Volver de la muerte generalmente es poco prolijo. O somos zombis, o vampiros con la carne derruida. Pero en la producción escandinava siempre hay una vuelta de rosca más, y así es que "Post mortem: nadie muere en Skarnes" se plantea como una comedia negra con algún toquecito gore, diferente.

El punto de partida nos recuerda a aquella legendaria serie de mediados de 2000 de HBO, "Six feet under". Aquí también se trata de una familia que durante generaciones, digamos, vive de la muerte, y la historia transcurre con muchos momentos de humor. Pero en esta ficción el negocio funerario de los Hallengen se está marchitando ya que la población de Skarnes es "insoportablemente" longeva.

En esa situación ocurre algo inesperado: Live (Kathrine Thorborg Johansen), hija del patriarca Arvid (Terje Strømdahl), es hallada muerta en las afueras. Sin heridas, sin marcas de lucha, los únicos dos policías del pueblo (uno joven y aún con ciertas motivaciones y su jefa desganada) no se molestan en llamar a una ambulancia. “Las ambulancias llegan cuando se trata de una cuestión de vida o muerte. Esto es solo la muerte" dispara ella y nos avisa el tono que tendrá la serie.

"Post Mortem": todo queda en familia (o casi)

Algo más insólito sucede después, cuando ante el corto presupuesto público disponible los oficiales deciden llamar a la propia familia de la joven para que venga a recoger el cadáver. Pero habrá más: durante la autopsia, Live despierta justo cuando le están abriendo el pecho, asustada pero no tanto como los descolocados forenses.

El hermano y la cuñada de Live, habituados a la muerte. ( Netflix)

Pasado el estupor inicial, familiares y conocidos de la joven deciden alegrarse por el "milagro". Ella está un poco shockeada y pronto nota algo alarmante: la comida de siempre le sabe mal. En contraposición, comienza a sentir una inquietante atracción por la sangre.

Por fortuna -para ella- Live trabaja en... una residencia geriátrica. Es enfermera y dispone de permiso y simpatía de los viejecitos para extraerles sangre sin despertar sospechas. Pero por supuesto, todo se irá al diablo muy pronto.

El padre de Live sabe algo. Se da cuenta de lo que le pasa a su hija y toma una terrible decisión que cambiará la suerte de todos, en la familia y el pueblo. Su hermano Odd (Elias Holmen Sørensen), bonachón y algo inseguro frente a la personalidad del padre, será quien tenga que contenerla aunque todavía no entiende bien de qué se trata.

Por supuesto que el pasaje de humana a pseudo-vampira con aspecto de persona normal será muy traumático para Live que sentirá culpa -ya que es consciente de todo- pero el hambre le gana. A su alrededor, suceden cosas algo ridículas que aflojan la opresión de su necesidad de sangre. Una serie que merece una oportunidad.

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Analia Caballero

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