Edadismo en Argentina: jóvenes y mayores, víctimas de un sistema que los destierra
El contexto económico argentino genera un quiebre etario: los más jóvenes no pueden independizarse y los más grandes quedan fuera del sistema laboral. Mientras el viejo esquema muere, el nuevo no muestra signos de la establidad que tanto se necesita.
En la antigüedad, las sociedades valoraban principalmente a los ancianos, debido a su experiencia y sabiduría. Luego, el tiempo pasó y el foco fue cambiando: los jóvenes, promesa de futuro y continuidad, pasaron a tener un rol bastante importante tanto en la toma de decisiones como en su peso en la opinión pública. Sin embargo, en la Argentina de hoy esos grupos ven en su edad un límite para trabajar, independizarse y proyectar.
Distintos estudios muestran que el mercado laboral actual, entre la precariedad, el desgaste y la incertidumbre económica, impulsa tanto a jóvenes como a adultos mayores a quedar fuera del sistema.
Sin un futuro prometedor y un respeto por el pasado, queda un presente frágil, que pide a gritos un cambio.
Jóvenes que no se van (o no pueden irse)
Un estudio de la Fundación Tejido Urbano, basado en la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec) y citado por BAE Negocios, reveló que casi el 40% de los jóvenes argentinos de entre 25 y 35 años todavía vive con sus padres.
Son cerca de cuatro millones de personas que, en otro contexto histórico, ya habrían iniciado su vida independiente. Hoy, esa transición está bloqueada.
¿Por qué? La razón es fácil de adivinar: la economía. Un joven necesita destinar, en promedio, el 65% de su sueldo mensual para poder pagar un alquiler. Y eso ni siquiera tiene en cuenta expensas, servicios, transporte y comida. No sorprende, entonces, que el 90% de quienes sí logran independizarse lo hagan compartiendo vivienda con una pareja o compañeros.
La independencia, que durante décadas fue un hito simbólico del ingreso a la adultez, empieza a parecer un lujo.
Sin empleo estable, sin vuelo propio
La postergación de la independencia viene aparejada de trabajos inestables y un futuro difuso. El informe "Jóvenes y Trabajo", realizado por las consultoras Reyes-Filadoro y Enter Comunicación en noviembre pasado, solo el 23% de los jóvenes de entre 18 y 35 años tiene empleo registrado. El 77% restante trabaja sin aportes previsionales, sin vacaciones pagas, sin aguinaldo ni cobertura formal.
En la mayoría de los casos, la flexibilidad es extrema: no hay jefe, no hay horario fijo, no hay sueldo estable, ni siquiera hay una promesa clara de jubilación. Para los más jóvenes, el sistema jubilatorio se parece más a algo que, aunque presente, se parece cada vez más a algo pasado. Algo de lo que no van a disfrutar.
Así, aunque la flexibilidad tome la posta en el trabajo, los gastos siguen ciñéndose a la regla: el alquiler, la comida, el internet, las cuotas, las expensas, las facturas... Todos ellos son fijos.
Ser mayor tampoco es mejor
Lo adultos mayores, jubilados o cerca de estarlo, tampoco están disfrutando del presente. Sea por despidos, renuncias o necesidad, son varios los que salen a buscar trabajo en el contexto económico actual, y se enfrentan a una problemática creciente: el edadismo.
Este término, definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la ONU, refiere a la discriminación, estereotipos y prejuicios basados en la edad. Aunque aplica a todos los rangos etarios, generalmente se da hacia personas mayores.
En números, la problemática da para pensar: de acuerdo con un informe de Great Place to Work, el 55% de los argentinos asegura haberse sentido tratado de manera desigual por su edad en algún momento de su vida profesional. Y el 71% considera que existe discriminación laboral, con la edad como principal motivo.
Si vamos a las contrataciones, vemos que el 68% de las empresas no incorporó a ninguna persona de 55 años o más durante el último año, y el talento senior representa apenas el 7,41% de la dotación total. Incluso antes de llegar a una entrevista, el filtro ya opera: el 40,74% de los avisos laborales incluye rangos etarios explícitos.
La fecha de nacimiento empieza a pesar más que la trayectoria, que antes era un activo invaluable.
Dos extremos, un mismo malestar
Aunque el Observatorio de Deuda Social de la UCA informó que la pobreza bajó al 36,3% en el tercer trimestre de 2025 -el nivel más bajo para ese período desde 2018-, no significa que la situación está mejorando.
La entidad informó que el 47% de la población sigue sufriendo estrés económico, y 4 de cada 10 personas en esa situación presenta síntomas de ansiedad, angustia o depresión.
Entre la dependencia económica de los jóvenes y la invisibilización de los mayores en el empleo, síntomas como estos no son una sorpresa.
El trabajo, en sus múltiples formas, dejó de ser garantía de estabilidad emocional.El modelo del siglo XX, basado en empleo estable, carrera lineal y jubilación previsible, se desarmó. Y todavía no hay certezas para el nuevo esquema que asoma.

