El colombiano Luis Alberto Moreno fue directo al grano.

-Yo la conozco muy bien a Kristalina. Va a ser abierta en la negociación y nosotros podemos perfectamente ayudar a acercar posiciones.

Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo ( BID) desde los albores del kirchnerismo, Moreno ya conoce tan bien a la Argentina que no se sorprende por los bruscos vaivenes de la economía ni por las traiciones que cruzan la transición política más larga de la que se tenga memoria. Él mismo fue uno de los más entusiastas auspiciantes en Washington del volantazo pro-mercado de Mauricio Macri y hasta llegó a apadrinar en Puerto Varas en 2016 su intento de sumarse a la Alianza del Pacífico. Anteayer al mediodía, en el búnker de la calle México, se ofreció ante Alberto Fernández como mediador ante la próxima jefa del Fondo Monetario.

La búlgara Kristalina Georgieva tiene en sus manos el destino de la gestión Fernández-Fernández. Lo sabe ella, lo sabe la línea técnica del Fondo, lo saben en el Tesoro estadounidense y lo saben en la calle México. Los términos de refinanciación de la monstruosa deuda que deja Mauricio Macri con el organismo serán los que definan si el país vuelve a crecer o no durante el próximo mandato. Pero esa negociación con la sucesora de Christine Lagarde ni siquiera comenzó. Como dijo ayer a BAE Negocios uno de los referentes económicos del Frente de Todos, "estamos como los boxeadores en los primeros rounds, midiéndonos y buscando que el otro se canse".

La que sí empezó es otra discusión: la de la deuda con los acreedores privados. Hay conversaciones donde interviene Jorge Horacio Brito y otras donde el puente con Wall Street lo hace Gabriel Martino, el jefe local del HSBC que, veloces, ya varios en el búnker albertista tienen agendado en sus celulares. Nadie cree que vaya a debatirse en serio en el Congreso, por más que anoche Hacienda haya sorprendido con el proyecto de Ley que había anunciado para dos semanas atrás. Las tratativas son directamente con quien Wall Street considera el próximo presidente.

El martes, por ejemplo, un pequeño grupo de directivos de JP Morgan fue recibido con máxima discreción en las oficinas de la calle México. Los financistas llegaron directamente desde Nueva York y pidieron ver al candidato del Frente de Todos, quien apareció al final de un largo encuentro que capitaneó Guillermo Nielsen. La expresión que más se utilizó no fue reperfilamiento, reestructuración ni haircut (quita). Se habló de un "step up". Lo mismo que varios le mencionaron al exviceministro Emmanuel Agis en la Gran Manzana, donde se instaló durante toda esta semana para atender nuevos clientes de su consultora PxQ.

¿Qué sería un "step up"? Un pacto con los acreedores para estirar los vencimientos de capital (de 2020 a 2025, por ejemplo) y reducir a la vez la carga de intereses durante los primeros años a cambio de aumentarlos en los siguientes. Un "patear para adelante". Es el modelo que se aplicó en casi toda Latinoamérica a inicios de los 90, con el impulso del entonces secretario del Tesoro, Nicholas Brady. En Argentina no terminó bien, pero su fracaso no puede aislarse del colapso de la convertibilidad en 2001/2002.

Uruguay For Export

La estrategia del "step up" podría aplicarse incluso sin canjear los actuales bonos de deuda por otros nuevos. En las charlas informales con el equipo de Fernández, según revelaron fuentes que participan en ellas, lo mencionan los propios enviados de los bancos. Intuyen que, de concretarse un arreglo de ese tipo, los bonos subirían de precio en vez de bajar. Es porque sus cotizaciones actuales reflejan la expectativa de un default inminente.

En la danza de propuestas puertas adentro ya casi nadie menciona como ejemplo el aplazamiento amigable de vencimientos que hizo Uruguay en 2003 con el apoyo del FMI, sin default y sin quita de intereses ni de capital. Según las cuentas que sacaron Matías Kulfas y Cecilia Todesca, no alcanzaría. "La carga de intereses es demasiado alta. Lo que necesitamos es despejar el panorama por unos años, que el peso de los intereses baje mucho aunque después suba de vuelta", comentó uno de los dirigentes que accedió al informe interno que redactaron ambos. En Tucumán, al margen de los aprontes pactistas del candidato a presidente, el propio Kulfas destacó ante empresarios que el peso de intereses para el fisco ya triplica el de 2015.

Otros dos economistas que mantienen perfil bajo pero trabajan cerca de Fernández, Arnaldo Bocco y Miguel Ángel Pesce, estuvieron la semana pasada en el Banco Central para conversar con funcionarios de línea y con el único miembro del directorio que jamás perdió contacto con la oposición. En todos los modelos macroeconómicos que bosquejan para el próximo mandato dan por hecho que el control de cambios que terminó por imponer Macri se mantendrá por varios años.

Es una pista que podría resultarles útil a los traders que empiezan a ilusionarse con un Alberto más macrista que Macri, otra vez engañados por las trampas del wishful thinking y por consultores que llegan a cobrarles 3 mil dólares por una conferencia de una hora. Un globo que pinchó Agis ante sus interlocutores neoyorquinos en privado y también en el seminario abierto del banco BTG Pactual donde participó: "Acuérdense que Alberto Fernández está a la izquierda de Cambiemos", aclaró.

-¿Puede sorprender con un superávit primario del 3% del PBI en 2020? -le insistió uno de los asistentes al seminario.

-No lo creo. Para eso tendría que hacer un ajuste el triple de brutal que el de (Nicolás) Dujovne -respondió.

-¿Y una reforma laboral a lo Bolsonaro? -inquirió otro.

-Insisto. El que va a empezar es un gobierno peronista -replicó Agis.

Yo no fui

Mientras tanto, el desbande de Cambiemos expone antiguas facturas y tensa vínculos que se sostenían durante su auge político. Carlos Melconian aprovechó el lanzamiento de su libro, titulado con escasa humildad "Cantar la justa", para cargar contra Alfonso Prat-Gay y por elevación contra el propio Macri por no haber hecho antes el ajuste que terminó por instrumentar Dujovne de la mano del FMI. Algo que llamó la atención en el gremio bancario, donde recuerdan al entonces presidente del Banco Nación como un fiscalista ortodoxo en lo verbal pero un pródigo pagador de paritarias adelantadas a la hora de gestionar.

Uno de los reproches postreros de Melconian apuntó contra quienes, como Prat-Gay, decían que la salida del control de cambios kirchnerista no implicaría un golpe inflacionario. Pero en diciembre de 2015, mientras se concretaba esa reunificación cambiaria, él mismo le respondió al periodista Claudio Zlotnik que aunque el dólar oficial subiera de $9 a $15 no pasaría "nada". Varios de sus enemigos internos compartieron esta semana el video de aquella entrevista en Canal 26.

Otro a quien acusan de sacarle el culo a la jeringa, como diría el mejor alumno de Miguel Angel Broda, es a Federico Sturzenegger. Al revuelo que generó "Macris Macro", su paper autoexculpatorio para la Brookings Institution, le siguió una durísima respuesta de Rafael Di Tella, un economista argentino -hijo de Guido, el excanciller de Carlos Menem- que enseña en Harvard. "Las restricciones políticas en el mundo de Sturzenegger son como el gato de Alicia en el País de las Maravillas: ahora las ves, ahora no las ves más", escribió Di Tella, un estudioso de lo que en la academia estadounidense definen como populismos. No habría segundas intenciones en la elección del animal para la metáfora; Di Tella nunca ocultó su simpatía por el Presidente.

Macri administra ese desbande como puede. No impidió que Luis "Toto" Caputo volara la semana pasada por tres días a Manhattan en clase business con su esposa, Ximena Ruiz Hanglin, para un raíd de compras y un par de reuniones en Wall Street. Ni siquiera lo frenó el riesgo de que lo acusaran de conspirar contra el futuro gobierno, justo cuando los jueces empiezan a hurgar en los miles de expedientes que firmó para emitir deuda. Tampoco se opuso a la megafiesta que organizó para este fin de semana su hermano de la vida Nicky, el otro Caputo, para celebrar la boda de uno de sus hijos en un lujoso haras de Exaltación de la Cruz. Podrían haberla aplazado un par de semanas para no coincidir con la emergencia alimentaria, el estallido social en Chubut y el tramo final de la campaña. No lo creyeron necesario. ¿Irá el Presidente?

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