Aun como ferviente crítico del Gobierno, el sociólogo Saúl Feldman intenta entender por qué el macrismo logra mantenerse competitivo a pesar de la crisis y revisa críticamente el rol de la actual oposición en los últimos años. "El error del kirchnerismo fue definir el interés solo en el campo económico", afirma a BAE Negocios en su nuevo libro La conquista del sentido común, presentado dos semanas atrás.

¿Por qué no hay estallido social a pesar de las políticas del macrismo?
—Yo lo explico desde el campo comunicacional-político y tiene que ver con la conquista del sentido común. Desde el 2004-2005, los primeros equipos de trabajo (del macrismo) tuvieron claro que el campo de persuasión de la gente iba a ser el del sentido común y la batalla cultural, y no el de proyectos ideológicos, económicos o políticos. En general se reconoce que el macrismo no ha sido exitoso no en lo económico, pero sí en lo político-comunicacional.

¿A qué te referís con sentido común?
—Quiere decir apuntar a creencias simples pero comunes a toda la sociedad, capaces de atravesar las diferentes ideologías y clases sociales, enraizadas en sentimientos humanos básicos, como el amor, el odio, la envidia, el ansia de poder.

¿En qué se diferencia el neoliberalismo macrista del de los '90?
—La comparación con los '90 se centra en la práctica económica y no en la práctica ideológica y comunicacional. En los '90 se planteaba un proyecto neoliberal político-económico y hoy, en cambio, uno político-cultural. Además el neoliberalismo actual se da en el marco de una revolución de las telecomunicaciones a través del smartphone, que ha permitido el desarrollo de un individualismo muy pronunciado y el fin de la división entre el tiempo del trabajo y el del ocio. Hoy el ocio ya no está libre de la interpelación del Estado.

En el libro discutís la idea de que la gente actúa en contra de sus propios intereses.
—Sí. Yo señalo que el error del kirchnerismo fue definir el interés solamente en el campo económico, sin percibir que había otros intereses que para la gente de sectores medios y bajos podían resultar importantes. Y el macrismo fue exitoso en interpelar esos intereses.

“El ocio ya no está libre de la interpelación del Estado”

¿A qué llamás en tu libro "cinicracia"?
—Es una forma de gestión y discursiva que hace que se violen ciertas formalidades de la república y la democracia, cosa que no pasaba en el menemismo. Se establece una forma de neodemocracia que llamo "vampirizada", porque por fuera queda el cuerpo pero el alma ha sido robada. Un sistema de gobierno con equipos dinámicos y articulados cuya función es violar las leyes establecidas, dando la sensación de que se vive en un estado de excepción pero tomándolo como un hecho natural: hay operadores ante la Justicia, los medios actúan coordinados con el Gobierno, tenés la "doctrina Irurzun", la "doctrina Chocobar", etc. Lo cual es un tema mundial y no solo argentino.

¿En qué sentido Macri es cínico?
—Yo digo que es un sistema de gobierno que vuelve cínicos a los que lo componen porque no les queda otra. Tiene que ver con la diferencia entre mentira y cinismo. El que miente intenta obtener una ventaja sin que se den cuenta de que está mintiendo. En cambio, el cínico exhibe el poder de mentirte en la cara. El que miente reconoce tácitamente que hay una ley que está violando y no lo quiere demostrar, es decir que hay un respeto por esa ley. El cínico, al violar la ley, dice que la ley no sirve. 

¿Y cómo creés que esto que llamás "cinicracia" se ve desde el macrismo?
—Como una gestión que tiene que conseguir objetivos y para eso se da medios y no importa la forma de alcanzarlos. Es como preguntarle a Goebbels si él sabía que mentía respecto de los judíos. Obviamente saben que mienten respecto del ARA San Juan, de Héctor Timerman, del "asesinato" de Nisman, etcétera, pero piensan que hacen algo que hay que hacer en esta etapa del mundo para el país como ellos lo conciben.

¿Qué diferencia habría entre el cinismo del macrismo y la acusación de cinismo que puede hacer un macrista a un "populista" por "corrupto y demagogo"?
—Al kirchnerismo se lo puede acusar de arbitrariedad, de administración conflictiva de los procesos políticos, de corrupción, pero difícilmente de mentir. La discusión no pasa por el cinismo respecto del kirchnerismo. Ellos lo acusan de populismo, que tendría que ver con un acto demagógico que tiene por fin dominar las masas.

¿Cuánto cambia la capacidad del macrismo de generar sentido común en el contexto de la crisis?
—La crisis económica hace que su hegemonía sobre el sentido común se empiece a resquebrajar, pero no del todo porque tiene chance de ganar las elecciones. Durán Barba dijo que va a ser una lucha entre el miedo y la decepción, y que la decepción es mucho más débil y tiene razón. Por eso la cuestión es cómo hace la oposición para persuadir solo con la decepción. Parece que para convencer a la gente no alcanza solo con denunciar los malos datos económicos.

¿Esto es lo que podría aprender la oposición del macrismo?
—Bueno, en la oposición hay una discusión interesante entre los que envidian la comunicación del macrismo y los que dicen "yo no hago marketing político", como Kicillof, o Alberto Fernández que dice "yo no necesito ser coacheado".

¿Cuán necesaria es la grieta para la cinicracia? ¿No es una particularidad argentina?
—Es necesaria. En distintos países puede aparecer con distintos nombres. La grieta no tiene que ver con que haya conflictos en una sociedad sino que implica que supuestamente hay una fisura en una superficie que debería estar unida. Para el macrismo los responsables de esa fisura son los kirchneristas. Se da la paradoja cínica de que se llama a la unidad pero para eso hay que eliminar al grupo responsable de esa grieta.

¿No había ya exacerbación de esa división durante el kirchnerismo?
—El kirchnerismo lo que hizo fue intentar instalar que la sociedad es conflictiva y que en ella hay diferentes sectores con diferentes intereses. Eso no es grieta. El problema es que exacerbó ciertas diferencias y no reconoció ciertos intereses que podían ser legítimos. Las elecciones del 2015 fueron la consecuencia.

Título: La conquista del sentido común
Autor: Saúl Feldman
Editorial: Ediciones Continente
Páginas: 283
Precio $598