Antonio Lorente: "El Principito no es un libro de una sola lectura"
El ilustrador español Antonio Lorente revisita el clásico de Saint-Exupéry con una edición que busca abrir nuevas puertas para adultos y acercar a los chicos al original.
"Elegí El Principito porque es uno de los libros de mi vida. Desde que yo era muy pequeño lo leí. Después, en el colegio, tuve una lectura muy diferente. Es uno de esos libros que se te quedan siempre en el imaginario. Lo volví a leer de adolescente; luego, cuando me fui a Londres a vivir justo al terminar la carrera, a buscarme la vida. Para aprender mejor el idioma compré el libro en inglés y volví a tener otra lectura. Ya de adulto lo leí otra vez y tuve una completamente diferente. Es un libro que estuvo en todas las etapas de mi vida. Sabía que lo iba a ilustrar. Solamente estaba esperando que llegara el momento", dice a BAE Negocios el ilustrador español Antonio Lorente.
-¿Es difícil ilustrar un clásico tan poderoso, con una imagen tan fuerte?
-Totalmente. Hay un factor miedo de decir: "Madre mía, ¿lo estaré haciendo bien?". Hay un imaginario colectivo tan marcado. Hay unos seguidores tan acérrimos que sí, ese miedo está. Me dije: "Quiero hacerlo lo mejor que pueda" y quiero que la gente, cuando lo compre, vea que está hecho sobre todo con mucho amor y mucho respeto. Pero luego ese miedo se va conforme ya te vas metiendo. El Principito ya existe, ya existe su libro, que funciona perfectamente bien. Yo solo estoy haciendo un aporte nuevo que no va a restar nada, solo puede sumar. Y así ya mi cabeza empieza a funcionar mejor y a quitarse ese peso.
-¿Cómo fue el proceso?
-Entrar dentro de la cabeza del autor, tener muchas conversaciones imaginarias con mi tocayo, Antoine de Saint-Exupéry. O en sueños hacerle muchas preguntas. Es un libro que tiene un proceso muy largo y hubo muchas preguntas. Ese tipo de conversaciones imaginarias me ayudaron mucho.
-¿Y cuál era el desafío más grande con este libro que te planteabas?
-Me salió bastante rápido, tuve clara la imagen que quería de él, cómo iba a ser, con mechones que tienen casi su propio movimiento, para darle esa imagen casi como de lunático también, como que él mismo se corta el pelo. Con un alma también parecida, sabía que quería una especie de sensación, no de parecido físico, sino de lo que él te puede transmitir: la inocencia. Ese tipo de esencia es la que quería. Que te transmitiera el niño, que hablara mucho con su mirada porque no es un gran hablador. Lo que más me costó es darle forma a todo ese universo blanco con un estilo tan barroco como el mío, porque yo soy muy de acabado, de fondo. Es un libro que se fue construyendo al final, casi sin presiones.
-La frase más conocida es "lo esencial es invisible a los ojos". En tus dibujos los ojos son fundamentales. ¿Qué querías de la mirada del Principito?
-Que se viera el alma a través de esos ojos. Mi idea era humanizarlo. Los dibujos que conocemos son de la plumilla de Antoine de Saint-Exupéry. Al final son dibujos muy esquemáticos que funcionan perfectamente solos. Mi trabajo es tan diferente, la idea de darle un alma propia al personaje, que se pueda ver y que te comunique con mi estilo. Lo que suelo hacer es que mi personaje hable a través de su mirada.
-¿Y esas charlas con Antoine de qué eran?
-Yo siempre digo que mi trabajo es 50-50. 50 de ermitaño y soledad y 50 de mostrar mi trabajo al mundo, de hablar. Y va con mi personalidad porque yo soy una persona muy social, pero también soy una persona a la que le gusta tener conversaciones consigo misma. Pasar momentos conmigo complementa bien mi trabajo con mi manera de ser. Pero en este momento en el que estaba dibujando, pasaba muchas horas y, cuando se me atascaba un dibujo, le hablaba. "¿Te está gustando a ti? Porque a mí no sé". Era como casi tener una conversación. Me convencía, cuando algo me gustaba o no me gustaba, de que a él le estaba pasando igual. Entonces, claro, esa conversación me pasó solo con este libro, la verdad.
-¿Te da la sensación de que puede llegar a más gente todavía?
-Sí. Porque la gente lo ama, aparte es un libro muy coleccionable. Tuve la gran suerte de que lo recibieron muy bien, incluso me dijeron que es la mejor versión de El Principito fuera de la original. Y tuve mensajes tan bonitos de gente que es superapasionada por él, que eran los que más miedo me daban. Pero luego, por otro lado, espero que los nuevos lectores, los niños más pequeños, que ya están acostumbrados a un bombardeo de imágenes de todo, vean mi trabajo y luego regresen al original. Estoy muy seguro de que al final, cuando ya sean adultos y vean de verdad lo que El Principito cuenta y les llegue de la manera que sea, llegarán al original. Pero a lo mejor la manera de acercarlos es con el mío. En ese sentido estoy contento.
-¿Por qué te parece que este libro sigue siendo tan actual?
-Creo que no es un libro de una sola lectura y que, según el momento en que tú te encuentres, le vas a sacar un significado distinto. Es una manera de comunicarse contigo y esa es la magia de El Principito, que no tiene ningún otro libro.
-¿Y este se está convirtiendo en tu libro preferido?
-Yo siempre digo que elegir un libro preferido de los míos es como elegir a tu hijo favorito: es muy complicado. Pero sí, cada uno tiene algo de mí o algo de un momento concreto de mi familia. Todos tienen algo muy mío, entonces es muy complicado decirte. Pero sí que es cierto que El Principito es por ahora el más especial porque es el más esperado, es muy deseado. Entonces, cuando tienes algo que esperaste tanto tiempo y de repente llega, estoy como muy orgulloso. Y cuando lo veo en grande y en los escaparates o en las ferias del libro, digo: "Ya estás aquí".
-¿Qué buscás de los clásicos?
-Vamos a hacer feliz a los adultos que regresan a su infancia y vamos a hacer feliz a los nuevos lectores. Me parece precioso eso. Pero no quiero tampoco encasillarme en esto. No quiero ser tampoco el autor de los clásicos, que está genial, pero creo que tengo más que ofrecer. Entonces ahí es cuando no solo rompo en clásicos, pero sí rompo en estilo. Vamos a algo más oscuro porque forma parte de mí. Mi trabajo es luz y sombra, como soy yo. La sombra viene, en este caso en España, en primavera, que es todo este tema más macabrillo, más oscuro, una oscuridad muy Tim Burton, para que me entiendan. Y luego, en Navidad, más luz. Y una vez que ya abarco esas dos cosas, me pongo a pensar y digo: "¿Tengo más que ofrecer?". Entonces ahí es cuando digo: "Quiero hacer un proyecto propio y quiero hacer cosas mías". Empecé a hacer un proyecto muy personal, un diario. Lo interesante del ilustrador, de una persona inquieta, que no para de crear, es mostrar todas las facetas que tienes en tu vida.
-¿Y siempre con ese objetivo de ser el "ilustrador del alma", como te denominaron?
-Es que yo al final no sé dibujar de otra manera. Lo del ilustrador de almas fue un apodo que me pusieron al principio de mi carrera, cuando la gente empezaba a hablar y me decía: "Es que puedo ver el alma de tu cuadro, en los ojos". Lo hice propio.

