El traje invisible del ajuste
Mientras unos pocos sectores concentrados y de bajo impacto laboral celebran el rumbo, los motores del empleo y el consumo interno se apagan.
Hay momentos en los que resulta complejo narrar lo evidente y este parece ser uno de ellos.
Pero uno de los cuentos de Hans Christian Andersen podría resultar útil para tal fin: el del rey desnudo. Se trata de un monarca vanidoso que compra un traje invisible (a unos estafadores) que supuestamente solo los tontos o incapaces no pueden ver, por lo que nadie se atreve a admitir que no lo ve por miedo al juicio ajeno.
Finalmente, durante un desfile, es un niño quien rompe el engaño al gritar de forma inocente que el rey va completamente desnudo.
Así se siente hoy transitar la vida en una Argentina en la que coexisten dos versiones de la realidad: una, la del séquito que aplaude al rey, en donde los principales indicadores macroeconómicos son superavitarios, la inflación tiende a cero, los salarios son altos en dólares, los rendimientos de los sectores vuelan; y otra, la del niño, en donde es innegable que los salarios reales están deprimidos, las familias tienen un endeudamiento histórico, las fábricas y los comercios cierran, se rematan los activos públicos para obtener una renta momentánea y se ajustan partidas vitales, entre otras yerbas.
El superávit como relato del séquito
El Sector Público Nacional, en el mes de mayo, alcanzó un superávit financiero de $478.613 millones, consecuencia de un resultado primario de $1.924.367 millones y del pago de intereses de deuda pública por $1.445.754 millones.
De igual manera, durante los primeros cinco meses del año, también se logró un superávit financiero que fue equivalente al 0,2% del PBI, aproximadamente.
Con estos resultados, quien dicen ver el traje invisible del rey le afirmaban a la población que los sacrificios realizados habían tenido un sentido, que ajustarse los cinturones para que el gasto fuera menor al ingreso había valido la pena. Ello condensaba una política de contracción fiscal y monetaria que le mostraba al mundo que ahora sí somos un "país serio".
La mirada del niño: lo que el ajuste le costó a los ingresos
Quienes vieron que el rey no llevaba un traje invisible, sino que ese relato era una farsa, es decir, todos los trabajadores cuyos ingresos son insuficientes, podrían objetar las afirmaciones anteriores sin problema alguno: ¿valió la pena ajustarse los cinturones?
No cabe duda que tener indicadores superavitarios es algo deseable y hacia donde debemos apuntar. Sin embargo, ¿cuál es la ruta que estamos tomando para llegar allí?
Como el ajuste es el principal rector, no solo los gastos cayeron, sino que también lo hicieron los ingresos. Si bien el primer año de gestión evidenció las mayores contracciones, hoy también encontramos que, en los primeros cinco meses del año y en términos reales (lo que significa que se descontó la inflación), los ingresos cayeron un 5% mientras que los gastos cayeron un 3%.
Si observamos los ingresos, el 93% está explicado por los tributarios, y estos se redujeron en un 6%. Con toda lógica, si la actividad se contrae, se pagan menos impuestos; y si se romantiza el pluriempleo y el trabajo informal, también.
Dentro de los gastos primarios, el componente de mayor peso son las prestaciones sociales, explicando un 67% del mismo, y acumularon una baja del 3% en términos reales. Los gastos de funcionamiento, aquellos que garantizan el funcionamiento diario de la administración pública y los servicios esenciales y que explican el 18% de los gastos primarios, se contrajeron un 10%. Finalmente, las transferencias corrientes a provincias, acumularon una baja del 30%.
A la contracción se le suma la desigualdad
Los incentivos se modificaron, impulsando mayormente las inversiones de sectores primarios y de alta renta, pero de menor generación empleo. Se reduce la torta y se reparte peor.
Así, en los últimos 28 meses de gestión:
* "Agricultura, ganadería, caza y silvicultura" creció interanualmente todos los meses excepto agosto del 2025 (presentando 9 meses de estos un crecimiento interanual de dos dígitos)
* "Industria manufacturera" tuvo 20 meses de caídas interanuales (6 de ellos con caídas de dos dígitos)
* "Construcción" tuvo 17 meses con bajas (11 de ellos con reducción interanual de dos dígitos)
* "Comercio mayorista, minorista y reparaciones" con 15 meses de variación interanual negativa (siendo 5 de contracción a dos dígitos).
Veredicto final
El cuento de Andersen termina cuando la voz del niño se impone sobre el aplauso del séquito.
En la Argentina de hoy, esa voz es la de los datos que no entran en el relato oficial. Mientras unos pocos sectores concentrados y de bajo impacto laboral celebran el rumbo, los motores del empleo y el consumo interno se apagan. Al final del día, el traje invisible de "país serio" no alcanza para vestir la fragilidad de una estructura económica que se achica y se vuelve cada vez más desigual.


