Las políticas de aislamiento social que se dispusieron en muchos países del mundo para intentar frenar la expansión del coronavirus, dejó en evidencia otro mal que por su extensión se puede calificar como una pandemia: la violencia intrafamiliar.

La situación de cuarentena o confinamiento conlleva serias amenazas a la seguridad de muchas mujeres y niñas que sufren violencia en sus hogares, advirtió la semana última la Comisión Económica para América Latina y el Caribe ( CEPAL), ya que aumenta el tiempo que las mujeres están solas con sus abusadores y reduce las posibilidades de buscar ayuda: en los países de la región que cuentan con mediciones, al menos una de cada cuatro mujeres ha experimentado un episodio de violencia física o sexual infligida por su pareja. En tanto, en la mayoría de los países latinoamericanos, los perpetradores de femicidios son las parejas o exparejas de las víctimas. En Ecuador, Uruguay y Perú, por ejemplo, este tipo de femicidio supera el 85% del total de las muertes de mujeres en el país.

"Estamos frente a una crisis sin precedentes pero donde claramente el rol de los Estados y de organismos intergubernamentales será decisivo para coordinar acciones que nos lleven lo antes posible a la superación de la emergencia y a transitar hacia la recuperación económica y social, sin dejar a nadie atrás", declaró Alicia Bárcena, máxima autoridad del organismo regional de las Naciones Unidas. La funcionaria participó el 8 de abril en la Reunión informativa entre las Ministras y altas autoridades de los Mecanismos para el Adelanto de las Mujeres de América Latina y el Caribe: la respuesta a la crisis de la pandemia COVID-19 desde la perspectiva de género.

El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, ya se había referido a esta pandemia silenciosa, al pedir que se adopten medidas para hacer frente a "un estremecedor repunte global de la violencia doméstica" contra mujeres y niñas debido a los confinamientos decretados por los Gobiernos durante la pandemia del COVID-19.

"Sabemos que los confinamientos y las cuarentenas son esenciales para reducir el COVID-19. Pero pueden hacer que las mujeres se vean atrapadas con parejas abusivas", destacó el titular de la ONU, quien señaló que la amenaza sobre mujeres y niñas se cierne precisamente en el lugar "donde deberían estar más seguras: en sus propios hogares".

De acuerdo con el organismo, la combinación de las presiones económicas y sociales provocadas por la pandemia, así como las restricciones de movimiento, han aumentado drásticamente el número de mujeres y niñas que se enfrentan a abusos, en casi todos los países. Incluso antes de la propagación mundial del COVID-19, las estadísticas mostraban que un tercio de las mujeres de todo el mundo experimentaban alguna forma de violencia en su vida.

Las organizaciones internacionales, en alerta 

El problema afecta por igual tanto a las economías desarrolladas como a las más pobres: casi una cuarta parte de las estudiantes universitarias en los Estados Unidos afirmaron ser víctimas de agresiones sexuales o comportamientos inapropiados, mientras que en algunas partes del África subsahariana, la violencia en pareja suponía una realidad para el 65% de las mujeres.

Una investigación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) detalla los preocupantes efectos de la violencia en la salud física, sexual, reproductiva y mental de las mujeres: las mujeres que sufren abusos físicos o sexuales tienen el doble de probabilidades de abortar y esa experiencia casi duplica la probabilidad de caer en la depresión. En algunas regiones del mundo, tienen 1,5 veces más probabilidades de contraer el VIH, y existen pruebas de que las mujeres agredidas sexualmente tienen 2,3 veces más probabilidades de sufrir alteraciones debidas al consumo de alcohol, informa la ONU en su sitio de noticias.

Según informaciones que maneja la ONU, desde el inicio de la pandemia y en comparación con el 2019, se ha duplicado el número de llamadas a las líneas de ayuda en el Líbano y Malasia; en China se han triplicado; y en Australia, los motores de búsqueda como Google experimentaron el mayor volumen de consultas de ayuda por violencia doméstica de los últimos cinco años.

Estas cifras dan una idea sobre la magnitud del problema, pero sólo incluyen a los países en que existen sistemas de denuncia. A medida que el virus se propague en países con instituciones precarias, se prevé que disminuirá la información y la cantidad de datos y crecerá la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas.

La respuesta al incremento de la violencia es más complicada que en situaciones normales por el hecho de que las organizaciones encargadas de la respuesta a los abusos están sometidas a una enorme presión por las exigencias que supone el combate a la pandemia.

"Los proveedores de salud y la policía están desbordados y el personal escasea. Los grupos locales de apoyo están paralizados o carecen de fondos. Algunos centros para víctimas de violencia de género están cerrados; otros están llenos", dijo Guterres.

El funcionario instó a todos los Gobiernos a incluir la prevención y la reparación de los casos de violencia contra las mujeres en sus planes nacionales de respuesta contra el COVID-19, y expuso varias medidas que podían adoptarse para mejorar la situación.

"Juntos", concluyó el Secretario General de las Naciones Unidas, "podemos y debemos prevenir la violencia en todas partes, de las zonas de guerra a los hogares de las personas, mientras trabajamos para vencer al COVID-19".

Entre las recomendaciones de la ONU para la reducción de la violencia doméstica se pueden mencionar:

* Aumentar la inversión en servicios de ayuda en línea y en organizaciones de la sociedad civil.

* Garantizar que los sistemas judiciales sigan procesando a los abusadores.

* Establecer sistemas de alerta de emergencia en farmacias y tiendas de comestibles.

* Declarar los centros de acogida como servicios indispensables.

* Crear formas seguras para que las mujeres busquen apoyo, sin alertar a sus abusadores.

* Evitar la liberación de presos condenados por cualquier tipo de violencia contra la mujer.

* Ampliar las campañas de concienciación pública, en particular las dirigidas a hombres y niños.

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