Buscan regular la industria satelital para evitar más basura espacial
Se estima que ya existen cerca de 11 mil toneladas de deshechos orbitando la Tierra. El problema crece con el aumento de misiones públicas y privadas
La Organización de Naciones Unidas para Asuntos Espaciales (Unoosa) presentó una serie de directrices para la reducción de desechos durante el diseño, lanzamiento, operación y disposición final de satélites y naves espaciales para evitar que siga aumentando la basura en el espacio, que se estima que ya está cerca de 11 mil toneladas orbitando la Tierra.
La huella ambiental de la humanidad no se restringe a los límites del planeta Tierra sino que se ha trasladado al espacio. Desde 1957, cuando el satélite ruso Sputnik dio inicio a la carrera espacial, más de 15.700 satélites fueron lanzados y actualmente la mitad está en desuso. Según datos de la Agencia Espacial Europea (ESA), hay unas 10.900 toneladas de chatarra orbitando en el espacio.
El problema tiende a incrementarse mientras las misiones satelitales crecen exponencialmente, impulsadas no sólo por las agencias espaciales gubernamentales sino por empresas privadas, como Starlink, del magnate Elon Musk, que ya puso en órbita más de 3.000 satélites y planea lanzar 12.000 para ofrecer servicios de internet en todo el mundo. Según el último reporte de la ESA, el año pasado se lanzaron más satélites que en los 65 años de historia previos.
En la película "Gravity", Sandra Bullock y George Clooney son dos astronautas "varados" en órbita tras chocar con un trozo de basura espacial., ¿Podría darse en la vida real?
La respuesta es afirmativa. "Cada vez más objetos quedan orbitando la Tierra y esto constituye un riesgo de colisión con otros satélites y misiones tripuladas, lo que obliga a las misiones espaciales actualmente operativas a hacer maniobras para esquivarlos", apunta el astrónomo Marcelo Colazo, gerente de Vinculación Tecnológica de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae).
El peligro no está solo en los satélites apagados y en otros objetos "grandes" que pueden ser monitoreados, sino también en las partículas pequeñas, de menos de 10 centímetros. "Los objetos en la órbita baja terrestre (400 a 1000 kilómetros de altura) viajan a 28.000 kilómetros por hora aproximadamente, lo cual hace que una colisión de objetos, por pequeños que sean, resulte catastrófica para naves tripuladas", explica, por su parte, el astrónomo Diego Bagú, director del Observatorio Astronómico y Planetario de la Universidad Nacional de La Plata.
Pero la chatarra espacial no sólo es peligrosa por su potencial de colisionar, sino por la contaminación lumínica que provoca al reflejar la luz de los astros.
La problemática de la "basura espacial" es tal que la Organización de Naciones Unidas para Asuntos Espaciales (Unoosa) presentó una serie de directrices para la reducción de desechos durante el diseño, lanzamiento, operación y disposición final de satélites y naves espaciales.
"Entre otras, indican que hay que guardar combustible para bajarlos cuando termine su vida útil. Una vez que los vehículos espaciales reingresan a la atmósfera (...) los objetos se parten en pedazos y se desintegran por el calor", explica Colazo y aclara que Argentina forma parte de Unoosa y la Conae cumple con estas normativas cuando realiza misiones espaciales junto a otras agencias internacionales. "Nuestros satélites están diseñados para que reingresen a la atmósfera en un plazo no mayor a los 25 años", afirma.
Las directrices también prohíben la destrucción intencional de los vehículos de lanzamiento y naves espaciales, ya que esto genera el desprendimiento de piezas y partículas. Algunas agencias espaciales trabajan activamente en misiones de "limpieza" como ClearSpace, a cargo de la Agencia Europea (ESA). El objetivo es lanzar una nave en 2026 que capture la chatarra a partir de redes magnéticas y luego, a partir del encendido de un motor para disminuir la velocidad orbital, el vehículo y su carga se incineren en la atmósfera.
"Las alternativas de mitigación de la basura espacial se vienen discutiendo hace varios años y las soluciones tecnológicas ya están disponibles. El problema es que implican un costo que las agencias espaciales o compañías privadas evitan afrontar. Sin embargo, el no pagar ese costo ahora implica una amenaza para el futuro de la actividad espacial", concluye Bagú.

