Superávit fiscal: ¿un programa de estabilización o de licuación?
El pago de intereses públicos presenta un volumen prácticamente idéntico a todos los gastos de funcionamiento que posee el Estado
Como fuera señalado en numerosas oportunidades, el ordenamiento del sector fiscal continúa siendo uno de los principales estandartes del actual Gobierno, provocando que casi toda su gestión (tanto por acción como por omisión) orbite en torno al objetivo de alcanzar resultados superavitarios. A continuación, intentaremos dilucidar cuáles son los principales ejes que permiten tener estos resultados, en medio de una macroeconomía tan afectada por la suba generalizada de precios y la caída en la demanda, así como su sostenibilidad en el tiempo.
Por segundo mes consecutivo, en 2024, el Estado vuelve a registrar un superávit en sus cuentas.
A pesar de su buen desempeño, el superávit primario de febrero se ubicó un 39% por debajo del obtenido en enero. Así, mientras que los ingresos totales menos los gastos primarios de febrero arrojaron un resultado equivalente a $1.232.525 millones de pesos, el mes anterior había sido de $2.010.746 millones de pesos. De igual manera, en febrero, el resultado financiero ($338.112 millones de pesos), entendido este como el resultado primario descontado el pago de intereses de la deuda pública (neto de pagos intra-sector público), fue un 35% menor al de enero del corriente año ($518.408 millones de pesos).
De lo anterior, se desprende que, si bien los resultados en materia fiscal son positivos, ya en febrero presentan una marcada desaceleración con respecto al mes anterior. A la vez, la inquietud que inmediatamente surge luego de los festejos del Gobierno por los números alcanzados es cuándo se verán reflejados en la calidad de vida de la población. Para tener una mejor noción de ello, debemos analizar el presupuesto ejecutado.
A los fines de efectuar una comparación en términos reales entre los valores de febrero 2024 y de febrero 2023, para poder así dar cuenta del verdadero desempeño del presupuesto, a este último tenemos que aplicarle la inflación acumulada que fue del 276,2%. De esta forma, el primer dato a destacar es que tanto los ingresos totales como los gastos primarios cayeron, solo que los segundos (-36,4%) lo hicieron en una mayor proporción que los primeros (-6,3%).
A priori, esto parece guardar cierta relación con la premisa de reducir los gastos públicos que se propone el Gobierno. Ahora bien, un análisis más pormenorizado permite dar cuenta que el mayor recorte se encuentra en las prestaciones sociales, categoría que representa el 61,9% de los gastos. Dentro de la misma, las jubilaciones y pensiones contributivas son las que mayor ocupación presentan en el gasto, siendo su participación del 33,0%, sufrió una contracción real del 38,0%. Por su parte, las asignaciones para la protección social y las familiares, cuya participación en el gasto del 6% es menor a lo comúnmente pensado, sufrieron un recorte presupuestario del 13,1%.
Continuando con los egresos, los gastos de funcionamiento del Estado ocupan el 21,3% de los gastos primarios. En su interior, la mayor participación pertenece a los salarios estatales (18,1% del gasto primario). Estos, durante el mes de febrero, sufrieron una caída real del 10,7% interanual.
A modo de referencia, cuando observamos el pago de intereses de la deuda pública, neto de pagos intra-sector público, estos alcanzaron un monto de $894.412 millones de pesos, lo que equivale a un 20,8% de los gastos primarios. Tal es así que, con la actual situación presupuestaria, el pago de intereses públicos presenta un volumen prácticamente idéntico a todos los gastos de funcionamiento que posee el Estado. Si hubiéramos efectuado este mismo ejercicio el mes anterior, hubiéramos ratificado que los salarios estatales de enero representaron el 17% de los gastos primarios, al tiempo que el pago de intereses netos fueron equivalentes al 36%, es decir, más del doble.
Avanzando hacia los ingresos totales de febrero, se desprende que los componentes que mayor participación acusan son los aportes y contribuciones a la seguridad social con el 28,6%, seguido por la recaudación de IVA neto de reintegros con el 22,8%. Los primeros, muy ligados a la evolución del mercado laboral, se redujeron en el orden del 22,5% interanual. El segundo, por su parte, creció un 8,7% interanual. Sin embargo, en comparación a la recaudación de IVA de enero, decreció un 1,4%.
ReflexionesEn el contexto de contracción de ingresos y de gastos que refleja el presupuesto nacional, a fin de cuentas, es posible concluir que el principal componente que explica el superávit primario y financiero es la licuación de las jubilaciones. En miras de los meses venideros, una de las mayores preocupaciones es cuán sostenible resulta un esquema cuyo superávit depende de la licuación de ingresos, principalmente, de los jubilados. Medidas complementarias se han anunciado para intentar paliar este problema, pero la caída real de los ingresos persiste de la mano de la suba de precios.
*Economista (UBA). Magister en Economía Política (FLACSO). Integrante de Paridad en la Macro

