La tentación es grande y se agiganta en años electorales. Subestimar las proyecciones de inflación y recaudación para disponer luego de recursos sin asignación previa es un vicio en el que cayeron y recayeron los últimos gobiernos sin distinción partidaria y que replicaron aguas abajo gobernadores e incluso intendentes. Es uno de los antecedentes que explican la incredulidad del empresarios y sindicalistas frente a lo que repite Martín Guzmán en público y en privado: que la pauta inflacionaria del 29% para 2021 va en serio y que va a hacer todo lo que haga falta para cumplirla .

Promete ser el eje de la discusión del miércoles en el primer encuentro entre empresarios y sindicalistas al que convocó Santiago Cafiero con la ambiciosa meta de un “acuerdo de precios y salarios”. Al día siguiente, el INDEC dará a conocer la inflación de enero . Según confiaron dos fuentes del gabinete económico a BAE Negocios , el dato va a estar entre el 3,6% y el 3,7%. No es un ritmo mensual compatible con la proyección anual del Presupuesto pero al menos marca un descenso frente al alarmante 4% de diciembre, récord para todo 2020.

Aunque enero es un mes tradicionalmente inflacionario y encima tuvo dos aumentos de combustibles que le pusieron piso al incremento de precios, hay dos motivos que explican el quiebre de la tendencia alcista: el acuerdo con los frigoríficos exportadores para rebajar los cortes más populares (la suba de la carne sumó un punto a la inflación de diciembre) y el freno de la devaluación a cuentagotas que venía aplicando Miguel Pesce desde el Banco Central. En la reunión del equipo económico de anteay, uno de los ministros agregó otro factor: precios que se encuentran "ido de mambo" y que frenaron en seco porque no había demanda que los convalidara.

En la City, yerma y despoblada al primer vistazo pero con un frenesí que empieza a parecerse al habitual en los pisos altos donde se toman decisiones, entrevén otro cortocircuito entre Guzmán y Pesce por las tasas de interés. Desde ambos despachos lo desmienten tajantemente, como no lo hacían en septiembre y octubre cuando la relación era realmente tirante. Un tercero del gabinete económico añade otro dato sobre la relación: “Se mensajean o hablan todos los días. Incluso un lunes de enero Martín lo llamó a Miguel y él se cruzó al Ministerio a charlar fuera de agenda ”. Algo impensable cuando hace pocos meses uno denostaba indisimuladamente las medidas del otro a través de comunicados de prensa.

Más allá de lo personal, Guzmán y Pesce concuerdan en que conviene que Hacienda se financie con deuda en pesos y no con más emisión. También en que por ahora no hace falta subir la tasa más allá del 38% anual que le vendrá el miércoles al primero arrancar el mes con financiamiento extra por casi $ 32.000 millones. Fue lo que el mercado le prestó a Economía a esa tasa por encima de los vencimientos que buscaba renovar al licitar letras y bonos BADLAR. Nadie lo admitirá en público pero ambos le agradecieron a Horacio Rodríguez Larreta: la decisión del jefe de Gobierno de gravar con un 1,5% de Ingresos Brutos los intereses de las LELIQ del Central les quitó atractivo a esos títulos (que inflan el déficit cuasifiscal ) y se lo devolvió a las letras del Tesoro.

Quinta a Fondo

El problema es el estrecho desfiladero geopolítico y sanitario por el que avanza Guzmán aferrado a sus proyecciones. Aun cuando acepta conscientemente el riesgo de repetir el papelón histórico del “10% ± 2%” que proyectaron como meta de inflación para 2018 Federico Sturzenegger y Lucas Llach (terminó siendo del 49,3%), el ministro sabe que no es solo cuestión de que cierre el Excel. También necesita que la población de riesgo esté vacunada antes de la segunda ola de COVID-19 en otoño y que el G-7 acepte refinanciar la deuda con el Fondo Monetario antes del vencimiento que opera en mayo con el Club de París.

 

En privado, Cristina Fernández de Kirchner le transmitió al ministro lo que a su juicio debería ser la oferta de Argentina al Fondo: 45 años para pagar los 44.000 millones de dólares que Christine Lagarde llegó a desembolsar durante la gestión de Mauricio Macri y ningún compromiso de ajustar el gasto público hasta no salir de la recesión. Algo inédito, pero no menos que la manera en la que el FMI pisoteó sus propios estatutos para financiar la fallida reelección del exmandatario. El platense tomó nota, pero las conversaciones de Sergio Chodos con las oficinas de la calle 19 en Washington giran en torno a un Acuerdo de Facilidades Extendidas con un plazo mucho más modesto, de 10 años y con condiciones. “Después refinanciaremos”, dicen en el quinto piso de Hacienda.

Alberto Fernández se muestra confiado en sus propios puentes con Joe Biden (vía Gustavo Beliz y Jorge Argüello) y en su propio diálogo con Angela Merkel, dueña de otra silla decisiva en el Directorio. “Con el Fondo la cosa viene muy bien”, le dijo ayer a Marcelo Figueiras en la inauguración de la nueva planta de su laboratorio Richmond. Guzmán especificó en enero ante varios empresarios que no va a pedirle más fondos a Kristalina Georgieva y que se limitará a ese capital ya los intereses acumulados desde que Macri dejó de pagar. Pero el Presidente deslizó ante otros ejecutivos la posibilidad de que lleguen U $ S 5.000 millones frescos para reforzar las reservas.Pesce las agradecería casi tanto como los 2.000 ó 3.000 millones que cree que sumará el subidón de la soja a U $ S 500 la tonelada. “Zafamos del choque de fin de año pero no nos sobra nada”, admiten cerca suyo.

Sí fue magia

Incluso aunque Georgieva rompa con la tradición ajustadora y recesiva del FMI, el Gobierno todavía necesita convencer a los actores locales de que las proyecciones del Presupuesto van en serio. No solo a empresarios y sindicalistas sino incluso a funcionarios que miran al inmutable Guzmán con incredulidad. El secretario de Hacienda, Raúl Rigo, le confesó su propia estupefacción en septiembre, mientras le daban juntos las últimas puntadas al proyecto. “Hace 15 años que hago los presupuestos y es la primera vez que arrancamos de la pauta macro y no terminamos cerrando con un 'bono resto' por la diferencia que no sabemos cómo se va a cubrir”, le dijo. Cultor de un perfil bajísimo, melómano y devoto católico, Rigo es el encargado de ejecutar la disciplina fiscal en el día a día.

Lo Fernández busca para llegar a las PASO de agosto con la economía creciendo y los sueldos subiendo por encima de la inflación, sin embargo, es todo lo contrario a un ajuste. Como le señalan a Guzmán desde el cristinismo, después de tres años de caída ininterrumpida del salario real y con un recorte del poder adquisitivo que promedia el 25%, la reactivación exige que el consumo repunte. Representa casi el 70% del PBI.

¿Pueden convivir una reducción del déficit fiscal con un repunte del consumo? Emmanuel Álvarez Agis, exviceministro de Kicillof hoy volcado de lleno a la consultoría pero de habitual diálogo con el Presidente, cree que sí. Que como el Gobierno subió impuestos (retenciones, impuesto PAIS y Bienes Personales), l a recaudación podría sumar tranquilamente dos puntos del PIB este año . Partiendo del 6,5% del PBI de déficit de 2020, si se proyecta la mitad del “gasto COVID” este año (1,75% del PBI en vez de 3,5%), el rojo podría ser del 2,75% del PBI y que eso no fuera consecuencia de un ajuste. “Es la magia de los saldos”, repitió Agis ante interlocutores VIP.

A eso hay que sumarle lo que se recaude por el impuesto a las Grandes Fortunas , que no estaba en el Presupuesto y que la AFIP planea terminar de reglamentar esta misma semana. Puede ser casi otro punto del PBI. Claro que esos contribuyentes tienen a su vez un poder adicional como formadores de precios y pueden pretender recuperar lo perdido a pura remarcación. Es la principal amenaza que se cierne sobre las planillas de Guzmán. El miércoles va a estar sentada a la mesa.

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