La recaudación subió por segundo mes consecutivo, esta vez por una mejora de los impuestos cíclicos. Aun así, la caída de estos tributos en el trimestre fue del 22% real, que anticipa una baja del PBI del 16% interanual -similar a la registrada en el primer trimestre del 2002-.

Ahora bien, para julio, proyectamos que los ingresos de la AFIP serían algo mayores a los de junio por el pago parcial de los aguinaldos, sumado al IVA por la mayor actividad (60% de los cíclicos), pero en parte ajustados a la baja por la Fase 1 en AMBA -que concentra 44% del PBI de Argentina, y cuyo impacto se extendería hacia agosto también-. Así entendemos, que el PBI del tercer trimestre, también registrará una caída importante.

El déficit primario en junio, en este marco, sería del orden de $290 mil millones (1% del PBI), que acumulado sumaría un rojo de 3.4% del PBI en el semestre. Esto entendiendo, claro está, que se mantendrá una fuerte disparidad entre ingresos y gastos.

Aunque hacia delante y aún con una escasa mejora de la economía, menores gastos por pandemia a ejecutar, permitirían anticipar un menor déficit mensual en la segunda parte del año. Es decir, la posibilidad de pasar de un promedio mensual en el primer semestre de un rojo de $155 mil millones, a uno del orden de $100 mil millones en el segundo semestre.

Pero atención: esto igual no evitaría que, el escenario monetario, siga con dominancia fiscal.

Pero salgamos de la mirada desde el lado del Gobierno, y apuntemos al sector privado y su tránsito en este aislamiento (obligado). De hecho, es claro que en los últimos meses, este sector tuvo varios efectos. En lo patrimonial, las empresas tuvieron que sostener la estructura (a doble indemnización se extendió hasta fin de año), incrementaron la deuda (créditos MiPymes al 24% y tasa libre), redujeron su caja en divisas, y acumularon impuestos impagos (moratoria) en pesos.

Mientras que del lado de los flujos, la sustancial caída de las ventas, generó una ruptura en la cadena de pagos (cheques rebotados e incobrabilidad), que correlaciona con la abrupta caída del PBI del 16% interanual (estimada) y ya acumula una seguidilla de trimestres en contracción –recordemos que la economía enfrenta complicaciones desde el segundo trimestre 2018-.

Esto último se debe, a su vez, unir a una fuerte baja de los márgenes de ganancia derivada de los congelamientos de precios, que además se debe sumar a una devaluación del 14% entre febrero y junio. Punto que sólo es atenuado parcialmente, por recortes en la nómina por recortes salariales y / o suspensiones.

En conclusión, la combinación de deterioro patrimonial y resultados lleva a esperar, un fuerte aumento de las quiebras y convocatorias en los próximos meses reflejando fuerte inestabilidad en el mercado laboral (y, en consecuencia, familias más pobres).

Y proyección que, incluso debe tener en cuenta, otro punto. Las “dos” Bases Monetarias dando vueltas, y por ende un “exceso de pesos” que se deberá “eliminar/postergar” con soluciones no favorables posiblemente para este mismo sector privado.

De hecho, más que probable, que cualquier mecanismo que se proponga para salir, pueda terminar llevando a una nueva pérdida para el sector privado. Un escenario postpandemia complicado…

*Economista Jefe de Portfolio Personal Inversiones