Del Indio Solari a Carlos Gardel: cuáles fueron los velorios más multitudinarios en la historia argentina
El Indio Solari fue velado públicamente durante 18 horas en Avellaneda. Es un caso que recuerda despedidas multitudinarias a personajes políticos y culturales de la historia argentina
El velorio del Indio Solari es una de esas despedidas que van a ser recordadas en la historia argentina. No solo por la influencia artística de Carlos Alberto Solari, sino también por el lazo que construyó con un público que nunca lo abandonó, ni siquiera en su último adiós. Se estima que fueron a verlo más de un millón de personas.
La magnitud de la despedida del cantante tiene pocos precedentes en la cultura argentina y solo se asemeja a figuras que calaron hondo en el sentir de un pueblo que no dudó en ir a despedirlos por última vez.
Los más impactantes en términos de convocatoria fueron los de Juan Domingo Perón y Evita, respectivamente. Ambos reunieron entre dos y tres millones de personas.
Evita murió a los 33 años el 26 de julio de 1952, después de transitar un cáncer de útero. El Gobierno de su marido dispuso 30 días de luto y un velorio que duró 16 días por el nivel de convocatoria que tuvo: una masa de gente que no paraba de llegar.
El segundo lugar lo tuvo Perón, que murió en 1974 y le dio paso a su esposa María Estela Martínez al frente de la Casa Rosada, quien se convirtió en la primera presidenta mujer de la República Argentina. Por aquel entonces, 135 mil personas lograron ingresar al Congreso para despedirlo, mientras que la otra gran porción de personas lo acompañó a los alrededores del edificio, en una imagen que impactó por el nivel de masividad.
El fallecimiento de Néstor Kirchner fue otro de los eventos que fue un parteaguas en la historia argentina. El 27 de octubre de 2010, el país se paró al conocer la sorpresiva noticia de su deceso, a causa de un paro cardiorespiratorio.
El velorio se hizo en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada y se extendió durante más de 24 horas bajo la lluvia. La masa de gente se extendió por más de 15 cuadras y acompañó el cortejo hacia Aeroparque para trasladar los restos a Río Gallegos, tierra natal del expresidente.
Hipólito Yrigoyen es el nombre que sigue en la lista cuyas despedidas fueron sentidas y multitudinarias. Falleció el 3 de julio de 1933 y se calcula que el cortejo moviliz´entre 200.000 y 300.000 personas.
El gobierno de facto de Agustín P. Justo prohibió realizar el velatorio en edificios públicos, por lo que se llevó a cabo en su modesta casa de la calle Sarmiento al 900. La respuesta popular desafió abiertamente a la dictadura de entonces: una multitud colosal tomó el control del funeral, desenganchó los caballos de la carroza fúnebre y llevó el féretro a pulso, en andas, durante cuatro horas hasta el Cementerio de la Recoleta.
En el quinto puesto de masividad está el velorio de Diego Armando Maradona. Amado y cuestionado casi en la misma proporción, fue una de las principales figuras que tuvo la cultura argentina en los últimos años. Su muerte llegó de zopetón el 25 de noviembre de 2020, tras sufrir un paro cardiorrespiratorio debido a una insufiencia cardíaca aguda y un edema agudo de pulmón. A pesar de tuvo una de las cargas más emocionales de la historia nacional, su despedida registro menos gente por su abrupta interrupción.Un grupo masivo logró ingresar a la fuerza a los patios internos de la Casa de Gobierno (como el Patio de las Palmeras) buscando refugio de los disturbios exteriores.
Por razones estrictas de seguridad y para preservar el cuerpo, la familia decidió dar por terminado el velatorio de inmediato. Solo unas 30.000 a 40.000 personas lograron entrar a la Casa Rosada. El féretro fue retirado de urgencia y trasladado en un cortejo exprés hacia el cementerio privado de Bella Vista.
Fallecido el 31 de marzo de 2009, Ricardo Afonsín fue velado con honores de Estado en el Salón Azul del Congreso de la Nación, cedido por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Alrededor de 135.000 personas ingresaron al edificio, con decenas de miles más en las calles.
Durante casi dos días, las filas para ingresar envolvieron la Plaza Congreso en un clima de profundo respeto y solemnidad institucional que unió a todo el arco político. Tras la misa en las escalinatas del Palacio Legislativo, una multitud compacta y pacífica acompañó la cureña militar que trasladó sus restos al Cementerio de la Recoleta, arrojando flores a su paso y aplaudiendo en señal de gratitud republicana.
Carlos Gardel murió en el trágico accidente aéreo de Medellín en junio de 1935, pero su cuerpo repatriado tardó siete meses en llegar a Buenos Aires tras un periplo larguísimo por mar y tierra. Cuando el buque amarró en el Puerto de Buenos Aires a principios de 1936, la concentración humana fue inédita para la época. Fue velado en el Luna Park, lugar que se transformó en una verdadera catedral del dolor popular donde la gente lloró y cantó sus tangos a viva voz.
Durante la marcha fúnebre hacia el Cementerio de la Chacarita, la caminata fue tan lenta que varios autos del cortejo sufrieron desperfectos mecánicos por avanzar a paso de hombre entre la multitud. Hubo alrededor de 40.000 a 50.000 personas fijas en el epicentro, colapsando el Puerto y Corrientes.

