Entrevista

Megan Maxwell, de 12 novelas rechazadas a 62 éxitos: la saga de una autora imparable

La escritora española presenta la décima entrega de "Las guerreras". Habla de su origen humilde, su madre como motor, el rechazo editorial y su fórmula para conquistar millones de lectoras

"Mi madre es una grandísima lectora de novela romántica, entonces en mi casa siempre ha habido libros del género. De hecho, empecé a escribir porque estaba aburrida un día en mi habitación y pensé: Voy a escribir un libro de esos que a mi madre le gustan. Entonces empecé por ahí", dice BAE Negocios la escritora superventas española Megan Maxwell.

Cuando su hijo enfermó, dejó el trabajo en una asesoría jurídica, para cuidarlo hasta que se curó y tuvo más tiempo para escribir. Actualmente, tiene 62 novelas publicadas.

-¿Y qué te dice ahora tu mamá?
-Ella está superorgullosa. Soy hija única. Pero sé que de lo que más orgullosa está es de que he sabido buscarme la vida. Vengo de una familia superhumilde, soy hija de madre soltera. La primera guerrera que ha habido en mi vida ha sido ella. Ha sido luchadora, ha trabajado limpiando muchísimas casas y oficinas para sacarme adelante. Que hoy en día vea me va bien y que lo he conseguido por mí misma, que nadie me ha ayudado, es para ella, es un orgullo impresionante.

La escritora española presenta la décima entrega de "Las guerreras".
La escritora española presenta la décima entrega de "Las guerreras".

-¿Qué sabes de tu papá?
-Nací en Alemania porque mi padre es militar norteamericano. Se conocieron en la base americana y luego ella ya se volvió para España. La historia de mis padres la cuento en un libro pero con un final de película, que no es el verdadero. Mis padres dejaron de tener contacto cuando a él se lo llevaron de Alemania a la guerra de Vietnam. Nunca más se volvieron a ver. Como a los cuatro o cinco años mi padre se acordó que mi abuelo, el padre de mi madre, cuando estaban juntos lo habían operado en un hospital de Madrid y se acordaba del nombre del lugar. Entonces, en aquella época, mi padre desde Nueva York escribió al hospital preguntando por el nombre de mi abuelo. Claro, no había la protección de datos que hoy en día. Le dijeron que sí que tenían la dirección. Envió al hospital un sobre a nombre de mi abuelo, dentro había una carta para él y otra para mi madre. En la de mi abuelo le contaba lo que había pasado, le decía que si mi madre ya tenía otra pareja, pues que no le dijera nada. Sabía que yo estaba por medio, que habían tenido una niña, pues que le diera la carta y si mi madre quería volvían a retomar. Entonces empezaron otra vez el contacto y el último mensaje que le llegó a mi madre es que mi padre iba a recoger heridos a Vietnam. Nunca más se volvió a saber de él.

-¿Murió?
-No lo sé, puede haber muerto, puede haberse enamorado de otras mujeres, y tener yo ocho hermanos. No sé, no tengo ni idea. Yo nunca lo vi. Quería dejar la parte romántica que es la que mi madre quiere pensar. Lo más probable es que haya muerto.

-¿Cómo fue la primera vez que publicaste?
- Pues, fue cuando menos lo esperaba. He escrito toda mi vida. Un día estaba cotillando por internet y vi que había un curso de novela romántica online y me apunté para ver qué era lo que yo hacía mal. Todas las editoriales me devolvían las novelas diciendo que no entraba dentro de su catálogo o que las mujeres que yo ponía tenían demasiado carácter y se lo tenía que rebajar. Yo decía que yo no de rebajar. Vivía en una casa donde éramos mi madre, mi abuela, mis tías y yo, todas mujeres. ¿Cómo le iba a rebajar si en mi familia todas somos así?. El primer día del curso, el profesor nos preguntó a qué tipo de novela queríamos escribir. Yo le dije yo quiero escribir como Sexo Nueva York. Me acuerdo de que me dijo: "Que pocas miras de futuro tienes, nadie te va a publicar eso porque eso únicamente se publican a las americanas y a las inglesas". Ya tenía 12 libros escritos en el cajón. Empecé a escribir el curso y el profesor nos mandaba ejercicios y el viernes se los teníamos que mandar, él no lo corregía al fin de semana y el lunes volvíamos a cada vez. La finalidad de ese curso era, el último ejercicio era los primeros capítulos o una novela entera. Cuando terminó el curso que no se lo envié porque ¿cómo le voy a enviar este nombre?, somos treinta y tantos alumnos, como cada uno le haya escrito una novela de 300 y pico páginas como yo, se puede morir. Me llamó por teléfono y me dijo "oye, venga, que no me has mandado el ejercicio final. Hemos estado durante el curso hablando contigo de esa novela y quiero ver qué es lo que has hecho al final". Se la envié y al día siguiente me llama: "Quiero que sepas que me ha encantado. ¿Qué tal si te la público? Soy editor, hago estos cursos para encontrar personas y el día que te dije que tú no tienes ningún futuro y tú me respondiste: ‘A mí me da igual, pero yo escribo lo que me da la gana', dije esta chica tiene algo que contar".

-¿Las novelas románticas siempre tienen que tener final feliz?
-Las mías sí, todas no. Pero yo me he dado cuenta, porque antes de escritora he sido lectora, que después de estarme leyendo una novela de 300 y pico páginas, si me dejas con mal sabor de boca, digo, joder, no mejoro. A mí me gustan las novelas con final feliz. Para putadas ya tenemos la vida, así que vamos a hacer soñar a quien lea esto. La primera que sueña soy yo.

Megan Maxwell
Megan Maxwell

-¿Tienes rutina?

-Trabajo mucho. Trabajando 12 horas todos los días. Soy muy de rutina. Enciendo el ordenador sobre las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche. Como estoy en casa, cocino, pongo lavadoras, atiendo a mis perros, hablo con mi hija. Menos sábados y domingos, salvo que esté cerca de la fecha de entrega.

-¿Te da miedo quedarte sin ideas?
-De momento, no. Tengo un cuaderno de ideas y un cuaderno de títulos. Si no tengo el título, no empiezo la novela. Soy así de maniática.

-¿Te leen los varones?
-Más de lo que te imaginas. La diferencia entre los hombres y las mujeres es que ellas lo dicen en público. De hecho, algunos me escriben por privado y siempre digo "ponlo en el muro" y responden: "No, que lo van a ver mis amigos". Sí, cada vez vienen más a las firmas de libros; antes me pedían: "Dedícaselo a mi novia o a mi prima". Ahora es "dedícamelo a mí". Eso va cambiando muy lentamente, pero va cambiando.

-Esta novela es la número 10 de la saga, ¿se puede leer sola?

-Puedes leer solo uno. Lo que pasa es que vas a decir ahora algún momento en que vas a sentir: "¿Se me ha escapado algo?" No, no se te ha escapado. Si no has leído el otro, no vas a entender.

-¿Y esta saga cómo surgió?

- El primero de la saga lo escribí cuando yo no publicaba. Era uno de esos que yo tenía en el cajón. Porque a mí me encantan los libros medievales ambientados en Escocia; de hecho, me voy todos los años con mis amigas. A mi madre también le gustaban mucho y entonces, bueno, dije: "Venga, voy a escribir una novela en la que yo voy a ser la protagonista". Hecho, se llama Mega.

-¿Ese es el último?
-De esta saga, sí. En el siglo III la gente no vivía tanto como vivimos ahora. Y yo lo que no quiero matar es a Duncan y Megan. Si sigo los tendría que matar y me niego totalmente. Yo todo lo que escribo es romántica. Dentro de la romántica puede haber erótica, puede haber drama o puede haber viajes en el tiempo, pero todo es romántica. Lo digo orgullosísima.

-¿Hay prejuicio con el género?
-Hay prejuicio porque es una novela romántica, porque que soy mujer, porque vendes bien, porque es comercial. A mí lo comercial me gusta, me gustan las películas comerciales, la música comercial, tiene que haber de todo en el mundo. Y como yo siempre digo, un libro no es algo que tú le obligues a una persona que se lea, un libro si a alguien lo compras porque él quiere lo ha decidido así.

-¿Qué te gustaría que encuentre el lector?
-Lo que quiero es que desconecte. Que se sumerja en el libro. Todos tenemos momentos buenos, pero también tenemos muchos momentos malos. Y soy consciente que la gente lee mucho cuando tiene momentos malos. Entonces yo lo que quiero es que cuando me lean, desconecten y pasen un rato agradable.

-¿Te imaginaste llegar hasta acá?
- Creo que me está pasando todo esto porque nunca lo imaginé, de verdad que lo digo. Me sigue sorprendiendo que siga generando ese interés de novelas en las personas y que me digan: "¿Y para cuándo el siguiente?". Me sorprende muchísimo todavía. Yo tuve que dejar de estudiar con 16 años, porque aparte de que era una pésima estudiante, mi madre te lo diría, en mi casa hacía falta el dinero. Cuando algo me dice que no, y digo, ¿cómo que no? Ahora voy a ir a por él. Sí, me acuerdo de que le dije a mi madre: "Me han dicho que no, pero el día que yo publique novelas, te voy a comprar un piso con ascensor". Y con el tiempo se lo compré.

- ¿Qué te da a vos escribir?
-La posibilidad de vivir otra vida. Pienso que escribir me da la posibilidad de poder hablar alto y claro. Yo pienso que los escritores, tenemos la posibilidad de poder hacer ver a la gente muchas cosas que pasan. Me gusta muchísimo escribir para poder hablar alto y claro de cosas que no me parecen justas y sobre todo para empoderar a la mujer. Por lo que yo he vivido, es como decir a ver chicas que la mala suerte la tenemos todos, pero te tienes que levantar y tienes que seguir caminando, porque te quedas ahí tirada. ¿Qué vas a hacer ahí tirada?, mejor camina y busca la buena suerte. Lo que quiero es dar fuerza a las mujeres, pues, para que tiren para adelante, que a lo mejor tienen un pasado complicado, pero eso ya es pasado. Vamos por el presente.

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