual, muchas mujeres o han buscado alternativas como el papel higiénico o bien, han usado de manera incorrecta y por más tiempo toallitas o tampones. ¿Pero qué consecuencias podrían padecer en la salud las personas menstruantes en estos casos?

 

“El tampón o la toalla femenina con uso prolongado puede producir infecciones ginecológicas e infecciones urinarias. Porque hay sangre por más de 12 horas que empieza a ser un caldo de cultivo para el crecimiento de gérmenes”, explicó Donato Spaccavento ((MN 60061), médico sanitarista, ginecólogo y obstetra. 

 

Según el médico ginecólogo, la sangre, que son células vivas se van muriendo. “Y es de lo que se alimentan las bacterias, los hongos o cualquier microorganismo. Por eso aumenta la frecuencia de infecciones, desarrolló el médico en diálogo con BAE Negocios.

 

Para el médico, las toallitas femeninas y los tampones aumentan las infecciones urinarias y la aparición de flujo debido a los componentes que tienen como perfume o aromatizante. “Por eso la copa menstrual es una alternativa en varios puntos”, recomendó. 

 

 

 

“Muchas mujeres no acceden a los dispositivos de gestión menstrual habituales por el precio. Por eso la ley que se está promoviendo es para que el Estado se haga cargo del costo que significa la menstruación, una vez por mes, para todas las mujeres. Así como se les da preservativos gratuitos a los hombres en los centros de salud, también se le podría dar a las mujeres productos para su menstruación”, concluyó el médico ginecólogo.

 

 

De una gestión menstrual descartable a una sustentable

 

Si bien es una versión mejorada en su material, ya que las primeras eran de caucho, el invento de la copa menstrual es de 1937. Entre 2015 y 2020 explotó en el mercado. Florencia Carbajal es presidenta de Meluna S.A, la única empresa de las cuatro que comercializan la copa menstrual de forma masiva en el país, gestionada por mujeres.

 

La Pyme, que trabaja con organizaciones sociales, fundaciones y colectivos de mujeres, arrancó con la importación desde Alemania de este producto de “vanguardia” cuando todavía no existía en el país.

 

Recién en 2019 la copa menstrual ingresa al mercado farmacéutico en la Argentina. “La particularidad que tiene la copa menstrual o las toallas de tela, que también son una forma de gestionar de forma sustentable el sangrado, es que son reciclables, reutilizables y tienen una vida mucho más larga. Por eso se habla del pasaje de una gestión menstrual descartable a una sustentable”, explicó Carbajal a este medio.

 

Según Carbajal, la copa menstrual en Argentina no está catalogada como un producto médico, a diferencia de otros países de Latinoamérica. “Pero con todas las políticas públicas del 2020 se convirtió en un producto esencial porque es un producto vinculado a la industria médica”, dijo

 

Las copas, que pueden ser de termoplástico erastómero (TPE) o de silicona médica, y hasta veganas, se convirtieron en una alternativa ante las toallitas femeninas y los tampones descartables por sus años de durabilidad.  ¿Pero podrían acompañar a la justicia menstrual?

 

“Hay una pluralidad de variables que afectan sobre la justicia o la equidad de género en términos generales pero la justicia menstrual es uno de los temas de mayor impacto a nivel económico. Un montón de países hoy están  legislando la accesibilidad a los productos menstruales.”, aseguró Carbajal.

 

 

 “Creo que sí es necesario pero no por garantizar la accesibilidad sino por poder garantizar la educación sexual y la salud que está vinculada al producto. Entregar copas o entregar toallitas no va a solucionar nada, lo que sí puede ayudar a la justicia es la participación de las mujeres en este tipo de tareas vinculadas a la menstruación”, expresó.

 

Para la presidenta de Meluna, habría una “especie de impacto económico positivo en lo social” si se desarrollaran “microempendimientos, emprendimientos solidarios, comunidades”, donde las mujeres pudieran confeccionar sus propias toallitas.  “Donde haya un fortalecimiento no sólo de las organizaciones sino también de los grupos familiares. En ese caso sí creo que podría haber algún tipo de impacto positivo”, reflexionó.

 

“Por el tipo de cultura en la que estamos, y el tabú y el estigma que tiene la menstruación, es complejo de abordar. En la Ley de Educación Sexual Integral los contenidos en torno a la menstruación todavía siguen siendo muy chiquitos. Históricamente no hubieron políticas públicas que enfrentaron esta situación,  entonces fue siempre el mercado el que cubrió esa educación que faltaba de parte del Estado”, concluyó Carbajal.

 

La desigualdad en la gestión menstrual no es un tema de ahora, es de siempre. Pero los tiempos van cambiando y lo que antes era tabú ya no lo es. La visibilización de la problemática como un factor que influye tanto en lo económico como en lo social, sumado al acompañamiento de los movimientos feministas, cambió la historia en algunos países del mundo. La justicia menstrual podría también hacer un cambio en la Argentina.

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