A Alberto Fernández cada vez le cuesta más contener a los propios que están cansados de las idas y vueltas de Sergio Massa y quieren cancelarlo. No le sale gratis al precandidato presidencial convocar al tigrense insistentemente, hasta en un cruce al aire por televisión, y recibir siempre evasivas o, como el domingo a la noche en C5N, incluso chicanas. "Sergio, volvé a Buenos Aires, tomemos un café y terminemos esto a ver cómo podemos avanzar, porque comparto todo lo que decís", le dijo con resignación paternal. "Ojalá tomemos un café", le respondió Massa, otra vez esquivando lo obvio: que la cita se materialice depende principalmente de él.

Las negociaciones, como viene detallando BAE Negocios, se fueron intensificando en las últimas semanas, pero no sin tropiezos. Avanzan, entran en terreno de definiciones, se estancan, vuelven a arrancar, y así. Para Massa, el desafío es cómo arreglar sin perder autonomía. Es decir, sin que el gran público lo vea como una claudicación ante el kirchnerismo que abandonó hace seis años. Para eso, la vía del acuerdo, cree, debería ser la de enfrentar a Alberto en la PASO. Tal vez la chicana futbolera de Massa, sobre el final de la conversación, fue el primer paso discursivo de una eventual interna. "El bicho no pudo en semis lo que Tigre pudo en la final, pensalo en términos políticos", cerró Massa, pulgar arriba. Casi como decir: si en las PASO me votan a mi, ganamos el balotaje.

Pero no es tan fácil el camino de la interna. Hay ahí una encerrona para el tigrense. Massa quiere listas unificadas para todas las categorías, excepto presidente. Alberto se pregunta por qué debería darle a la vez la posibilidad de mostrar autonomía y garantizarles lugares y candidaturas a los renovadores; pero no lo descarta. En televisión, públicamente, le dijo: "Tenemos que estar juntos, cada uno con su autonomía, cada uno tiene que aportar desde su identidad, nadie está sometiendo a nadie". Aun así, la primera contraoferta fue PASO en toda la boleta, una opción que Massa rechaza. Dicen en el albertismo que las encuestas son lapidarias. "Lo medimos. Pierde 94 a 6. Nadie de los suyos quiere ir a esa interna". Los números parecen exagerados, aunque la mayoría de los consultores coinciden en que Fernández - Fernández ganarían esa interna.

Para Massa, el desafío es cómo arreglar sin perder autonomía, sin que se vea como una claudicación

Los dirigentes que responden a Massa son los principales reclamantes del acuerdo. Esa es la segunda encerrona de Sergio. Si él finalmente no acuerda, ¿en qué boleta irán los intendentes y legisladores que quieren reelegir?

Otra posibilidad de acuerdo circuló en las últimas horas: Massa primer candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires de la lista Fernández - Fernández. Él lo niega y cerca de Alberto no lo ven viable. Esa opción no le da al tigrense una imagen autónoma del kirchnerismo. Aunque, como contó BAE Negocios hace dos meses hay en el Frente Renovador un sector que vería con buenos ojos la posibilidad de que Massa conduzca un sub-bloque dentro del oficialismo que mantenga una postura crítica del eventual gobierno peronista.

En esos idas y vueltas, mientras se enfriaba el café, el último punto de discordia de ayer fue la candidatura a la Intendencia de Tigre. Massa quiere correr a Zamora y le pidió a Alberto su cabeza. El precandidato presidencial lo juzgó excesivo, después del tercer puesto del propio Massa allí en 2017.

Cambiemos y Alternativa Federal intentan agregar un poco de su ruido a las conversaciones. Ambos espacios deslizaron en las últimas horas señales de un acercamiento al tironeado Massa.

A pesar de todo, Alberto sigue intentando contener a quienes quieren salir a matar a Massa por sus indefiniciones y apuesta al acuerdo. Si lo logra, cree, puede abrirse una chance para ganarle a Mauricio Macri en primera vuelta. Y es que, por ahora, las cuentas no le sonríen a la Casa Rosada. Ni las económicas ni las electorales. Con las cuatro provincias que este domingo eligieron gobernador, ya votó para cargos ejecutivos o legislativos el 30% del padrón nacional. En comparación con 2015, Cambiemos perdió entre todas esas elecciones casi 450 mil votos.

La sangría más fuerte ocurrió en Tucumán, adonde el peronismo dividido podría haber representado una chance para Cambiemos. Aún así, casi 200 mil tucumanos que habían elegido a José Cano en 2015 se inclinaron esta vez por otras opciones electorales. La segunda provincia en la que más votos perdió la alianza oficialista fue, paradójicamente, Jujuy; único distrito que le dio a Macri una buena noticia electoral. La tercera, Córdoba, el electorado que le permitió a Cambiemos ganar el balotaje hace cuatro años. Entre estas dos provincias, Cambiemos perdió cien mil votos. Todas señales de alarma para la Casa Rosada, que se suman a las tres capitales perdidas a manos del PJ: Santa Rosa, Córdoba y Paraná. Datos que van a contramano de la lectura lineal sobre las victorias oficialistas.

En el peronismo creen, además, que en la provincia de Buenos Aires esa sangría de votos se intensificará. Y en un escenario de paridad, un voto son muchos votos. Macri le ganó el balotaje a Daniel Scioli por 680 mil de diferencia.