Entrevista a Noemí Frenkel

Romper el tabú: el silencio como síntoma del trauma

La escritora, actriz y dramaturga dialogó con BAENegocios.com sobre su libro "Bosque migrante, una judía se desarma"

-¿Se trata de una novela, una crónica de viaje o un ensayo?

-Es un híbrido de las tres cosas. Todo podría caer bajo la denominación de novela, lo pensé así. Pero bueno, el centro es como una crónica de viaje a Polonia y lo que pasa es que en la última parte se tornó mucho más ensayo que otra cosa.

-¿Sos vos o son las personas que te atravesaron las que fueron construyendo la voz del libro?

-No soy yo, ni esas personas. Es una voz, una voz de un yo que también se va armando y desarmando. No tiene una continuidad plena, sino que se va desestructurando y se va preguntando quién es y se va descubriendo. Y esa también es una línea narrativa que trabaja sobre una identidad que es personal, pero también es colectiva, atravesada por la memoria familiar, la memoria de una mujer argentina de origen judío. Por momentos es como si ese yo se pusiera a disposición para ser también atravesado por otras presencias que vienen de algo más ancestral. Así que es un yo existencial y es un yo espiritual, como una conciencia que trasciende lo personal, lo individual, lo histórico de la vida de uno.

-¿Y cómo surge la idea de escribirlo?

-Por una imagen que yo tenía de los bosques, verlos y sentir así como una especie de sobresalto. Tomar esa imagen disparadora, que me está pidiendo pistas. Y escribiendo sobre esa imagen apareció el tema de Polonia, eso  de lo que mi familia no hablaba, pero qué había pasado ahí. Sabía sobre la historia de Polonia y de la Guerra Mundial, pero había algo que es más propio. Y decidí tirar de ese hilo, y ahí fue todo un trabajo de investigación.

El libro de Noemí Frenkel, una búsqueda del trauma y de su síntoma, el silencio 
El libro de Noemí Frenkel, una búsqueda del trauma y de su síntoma, el silencio 

-¿Por qué pensás que había tanto silencio familiar sobre lo que había pasado en Polonia?

-Es una pregunta que me genera más preguntas. No tengo una conclusión. Evidentemente, toda esta búsqueda me llevó a contemplar mucho más de cerca la cuestión del trauma, siempre cuesta hablar de lo traumático y el síntoma de ese trauma para mi es el silencio. No poder decir, no poder nombrar, no poder compartir el dolor, sino que se arma haciendo como un encapsulamiento. Ese trauma, forja de tu personalidad, tu forma de conducirte en el mundo, pero no está dicho, no está reconocido como tal. En la familia no se hablaba de ese dolor, de nuestros parientes que habían sido asesinados. Era como un tabú. En general las familias judías eran numerosas. Y nunca se me ocurrió preguntarle a mi mamá: "¿Qué pasó con los que quedaron en Polonia?" Sabemos, porque es el único conocimiento, que los judíos que no se pudieron ir antes de la ocupación nazi de Polonia tuvieron un destino de exterminio, salvo algunos, que se pudieron escapar o sobrevivir en esas condiciones, pero fueron víctimas del holocausto.

-¿Qué otra respuesta encontraste?

-Tiene que ver con la culpa del sobreviviente. Y lo que veo reflejado en otros testimonios que uno tiene de sobrevivientes de guerra, del terrorismo de Estado. La víctima tiene aura y el que sobrevivió casi un lugar como egoísta de cómo seguir viviendo a pesar de... y la necesidad también de dar vuelta a la página por tener un pasado tan doloroso.

-¿No le preguntaste a tu mamá para protegerla?

-Por un lado sí, para no tocar una herida que uno percibe intuitivamente, subliminalmente, para respetar un tabú. Como un mandato de silencio que uno lo acata. Aunque son esas que no te dicen, pero de alguna manera eso esta como parte del sistema familiar.  

-¿Y cuando decidiste investigar qué pasó en tu familia?

-Por un lado mi mamá ya se había muerto, no tenía nadie de esa generación. Por un lado me hizo tomar contacto con algunos parientes a los que veía muy poco. Un primo de mi mamá que conoció a mi abuelo ortodoxo tenía el recuerdo de cómo se vivía en la casa donde creció mi mamá, fue como una gran fuente. Eso movía también en mi familia. Alguien empieza a preguntar, a reconstruir y a efectivizar esa búsqueda. Hice ese movimiento emocional, afectivo y cuando empecé a tomar contacto con información, justamente no estaba disponible porque había sido silenciada. Cuando yo volví de Polonia hice una reunión familiar y les mostré los mapas, fotos del cementerio, del pueblo donde vivió nuestro abuelo paterno, nuestro abuelo paterna y eso conmovió mucho a la familia. No me identifico ni con las banderas, ni con la patria, ni con la religión, no son cosas a las que yo les doy un valor absoluto, pero sí entender las raíces, el origen, lo familiar, lo colectivo, la memoria, la memoria que está en nosotros, que circula por nosotros, eso sí me parece reimportante.

La escritora plantea una identidad que se desarma para volver a contarse 
La escritora plantea una identidad que se desarma para volver a contarse 

-¿Y el subtítulo?

-Una judía se desarma es un subtítulo que vino después, que vino más sobre el final, sobre la última parte, que ahí se terminó de armar, como la identidad del propio libro. Es armar, rearmar, desarmar, poner en duda, cuestionar, redescubrir y correrse de las cosas que no tiene como etiquetadas, clasificadas de una manera.

-¿Qué cambió a partir del ataque del 7 de octubre?

-Mientras yo veía el horror, esa violencia inaceptable. Al mismo tiempo estaba viendo lo que estaba haciendo Israel en Gaza y también me era inaceptable. ¿Dónde me pongo?. También esto me llevó a revisar mucho más ciertos ejes que parecían componer la identidad judía. Soy judía y soy cero antisemita. Y sin embargo, yo veo que están matando niños todos los días y que lo que están haciendo es totalmente injusto, es una deshumanización, es un genocidio y es una limpieza étnica. No quiero ser cómplice de esto, porque mi silencio también lo hace cómplice. Y al mismo tiempo me fui encontrando con que hay un montón de judíos en el mundo, de voces judías, de movimientos inclusive dentro de Israel que también denuncian esto.

-¿Y qué te gustaría que el lector encuentre en esta novela?

-Creo que el libro está sentado ahí, en abrazar a la humanidad como tal, la paz, salir de las lógicas que sustentan el odio, la guerra, la enemistad y poder ver el otro lado. Y espero que sea una narración, una historia que conmueva, que provoque, que haga pensar, que te transpote a ese lugar, que viajes conmigo, que hagas tu viaje. Y también ir a los vínculos como con la madre y lo familiar. Espero haber hecho una alquimia interesante, conmovedora y también atrapante. Como narradora, el deseo es contar una buena historia, que se pueda sentir esas imágenes, esas escenas y también el valor del testimonio.

-¿Y cuánto de la dramaturga y de la actriz hay a la hora de escribir?

-De la actriz hay una forma de situarme en el espacio que es como vivirlo en el cuerpo. De la dramaturga el escenario. Este mundo en el que vivimos es también un escenario donde suceden escenas, dramas, tragedias. Está mucho mi amor por el teatro y la actriz en esta cosa de la sensibilidad puesta a respirar, puesta a poder tocar el lugar más de vulnerabilidad y de estar en carne viva. Me conecto con la emoción, dejo que me atraviese, la siento y la puedo transmitir. Y es lo que intento hacer. Y también de pensarme como un personaje con un conflicto, con un deseo, con una búsqueda, con un con perderse, con encontrarse, con moverse.

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