Los barbijos quirúrgicos cuya utilización se incrementó de manera exponencial durante la pandemia de coronavirus que comenzó hace más de un año, comenzaron a convertirse en un verdadero peligro para los animales ya que la mayoría terminan en playas y ríos y tardan cientos de años en descomponerse.

Según la organización protectora del medio ambiente OceansAsia, el año pasado más de 1.500 millones de barbijos terminaron en los océanos, es decir 6.200 toneladas de desechos plásticos adicionales.

"Las mascarillas no desaparecerán pronto, y cuando las tiramos, pueden amenazar el medio ambiente y los animales que comparten nuestro planeta", aseguró Ashley Fruno, de la asociación de defensa de los animales PETA en Asia, según la agencia de noticias AFP.

En Inglaterra, la organización de protección de los pájaros Rspca, alertada por un transeúnte, rescató a una gaviota cuyas patas quedaron enredadas en una mascarilla durante casi una semana en Chemsford.

"Las correas elásticas se habían apretado alrededor de sus patas y sus articulaciones estaban hinchadas y doloridas", afirmó el inspector del Rspca Adam Jones y remarcó que el animal llevaba así "varios días".

Según distintos grupos de activistas, se cree que los más perjudicados por los desechos médicos cuya producción y uso aumentaron por la pandemia podrían ser los animales marinos.

En Brasil, una asociación de protección del medio ambiente encontró restos de barbijos en el estómago de un pingüino cuyo cuerpo fue arrastrado a una playa, también se encontró un pez globo atrapado en una mascarilla en las costas de Miami.

La asociación francesa Operación Mar Limpio encontró un cangrejo muerto, atrapado en una mascarilla en la laguna de Berre, cerca de Marsella, en septiembre.

Los barbijos y los guantes de látex "son muy problemáticos" para las criaturas marinas, subraya George Leonard, director científico de la organización estadounidense Ocean Conservancy.

"Cuando estos plásticos se descomponen en la naturaleza, se convierten en partículas cada vez más pequeñas", explicó el especialista y remarcó que estas partículas pueden entrar en la cadena alimentaria y tener un impacto en los ecosistemas.

En mayo ya se había advertido acerca de los desechos que se habían depositados en e Mar Mediterráneo. El grupo ambientalista francés Opération Mer Propre (Operación Mar Limpio) realizó su "Operación COVID-19" en el y estuvo horas observando en las profundidades de esas aguas y hallaron por lo menos 4 guantes de látex, 5 tapabocas y otros residuos como 62 botellas de plástico y latas de cerveza.

"Nos quedamos bastante sorprendidos para mal cuando comenzamos a ver guantes que estaban enterrados en la arena. Una mascarilla parecía como una medusa, al principio no sabíamos exactamente qué era", contó Joffrey Peltier, fundador del grupo ambientalista.

En Roma hubo también preocupación por los residuos. En los primeros meses de emergencia sanitaria del coronavirus los operadores ecologistas denunciaron la existencia de guantes y mascarillas usadas, arrojadas al suelo. Por ese motivo, el Ayuntamiento de la capital de Italia aprobó una ordenanza que establece multas de entre 25 y 500 euros (USD 549) a quienes arrojen en la vía pública las mascarillas o los guantes usados.