Temporada final de El oso: el impulso de volver el tiempo atrás
Se despide una de las mejores series de los últimos años. Actuaciones brillantes, frenesí y contemplación.
Cuando se estrenó en 2022, El oso trajo aires frescos al saturado y repetitivo caudal del streaming. Un chef talentoso, Carmen "Carmy" Berzatto (Jeremy Allen White), personaje atribulado por el duelo, la autoexigencia y sus propios fantasmas vuelve a su ciudad natal tras el trágico suicidio de su hermano para intentar salvar la sandwichería familiar en Chicago y a su equipo de cocina. En medio del caos, el nerviosismo, los problemas que se amontonan y las instalaciones que no responden, van aflorando nuevos vínculos, sueños y habilidades.
Entre el estrés y la contemplación, con actores de excelencia y escenas cassaveteanas, la serie cautivó a las audiencias de todo el mundo y ganó 21 premios Emmy. Lanzó también a la fama a los interpretes menos conocidos del elenco como White y su coprotagonista Ayo Edebiri (Sidney). Acaban de subir a la plataforma Disney + los ocho episodios de la quinta y última temporada de esta gran tira que ya empezamos a extrañar.
"Perder el tiempo", "hacer tiempo", "tomar el tiempo", "viajar en el tiempo", "el tiempo dirá", "el tiempo vuela", "quedarse en el tiempo", "quedarse sin tiempo", "estar fuera del tiempo" o "fuera de tempo". Uno de los ingredientes fundamentales de la receta de El Oso es el tiempo. Si bien todo el cine trabaja -o esculpe como decía Tarkovsky- el tiempo, acá, se podría decir, que es además parte de los temas y obsesiones. La serie hizo de la frase "Cada segundo cuenta" un lema para la cocina y para la vida.
Tras el lanzamiento sorpresa de un episodio flashback coescrito y protagonizado por Ebon Moss-Bachrach y Jon Bernthal, que sigue a Richie (uno de los personajes más queridos, a cargo de Moss-Bachrach) y Mikey (Bernthal) en un viaje de trabajo a Indiana (se lo puede buscar como "Gary" en Disney+), la historia se retoma donde había quedado la cuarta temporada. El gran giro final fue la decisión de Carmy de abandonar el barco, cambio de rumbo que dejó atónita a Sidney.
Los nuevos episodios se paran a la mañana siguiente, un día de lluvia torrencial histórica en Chicago (el "tiempo" está presente en más de un sentido). No hay elipsis ni saltos, la nueva temporada se cocina a fuego lento (a tiempo lento), se despliega a lo largo de esa jornada de tormenta, con el contador que empieza en cero, la urgencia económica, la novedad de la futura partida de Carmy que se irá conociendo y la presión de sacar adelante los servicios de esa fecha que puede ser la última, con recursos escasos y temblores emocionales.
En estos episodios, en cierto sentido, pareciera haber un impulso de volver el tiempo atrás. Se reviven problemas edilicios similares a los del comienzo y hay un repaso nostálgico por el camino recorrido de aprendizajes, amor por la cocina y maestros que marcaron a los personajes como la chef Terry que interpretó Olivia Colman. También para los errores la reacción es querer que el reloj retroceda. Pero todos esos casos encuentran a los personajes doblando la curva de su propia evolución.
Creada por Christopher Storer, la producción tiene como una de sus grandes fortalezas a las actuaciones brillantes entre las que se incluyen también a las de Lionel Boyce, Liza Colón-Zayas y Matty Matheson con apariciones de Ricky Staffieri, Oliver Platt, Will Poulter y Jamie Lee Curtis. entrega esta vez un plato con esencia de tiempo y sabor a despedida. Hasta el humor parece funcionar mejor que en otras oportunidades.
Como parte del legado, desde Disney destacan que supo captar algo del espíritu de la época y la ansiedad de una generación, además de tratar otros temas profundos. "A lo largo de sus temporadas, El Oso inspiró conversaciones sobre salud mental, trauma, duelo, vínculos familiares y entornos de trabajo tóxicos, visibilizando el caos emocional de estos tiempos y la necesidad de construir comunidad para sobrellevarlo", apuntan.
Aunque algunos pueden sentir cierto estancamiento de la historia en esta temporada con en el retorno de los problemas y el frenesí repetitivo, hay transformación. La idea de perfección cambia y los vínculos, la familia real y la de la cocina, sobresalen más que nunca. Se siente como volver a casa después de un largo tiempo, cuando uno ya no es el mismo. La serie entrega esta vez un plato con esencia de tiempo y sabor a despedida.


