El informe semanal de Ecolatina anticipa un crecimiento de 4,3% del PBI en el tercer trimestre, sobre la base de los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), lo que permitirá fi nalmente recuperarse del porrazo que generaron los desaciertos económicos de 2016 que potenciaron la recesión económica. Según ese informe, el sector de la construcción, por el lado de la oferta, y la inversión, por el lado de la demanda, fueron los impulsores de la actividad. En octubre, el défi cit de la balanza comercial fue de u$s955 millones y estiró el saldo negativo a u$s6.115 millones en lo que va del año, según los datos difundidos por el Indec la semana pasada. El agro y la construcción son los dos sectores que más vienen impulsando a las importaciones. Es decir, el crecimiento económico está beneficiando a los importadores, demorando el “derrame” sobre la industria argentina, especialmente en sectores generadores de mano de obra intensivo, como la industria de la marroquinería.

Durante los diez primeros meses de este año se produjo una suba de las importaciones de 56,12% en unidades con respecto al año anterior, hasta representar 41.861.000 unidades, según datos de la Cámara Industrial de Manufacturas de Cuero y Afi nes (CIMA). Medido en dólares, es probable que no tenga significación en el déficit externo: representaron u$s117.947.000 en diez meses, que se restaron a la producción nacional.

En esos diez meses, las importaciones totalizaron u$s55.911 millones, un 18,9% más que en el mismo período de 2016. Los mayores aumentos de las importaciones correspondieron a automóviles y vehículos y sus partes y accesorios (u$s454 millones); teléfonos celulares (u$s146 millones, que se restaron a la industria fueguina, considerada inviable por este Gobierno); combustibles minerales (u$s141 millones) y máquinas automáticas para tratamiento o procesamiento de datos (computadoras, u$s114 millones).

Ninguno de los sectores que se importan cada vez más ayudará en el futuro próximo, ni a mediano o largo plazo, a generar los dólares que hoy se importan vía deuda para financiar ese desequilibrio.

La deuda pública superó en junio los u$s300.000 millones, mostró un aumento interanual de 19% y ya representa más del 270% de las exportaciones, su nivel más alto en trece años, como analizó Mariano Boettner en BAE Negocios la semana pasada.

De acuerdo con las últimas estadísticas de deuda publicadas por el Ministerio de Finanzas, los servicios de deuda pagados por el Gobierno equivalen al 62,3% de los recursos tributarios, un porcentaje inédito desde la salida de la crisis de 2001.

Como en los ’90, se intenta explicar el crecimiento de la deuda en divisas en la necesidad de financiar el déficitfiscal. Siguiendo esa asociación, hay que eliminar el déficit fiscal para dejar de emitir deuda.

La falacia está en que el déficit fiscal es en pesos y financiable en pesos, como lo demuestra el sobreendeudamiento del BCRA en Lebac por la anacrónica política antiinflacionaria, y no en dólares como hace creer el Gobierno. Los dólares de la deuda financian, como en el “deme dos” y el “todo por un peso”, las importaciones baratas y el turismo al exterior.