Cambio de era

América Latina frente a la ola del neopopulismo digital

Estamos frente a una oleada de liderazgos personalistas, outsiders y antipolíticos que desafían a las estructuras partidarias tradicionales. Este fenómeno plantea un desafío crítico para las democracias regionales.

Durante la llamada "marea rosa" de comienzos del siglo XXI, gran parte de América Latina estuvo gobernada por fuerzas de izquierda o centroizquierda. Dos décadas después, el escenario regional luce muy diferente. La política latinoamericana parece atravesar el ascenso de liderazgos personalistas, outsiders y discursos antipolíticos que desafían a las estructuras partidarias tradicionales.

El reciente triunfo de Abelardo De la Espriella en Colombia y el avance de figuras similares en distintos países de la región confirman una tendencia que ya se había manifestado con liderazgos como Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina o Daniel Noboa en Ecuador. Aunque existen importantes diferencias ideológicas entre ellos, comparten algunos rasgos distintivos: una fuerte personalización del liderazgo, la apelación directa a la ciudadanía por encima de las estructuras partidarias, un discurso de confrontación con las élites tradicionales y un uso hábil de las redes sociales como herramienta estratégica de comunicación política.

La novedad de esta "ola" no radica únicamente en la aparición de nuevos líderes, de hecho, América Latina ya conoció fenómenos similares durante los 90's. Alberto Fujimori en Perú y Fernando Collor de Mello en Brasil irrumpieron como outsiders (con libretos de privatización y ajuste) capaces de derrotar a partidos consolidados y alterar profundamente sistemas políticos que parecían estables. Más tarde, desde la izquierda ideológica, otros outsiders como Hugo Chávez en Venezuela y Rafael Correa en Ecuador también construyeron liderazgos altamente personalistas que hicieron tambalear sus sistemas de partidos.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre aquellas experiencias y las actuales. Los neopopulismos de los años noventa surgieron en años donde los medios eran dominados por la televisión, la radio y la prensa escrita. Los neopopulismos contemporáneos se mueven en un entorno digital, buscando comunicarse de manera permanente, segmentada y sin intermediarios con millones de ciudadanos. La capacidad de construir una relación directa con los votantes a través de redes sociales evidencia una gran diferencia con aquella época en la que grandes partidos, apoyados por organizaciones tales como sindicatos, medios de comunicación, etc., requerían de esas instituciones para actuar como intermediarias entre ellos y la sociedad.

La política latinoamericana ha cambiado profundamente, pero muchos dirigentes de esos mismos partidos tradicionales parecen ser los últimos en advertir la magnitud de esta transformación. Las sociedades de la región continúan demandando renovación política, nuevos liderazgos y respuestas innovadoras frente a problemas viejos. Sin embargo, buena parte de las organizaciones partidarias mantienen estructuras cerradas, liderazgos envejecidos y estrategias de comunicación pensadas para un contexto (analógico) que ya no existe.

El problema no es únicamente electoral. La distancia -cada vez más grande- entre partidos y ciudadanía crea condiciones favorables para el surgimiento de figuras que prometen soluciones rápidas y personalizadas a problemas complejos. Cuando los canales tradicionales de representación pierden legitimidad, los liderazgos carismáticos encuentran terreno fértil para crecer.

La renovación política es una necesidad permanente de toda democracia. Sin embargo, la estabilidad institucional difícilmente pueda construirse sobre liderazgos que profundizan la polarización, cuestionan sistemáticamente desde los organismos electorales a los mecanismos de control y sustituyen el debate público por la confrontación permanente. Los mismos ciudadanos que demandan cambios también necesitan instituciones capaces de garantizar transparencia, rendición de cuentas y límites efectivos al ejercicio del poder.

Si los nuevos líderes y partidos que llegan al poder gracias a su posicionamiento de "impolutos", protagonizan escándalos o causas de corrupción similares a las de las élites políticas que tanto denostaron en sus campañas, esta ola antipolítica puede encontrar su freno en un cercano plazo.

La pregunta que queda abierta para América Latina no es si continuará la emergencia de nuevos liderazgos, sino qué tipo de liderazgo prevalecerá en los próximos años. ¿Será posible combinar la capacidad de innovación y cercanía que ofrece el mundo digital con una dirigencia renovada, comprometida con los valores republicanos y el fortalecimiento institucional? Esas opciones parecen no estar aún disponibles, y tampoco queda claro si la renovación dirigencial se dará a partir de los partidos tradicionales o mediante una nueva ola de renovación desde las afueras de la política. La única certeza es que, mientras dure la espera, se vivirán momentos críticos para las democracias de la región.

Doctor en Ciencias Políticas. Profesor Titular en Universidad del Salvador y Universidad de Buenos Aires. Especialista en partidos políticos y procesos electorales.