El adiós al Indio Solari, el último héroe en este lío
El Indio Solari fue la forma más genuina de liderazgo cultural. Generaciones enteras le respondieron con una lealtad que pocas veces se vio en la cultura popular argentina
Carlos Alberto Solari murió este viernes a los 77 años en su casa en Parque Leloir. Después de alrededor de 10 años aquejado por el mal de Parkinson, el cantante cerró los ojos para siempre y nubló a un país que supo abrazar su arte.
"El Indio" no fue un cantante más. Fue un artista que tradujo el dolor y la pasión de un país atravesado por la injusticia, con una sensibilidad capaz de convertir esa herida en consuelo.
Había una verdad emocional en su voz y en sus melodías, además de una postura firme e independiente que conectaba directamente con el tejido social: él y su primera banda, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, mantuvieron siempre un estricto silencio mediático, algo que continuó con los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
No daban entrevistas, no hacían publicidad y rechazaban los canales tradicionales de la industria. Un silencio que fue leído como dignidad y honestidad y que lo llevó a empatizar sobre todo con los sectores más desencantados con el sistema.
En un país donde la década del noventa había profundizado la desigualdad y vaciado de sentido muchas promesas colectivas, elegir el hermetismo tuvo el peso de una declaración política.
En 1997 los Redondos tenían un recital programado en Olavarría. Sin embargo, el intendente de aquel entonces, Helios Eseverri, los prohibió por decreto. Argumentó razones de seguridad, temiendo que los ricoteros desbordaran la localidad. Fue ese el día del shock: por primera vez, Solari, Skay Beilinson y la Negra Poli llamaron a una conferencia de prensa y se sentaron frente a un micrófono.
"Los chicos no son marcianos, son nuestros hijos. Son los chicos que van a las escuelas, que trabajan y que viven en nuestros barrios", fueron las palabras que eligió decir Solari en una explícita declaración de principios frente a la decisión municipal, mientras que Skay y la Negra Poly explicaron que la suspensión no se debía a problemas técnicos o logísticos propios de la producción, sino al miedo irracional de las autoridades políticas, que veían al rock como una amenaza y no como una expresión cultural.
"En vez de bajarles línea a los chicos, hay que escucharlos; porque en sus nervios hay mucha más información del futuro que la que los tipos de nuestra edad pueden tener como para aconsejarlos". - Indio Solari en la conferencia de prensa de 1997 en Olavarría.
Lo que estaba en juego en Olavarría era algo más profundo que un recital cancelado. Era la vieja tensión entre una cultura que viene de abajo y un poder que no sabe qué hacer con ella, salvo tenerle miedo. Los ricoteros no encajaban en el molde del joven consumidor que el sistema prefería: venían mayormente de los márgenes, se movían en manada y no pedían permiso. Tenían una liturgia propia, con colores, códigos y una forma de comunión que el afuera nunca terminaba de entender. Eso los hacía incómodos.
Solari entendió antes que nadie que había una generación a la que el país le había dado la espalda. Su figura fue la de alguien que nombra lo que otros sienten pero no pueden decir; esa es quizás la forma más genuina de liderazgo cultural: no la que convoca desde una especie de altar, sino la que articula desde adentro. Por eso, su muerte va más allá del artista. Es el cierre de un lenguaje compartido que ayudó a mucha gente a entenderse a sí misma; generaciones enteras le respondieron con una lealtad que pocas veces se vio en la cultura popular argentina.
El Indio anunció que sufría de Parkinson en el recital que dio en 2016 en Tandil. Antes de empezar el show con "Nuestro amo juega al esclavo", el cantante subió al escenario y le habló directamente a su público para frenar los rumores que crecían en internet: "Anda circulando una versión de que estoy enfermo y es verdad. Mr. Parkinson me anda pisando los talones, pero bueno, aquí estoy. Hace rato que eso pasa".
Cuando los escenarios quedaron atrás, siguió expresándose a través de sus dibujos y su poesía, dos territorios que siempre habían convivido con su música y que en los últimos años fueron su forma de seguir presente. Hasta el final, fue fiel a sí mismo.

