Salud

Esta es la receta de la felicidad, según un filósofo surcoreano

En un mundo lleno de estímulos, Byung-Chul Han propone ir en la dirección contraria. Las recomendaciones del pensador que ganó el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2025

Hablar de felicidad es adentrarse en un terreno difuso, lleno de teorías, intuiciones y contradicciones. A lo largo de la historia, distintas corrientes intentaron definirla, sin llegar nunca a una fórmula definitiva. En ese debate se inscribe el pensamiento de Byung-Chul Han, una de las voces más influyentes de la filosofía actual.

Radicado en Europa desde hace años y reconocido internacionalmente -especialmente tras recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades-, Han centró su obra en analizar las tensiones de la vida contemporánea. Su diagnóstico es claro: la sociedad actual no solo dificulta la felicidad, sino que muchas veces la distorsiona.

Una sociedad agotada por la autoexigencia

Según el filósofo, el individuo del siglo XXI vive inmerso en un estado de cansancio permanente. No se trata de una fatiga física, sino mental: una consecuencia directa de la presión constante por rendir, producir y superarse. "El sujeto de rendimiento se explota a sí mismo hasta que se quema", escribió en La sociedad del cansancio. 

En este contexto, la libertad se transforma en una ilusión. Las personas creen elegir, pero en realidad responden a una lógica de autoexplotación. Para Han, este fenómeno está en la raíz de muchos de los trastornos psicológicos actuales.

La sociedad, lejos de liberar, termina "consumiendo" al individuo desde adentro.

El peligro de una sociedad vacía

Durante su discurso en Oviedo, el pensador profundizó en esta idea con una mirada crítica sobre la cultura contemporánea. Describió un mundo dominado por el consumo, la hipercomunicación y la sobreinformación.

En sus palabras, vivimos en una realidad "horizontal", sin profundidad ni sentido trascendente. Todo circula rápido, pero poco permanece.

Este escenario, advierte, tiene consecuencias políticas:
sin respeto, sin pausa y sin reflexión, incluso la democracia puede debilitarse.

El secreto de la felicidad

Frente a este panorama, Han propone una idea que puede parecer simple, pero resulta profundamente disruptiva: alejarse del ruido. "Quedarse en casa es la manera más lúcida de resistencia; es un bastión de libertad", sostuvo. 

Para el filósofo, el silencio y la desconexión no son una pérdida de tiempo, sino una forma de resistencia frente a un sistema que exige actividad constante. En ese sentido, el hogar puede convertirse en un espacio clave: un refugio donde recuperar la calma y el pensamiento propio.

No se trata de aislarse del mundo, sino de aprender a convivir con la ausencia de estímulos, algo cada vez más escaso.

La trampa de la felicidad obligatoria

Uno de los puntos más provocadores de su pensamiento es su crítica a la idea de que debemos ser felices todo el tiempo.

En la cultura actual, la felicidad se transformó en una especie de mandato. Redes sociales, discursos motivacionales y modelos de éxito refuerzan la idea de que sentirse bien es una obligación permanente.

Para Han, esta exigencia genera el efecto contrario:
una presión psicológica constante y, muchas veces, devastadora.

La felicidad deja de ser una experiencia genuina para convertirse en un objetivo productivo más.

Abrazar el dolor como parte de la vida

Lejos de proponer una visión pesimista, el filósofo plantea una reconciliación con una dimensión que la sociedad intenta evitar: el dolor.

Según su mirada, la felicidad no es un estado continuo, sino algo que aparece en momentos, en fragmentos. Y esos momentos solo pueden existir porque también hay dificultades, pérdidas y tensiones.

El dolor, entonces, no es un obstáculo, sino una condición necesaria. Es lo que le da profundidad y sentido a la experiencia humana.

Una felicidad sin fórmulas

La "receta" de Byung-Chul Han no incluye pasos concretos ni soluciones rápidas. Más bien, invita a cuestionar las ideas instaladas:

  • No todo debe ser productividad
  • No todo debe ser visible o inmediato
  • No todo debe ser felicidad constante

En un mundo que empuja hacia el exceso -de estímulos, de información, de exigencias-, su propuesta apunta en dirección contraria: recuperar el silencio, aceptar la incomodidad y renunciar a la obligación de estar siempre bien.

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