La discapacidad es la limitación en la actividad y la restricción en la participación, resultado de la interacción entre la persona con una condición de salud crónica y los factores contextuales (entorno físico, humano, actitudinal y sociopolítico) que actúan como barreras sociales y le impiden desenvolverse en su vida cotidiana. Hay distintos tipos de discapacidad: motora, psicosocial, sensorial, visceral o intelectual.

La discapacidad motora consiste en la falta, deterioro o alteración funcional de una o más partes del cuerpo, lo que provoca inmovilidad o disminución de movilidad, es visible y continúa siendo la más frecuente según el último censo.

La discapacidad sensorial hace referencia a alguna deficiencia en los sentidos que nos permiten percibir el medio, como la disminución o la ausencia tanto auditiva como visual.

La discapacidad intelectual se caracteriza por limitaciones en el funcionamiento intelectual y en la conducta adaptativa que se manifiesta en habilidades adaptativas conceptuales, sociales y prácticas. No es lo mismo que hablar de discapacidad psicosocial, que se refiere a las deficiencias en los procesos cognitivos, afectivos y/o del comportamiento, generalmente derivadas del padecimiento de alguna enfermedad mental.

Por último, la discapacidad visceral aparece en aquellas personas que padecen algún tipo de deficiencia en cualquiera de sus órganos y, en general, no es visible.

Según el último Estudio Nacional sobre el Perfil de las Personas con Discapacidad realizado en el 2018 por el Indec, el 10,2% de la población de Argentina tiene algún tipo de discapacidad y en uno de cada cuatro hogares vive una persona con discapacidad. Hay un predominio en la cantidad de personas con discapacidad motora sobre otros tipos de discapacidad; sin embargo, hay algunas diferencias en la prevalencia por edad. La población de entre 6 y 14 años tiene mayor dificultad cognitiva (48,3%), en la de entre 65 y más años se destaca la dificultad motora, en tanto que en el grupo comprendido entre los 15 y los 64 años se acentúa la presencia de personas con solo dificultad motora y solo visual.

Hoy, tres años después, la cantidad de personas con discapacidad y necesidad de apoyo en nuestro país, y en el mundo, va en aumento. Por eso es imprescindible trabajar para mejorar la accesibilidad. Un tema histórico de falta de acceso es el relacionado con el empleo, en donde la ley 22.431 establece que el Estado debe tener, al menos, un 4% de personas con discapacidad entre sus empleados; no obstante, estamos lejos de cumplir con el cupo.

Inserción laboral

Hay dos formas de acompañar el camino hacia la vida independiente en el área del trabajo. Una es a través de las compras inclusivas, en donde las empresas incorporan como proveedores a las personas con discapacidad que tienen emprendimientos productivos. La otra es la tradicional, el empleo formal.

El empleo formal necesita de un abordaje que promueva el ingreso, la permanencia y el crecimiento de las personas con discapacidad.

Se denomina empleo con apoyo y se fundamenta en el trabajo integrado en empresas normalizadas, en condiciones lo más similares posibles a las de los compañeros sin discapacidad que desempeñan puestos equiparables; en la no discriminación, el entrenamiento en el puesto de trabajo y recibir la remuneración desde el primer momento como cualquier otro trabajador, y en contar con apoyo a lo largo de la vida laboral de la persona para posibilitar el mantenimiento del puesto y el rendimiento requerido (este apoyo fluctúa a lo largo del tiempo dando lugar a la construcción del vínculo con los apoyos naturales, que son sus compañeros de equipo).

El empleo con apoyo se articula con profesionales especialistas en la temática que puedan conocer y evaluar previamente el puesto a cubrir, el equipo al que se incorpora el candidato y las instalaciones. En relación con el puesto, se definen las tareas que debe desarrollar el futuro trabajador, las habilidades y destrezas requeridas para su desempeño, la descripción de las exigencias básicas o requerimientos de experiencias previas, así como también conocer al equipo, sensibilizar y brindar herramientas que habiliten espacios seguros para la convivencia en la diversidad. Incluye al superior inmediato, a sus pares y a toda persona con la que se vincule en la organización. Y, por último, la evaluación de las instalaciones en donde se desarrollará su actividad laboral.

De toda la evaluación en su conjunto es posible que se identifique la necesidad de realizar ajustes razonables. Llamamos ajustes a las adecuaciones sobre el puesto, el ambiente físico, social o de la actitud que permiten mejorar o anular las barreras del entorno. De esta forma se facilita el acceso y la participación de la persona, atenuando su discapacidad. A esta altura podemos deducir que no es lo mismo incorporar a una persona con discapacidad física, sensorial o intelectual. Algunos ejemplos de ajustes razonables y diferencias según el tipo de discapacidad:

- Si pensamos en una persona con discapacidad motora tenemos que contemplar el acceso físico y las adecuaciones edilicias desde el ingreso, así como también las zonas de desplazamiento dentro de la empresa. Ubicar el puesto de trabajo cerca de espacios de descanso, rampas, mantener las puertas abiertas o con apertura accesible en los recorridos de uso frecuente, adaptación de los baños y días de home office, entre otras.

Distinto es diseñar la incorporación de personas con discapacidad sensorial, como es el caso de una disminución o la ausencia auditiva o visual. Tal vez el foco esté en permitir diferentes maneras de mantener la comunicación con otros colaboradores, ya sea a través de mails, de mensajes instantáneos, de textos o de audios. Identificar factores medioambientales como el ruido de fondo, la luz y la posición. También mejorar la iluminación, contra con recesos frecuentes para descansar la vista, adaptar del teclado y sumar señales luminosas o táctiles.

Las adecuaciones pueden diseñarse antes del ingreso del nuevo empleado, pero será su experiencia lo que definirá el éxito de los ajustes realizados.

El caso de El Puente Verde

La asociación civil El Puente Verde es un espacio de trabajo y formación para personas con discapacidad a partir de los 18 años ubicado en Jorge Newbery, km 28,5, que se enfoca en el cuidado del medio ambiente y fabrica mermelada y dulce de leche de cabra como parte de la economía social. En el predio, los equipos cultivan la tierra, tienen huerta y granja, además de realizar la producción de plantas. Entre las maquinarias que recibió se encuentra una cocina industrial, una máquina para hacer mermelada, una mesada de acero, una multiprocesadora e insumos industriales que mejorarán las tareas.

El intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, y el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, agradecieron al equipo con el que se trabajó en conjunto. “Las plazas de nuestro distrito están ornamentadas con los plantines que se producen acá”, destacó Gray.

*Asesora de pymes en promoción de la diversidad, inclusión laboral y bienestar