Es muy probable que en este año se registre el superávit comercial más alto de la historia o quede muy cerca de su pico (16.662 millones de dólares en 2002). Por supuesto, después de las fuertes devaluaciones de 2018/2019, había un amplio consenso respecto a que el saldo iba a ser muy importante. Pero un derrumbe de la actividad mucho mayor a lo previsto inclusive una vez iniciada la cuarentena y las férreas regulaciones recientes del Banco Central implicarán un excedente comercial también por encima de lo esperado. Este escenario comercial positivo confirma la eliminación de cualquier chance de hiperinflación, como muchos analistas pensaron cuando el gobierno estableció controles de precios, amplió el gasto público y la emisión monetaria para paliar el impacto de la pandemia.

Los registros del INDEC del primer mes de cuarentena plena reflejaron una contundente desaceleración inflacionaria. Los índices de abril fueron de 1,5% (IPC), -1,3% (precios mayoristas) y 0,8% (costo de la construcción) y las mediciones de mayo alternativas al IPC del INDEC dan cuenta de que volverá a estar entre el 1% y el 2%. De esta forma, en los primeros cinco meses de 2020 habría acumulado alrededor de un 11% y el nivel interanual bajaría al 43% aproximadamente, una reducción de poco más de 10 puntos porcentuales respecto a diciembre de 2019.

Frente a esta desaceleración inflacionaria, las estimaciones de las mayores consultoras y bancos vuelven a exhibir un enorme sesgo. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría cuando gobernaba Macri -las proyecciones tenían una carga de optimismo inusitada y así quedaban a mitad de camino o menos respecto a la inflación registrada-, ahora las expectativas son extremadamente pesimistas. Un informe de FocusEconomics, publicado el 19 de mayo pasado, recabó las previsiones de bancos y consultoras líderes del mercado. En promedio, esperan que el alza general de precios llegue al 46,3% a nivel interanual en diciembre próximo.

Las visiones más negativas son las del Citi (65%), Econométrica (62,3%), Ferreres (60%) y Eco Go (58%). Es decir, suponiendo que efectivamente en mayo la inflación alcance un 1,5%, en los siguientes meses del año, bajo un esquema lineal, el índice mensual debería estar cerca de triplicarse respecto a los dos últimos registros para llegar a ese 46,3% (tendría que superar el 4% mensual en los siete meses restantes del año). Y, en el caso más extremo (Citi), la inflación en lo que falta del año debería arañar el 6% promedio mensual.

Esas estimaciones, si no responden a expresiones de deseos, se deben a que utilizan marcos teóricos que no tienen nada que ver con la realidad local. Con congelamientos de combustibles, de alquileres, tarifarios (en el contexto actual su extensión es probable y, en caso de ajustes, serán limitados), muy fuerte caída de la demanda, capacidad productiva ociosa, desempleo, un abultado superávit comercial y una renegociación del pago de la deuda que muy probablemente eximirá del pago de intereses por los próximos meses no hay forma de que la inflación pueda acelerarse de esa forma. De hecho, lo más probable, como ya dijimos en este espacio hace casi un mes, es un rango de entre el 34% y el 38%.

Argentina, en el primer cuatrimestre de 2020, acumuló un saldo positivo comercial de 4.720 millones de dólares (promedio mensual de 1.180 millones de dólares) y, en los próximos meses, debería registrarse un promedio mensual más elevado, inclusive posiblemente por encima de los USD 1.411 M de abril pasado.

Sucede que la principal causa del superávit es el desmoronamiento de las importaciones (en abril bajaron un 30,1%) y esa tendencia se profundizará en los siguientes meses, dado que las decisiones de compra suelen programarse con uno a tres meses de antelación, así que gran parte de los registros de abril no preveían el impacto de la pandemia. Y, con la depresión del consumo actual por las reducciones salariales y el aumento del desempleo y superando los dos años de recesión, los comercializadores debieron haber acumulado stocks.

En este escenario, el consumo además se concentrará todavía más en bienes y servicios de primera necesidad, donde la importación tiene mucha menor incidencia. Pensar en una aceleración inflacionaria brusca con el excedente de divisas que se avecina para los próximos meses es no entender o no querer prestar atención al funcionamiento más elemental de la dinámica inflacionaria de nuestro país. Niveles tan altos de inflación para los próximos meses, similares a los peores registros del gobierno de Macri, como esperan los economistas con mayor presencia en los medios de comunicación, solamente podrían producirse con un marco apremiante en el frente externo que obligue al Banco Central a depreciar muy significativamente el peso.

Al mismo tiempo, las nuevas regulaciones cambiarias restringieron el aprovechamiento de la brecha para adelantar y sobrefacturar importaciones y realizar pagos atrasados. La diferencia entre el tipo de cambio oficial y la cotización bursátil del dólar se había exacerbado por el stress de la renegociación de la deuda, por la pandemia y por tasas de interés reales percibidas como muy negativas, cuando los operadores mediáticos trataron, desde mediados de abril, de instalar que se venía una hiperinflación y por la baja de la tasa de referencia.

La sustancial reducción de la brecha cambiaria (llegó a superar el 90% y ayer cerró en 61%) obedeció a un conjunto de factores relevantes: la fijación de un piso de tasa para depósitos a plazo fijo (2,2% y 2,5% mensual para empresas y personas, respectivamente), los datos de desaceleración inflacionaria que se consolidarán con el registro de mayo, las mejores perspectivas en la renegociación de la deuda y el control efectivo del avance de la pandemia por parte de centros de consumo mundiales.

Esta dinámica debería proseguir en las próximas semanas debido a que la inflación seguirá en un nivel muy por debajo de las expectativas de los mayores formadores de opinión, a que la tendencia de recuperación en los mercados globales es muy probable que se sostenga y a que hay un manifiesto acercamiento de posiciones en la negociación por la deuda pública con los acreedores privados con un renovado apoyo del FMI.

Por otra parte, el dato de la liquidación de exportaciones de los complejos cerealeros y oleaginosos de mayo último no implicó una agudización de la tendencia a postergar registros. Por el contrario, a pesar de que la brecha cambiaria fue más elevada en mayo que en abril, la caída de las liquidaciones fue inferior en el último mes (-18,8% contra -20,4%). Y un dato también que refuerza la posición macroeconómica del país es que, en apenas tres jornadas después de la aplicación de las nuevas regulaciones cambiarias, el Banco Central recuperó el 15% de las reservas que había llegado a perder en el último mes y medio (1.439 millones de dólares).

Por lo tanto, en este lamentable escenario de derrumbe de la actividad, existen bases macroeconómicas saludables para dinamizar una recuperación acelerada cuando finalmente el control de la pandemia habilite un más amplio funcionamiento de las operaciones productivas y comerciales.

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Mariano Kestelboim

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