Los ratos de ocio son la mejor de todas las adquisiciones. – Sócrates

El descanso tiene generalmente mala prensa. Es así como dormir mucho, recreos prolongados en los colegios, charlas de café, o disfrutar de plataformas de streaming  generan auto-culpa o prejuzgamiento de holgazanería.

Sin embargo se ha demostrado que el reposo asociado a la fluidez mental otorga un aumento de capacidad cognitiva.  Por ejemplo, está demostrado que es necesario el estado de fluidez para crear o mejorar el flujo de ideas en un focus group.

Es necesario tener fluidez (reposo cerebral)  para crear, este reposo o “pensar en nada” aumenta la capacidad innovadora. Interviene aquí una zona de la corteza cerebral ́ parietal interna llamada “Precúneo”.  Sector que, por ejemplo, no reposa en patologías psíquicas, como ciertas psicosis, empeorando el rendimiento funcional.

El descanso puede ser tomado como una actividad en la que no generamos nada productivo, pero existen estudios en los últimos años que muestran que el contacto con la naturaleza, así como experiencias novedosas genera situaciones que mejoran varios parámetros corporales. Se observan mejoras no sólo en fenómenos pensables como el estrés, sino también en problemas como  diabetes,  cardiopatías, cefaleas, hipertensión arterial y asma, entre otros. Además, se ha descrito que las personas que viven en contacto con espacios verdes tienen una mejor calidad y expectativa de vida.

Disminución del estrés

Es sabido que la disminución del estrés en la actividad laboral puede mejorar la performance cognitiva de una persona. Existen varios estudios que muestran que no sólo es  bueno lo sucede en nuestro cerebro, sino que también disminuyen hormonas del estrés (como el cortisol). Se han descubierto en salidas de contacto con bosques claras modificaciones de parámetros corporales, postulándose que mejoran la esperanza de vivir más y mejor.

El científico cognitivo David Strayer ha hecho pruebas de contacto con la naturaleza. Lo llamó “efecto de los tres días”. Es así que el cerebro humano está mucho más preparado para su relación con espacios amplios y selváticos

 

Lo que resulta muy interesante es por qué si nos tomamos días libres en una ciudad no será igual que si lo hacemos en contacto con la naturaleza. Es así que existen estudios que muestran que caminar cinco horas por semana modifica hormonas y mejora la atención de las personas. Sin embargo, eso sucede mucho más significativamente si se hace en contacto con el aire libre, aún si fueran pocos días.

 

El científico cognitivo David Strayer ha hecho pruebas de contacto con la naturaleza con resultados en pocos días; lo que llamó “efecto de los tres días”. Es así que el cerebro humano está mucho más preparado para su relación con espacios amplios y selváticos.

Revolución industrial 

 

La revolución industrial y después la tecnológica han evolucionado mucho más rápidamente de lo que pudo el cerebro. Se modificó rudamente el medio ambiente junto con sus exigencias (alturas, asfalto, vuelos, velocidad, sobreinformación) para con el ser humano, cambiando lo que le habría tomado adaptativamente al cerebro probablemente miles de años. Quedó entonces un cerebro adaptado biológicamente a un ámbito natural, pero sin embargo rodeado de cemento.

 

Finlandia, con un alto índice de depresión, suicidio y alcoholismo,  propone espacios de naturaleza  desde el gobierno con cinco horas mensuales como mínimo para para la prevención de trastornos afectivos.

David Strayer de la universidad de Utah realizó un estudio llevando personas que trabajan en la ciudad al campo y evaluó la funcionalidad atencional. Los ritmos electroencefalográficos  en personas trabajando en oficinas muestran en la atención activa un aumento de la función eléctrica (ondas theta). Sin embargo, en personas que realizan actividad en la naturaleza se observó que disminuye la actividad eléctrica sin alterar su función atencional intelectual.

Otras experiencias muy desarrolladas se realizan en Corea del Sur, país muy industrializado y con alta exigencia laboral y educativa. Es así como desde el gobierno de ese país se han desarrollado actividades en naturaleza, generando varios espacios de Bosques de Sanación con guardaparques especializados en salud. Otro país innovador en estos trabajos es Finlandia, con un alto índice de depresión, suicidio y alcoholismo, que propone espacios de naturaleza proponiéndose desde el gobierno cinco horas mensuales como mínimo para para la prevención de trastornos afectivos.

Otras de las propuestas de contacto natural es la de tener experiencias nuevas que mejoren la performance cognitiva-corporal posterior. Científicos que plantean esta instancia proponen la diferencia entre el tener o el ser y sugieren que en general las personas prefieren una experiencia nueva a la adquisición de nuevos objetos materiales, manteniendo mejor el recuerdo a largo plazo (memoria episódica) de los eventos en los que experimentamos situaciones ambientales nuevas versus el recuerdo de algo que deseábamos y compramos.

Es interesante la medición en imágenes cerebrales de personas que viven en zonas urbanas. Estas presentan activación de zonas relacionadas con la emoción negativa como temor y angustia (se activa la amígdala cerebral). En cambio, quien tiene  contacto con la naturaleza activa partes cerebrales que nos vuelven más amables, altruistas y apacibles (corteza cingulada anterior e ínsula).

Algo parecido ocurre con un estudio realizado por Greg Bratman de Stanford, en los que las personas voluntarias debían caminar 90 minutos en un parque muy grande versus caminar en la ciudad.  En los caminantes naturales se observó menor actividad en zonas corticales relacionadas con ideas obsesivas y angustia (corteza prefrontal subungueal).

Se plantea a esta diferencia funcional, generada por el contacto natural, como una teoría de la restauración de la atención. En cierto modo es así dado que la atención puede saturarse, por cansancio (si se trabaja mucho tiempo), por incorporar excesiva información o por hacerlo demasiado rápido.

En tiempo de preparación para vacaciones de invierno, luego del estrés crónico padecido por pandemia y de carencia de contacto social y corporal debe considerarse esencial el proceso de descanso grupal programado.

 

                                                                                                           

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Ignacio Brusco

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