Las mujeres ganan espacio en las competencias
Milán-Cortina 2026 marca el mayor nivel de participación femenina jamás registrado en Juegos Olímpicos de Invierno
La evolución de la participación femenina en los Juegos Olímpicos de Invierno refleja no solo un cambio cultural, sino también una transformación en los modelos de gestión deportiva, asignación de recursos e inversión en capital humano.
En la primera edición de los Juegos, en 1924, apenas 11 mujeres compitieron entre 258 atletas, limitadas exclusivamente al patinaje artístico.
Un siglo después, la agenda olímpica incorpora la igualdad de género como un objetivo estratégico, aunque todavía inconcluso. En los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014, las mujeres representaron el 40,3% del total de atletas, con 1.120 competidoras. En 2018, el porcentaje ascendió al 45%, una mejora sostenida que expone el impacto de políticas institucionales orientadas a ampliar el acceso femenino al alto rendimiento, y este año llegan al 47%.
Primeros pasos de mujeres deportistas
Los primeros hitos deportivos también marcan el ritmo de este proceso. En 1924, la austriaca Herma Szabo se convirtió en la primera mujer en ganar una medalla de oro en los Juegos de Invierno.
Desde entonces, figuras como Sonja Henie o Beatrix Loughran demostraron que el rendimiento deportivo femenino no era una cuestión de capacidad, sino de oportunidades disponibles y continuidad en la inversión.
Durante décadas, la falta de acceso a disciplinas clave funcionó como un límite estructural. Recién en 1936 se habilitó el esquí alpino para mujeres y, con el correr de los años, se sumaron nuevas disciplinas.
La delegación argentina está integrada por 8 atletas (3 hombres y 5 mujeres) que compiten en tres deportes: esquí alpino, esquí de fondo y luge
En 1960, la participación femenina alcanzó el 20% del total de atletas, impulsada por la incorporación del biatlón y el patinaje de velocidad, en un contexto de mayor apertura institucional.
El punto de inflexión llegó en 1991, cuando el Comité Olímpico Internacional (COI) estableció que todo nuevo deporte que aspirara a formar parte del programa olímpico debía incluir competencias femeninas.
El resultado fue una base más amplia de atletas de alto rendimiento y una mayor competitividad internacional. En paralelo, el COI avanzó en una estrategia de largo plazo que incluye conferencias internacionales periódicas, reformas en el programa olímpico y la ampliación progresiva de disciplinas femeninas.
La incorporación del hockey sobre hielo femenino -aprobado en 1992 y estrenado en Nagano 1998- y la apertura del bobsleigh a las mujeres en 2002 son ejemplos de cómo la inclusión también amplía audiencias, patrocinios y valor comercial del evento.
Para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018, celebrados en Pyeongchang, las mujeres ya participaron en todas las disciplinas del programa.
Este año, los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026 que se están desarrollando son los más "balanceados por género" en la historia de este evento, con casi la mitad de los atletas siendo mujeres (47 %), récord que supera a las ediciones previas y continúa la tendencia hacia la paridad total en el olimpismo invernal.

