La pandemia generó muchas modificaciones, en términos generales, en el mundo laboral, pero también lo hizo en el vínculo particular de cada persona con su empleo.

Desde luego que, en primer lugar, debido a la necesidad de maximizar el distanciamiento social, se produjo un gran crecimiento del teletrabajo. Pero, fundamentalmente, esta situación hizo que todos seamos más conscientes de la importancia que tienen los equipos en las organizaciones y, como consecuencia, de la necesidad de que los trabajadores tengan las capacidades y cuenten con las herramientas necesarias para poder desempeñar su rol de forma efectiva, conservando la dinámica que hoy en día exigen los equipos de trabajo.

En este punto es preciso no minimizar el hecho de perder el contacto personal entre los miembros de un equipo laboral. Debemos ser conscientes de los perjuicios que esto genera y dedicar esfuerzos y recursos para asegurar una comunicación fluida y efectiva, que minimice los impactos negativos de perder la interacción personal.

Surgen también en este contexto aspectos relacionados con la disponibilidad de un espacio físico adecuado en los hogares para acondicionar como “oficina” y, por otro lado, la gestión de las emociones ante la situación de distanciamiento social, algo para lo que no estábamos preparados y que debimos enfrentar de forma imprevista.

Con la mirada puesta en el futuro, algunas actividades posiblemente mantendrán cierta continuidad del home office a nivel general, pero claramente no a los niveles impuestos por la crisis sanitaria.

 

Educación y formación profesional

Ante esta situación disruptiva que nos toca vivir, el mundo entero tomó conciencia de aquellas industrias que son prioritarias para el abastecimiento y el funcionamiento de la sociedad. Por eso muchas actividades van a adquirir una mayor visibilidad y valorización a partir de su rol esencial, algo que quedó demostrado en estos largos meses, como es el caso de la salud, la logística y la industria alimenticia.

Asimismo, en este contexto inédito, se hicieron más visibles las falencias de los programas educativos y de formación profesional, que no suelen ir más allá de los saberes técnicos o específicos de cada disciplina, y no contemplan aspectos como la gestión de emociones, la actualización tecnológica y las finanzas personales, entre otros.

Cuando, en realidad, todos estos son factores que mal gestionados pueden tener un impacto muy negativo en el desempeño de los trabajadores, aun cuando estos cuenten con todos los saberes técnicos necesarios y estén comprometidos con su rol dentro de una organización.

En ese sentido, conocer las fortalezas y debilidades de cada uno es vital para poder gestionar de manera efectiva los desafíos que sin duda presentará el porvenir. El Covid-19 no hizo más que acelerar muchos procesos de cambio que ya estaban en marcha, como la digitalización y la especialización de las actividades, en un mercado laboral cada vez más competitivo y complejo, donde el concepto de marca personal será cada vez más relevante.

*  CEO de GEA Logistics y director de Movant Connection, autor de “Significación laboral” y “Dejarse Enseñar”