"Como a tantas otras chicas, Mujercitas fue mi libro perpetuo, al que solía volver para releerlo una y otra vez. Es de esas lecturas inolvidables que marcan nuestra infancia y adolescencia. Todas quisimos ser una de ellas, vivir como ellas, nos sentimos identificadas con una o con otra de las hermanas March", dice a BAE Negocios Gloria V. Casañas, sobre el libro que ha atravesado generaciones,

¿En el huerto de las Mujercitas es un homenaje a aquel libro?
—Sobre todo a su autora, Louisa May Alcott, una mujer extraordinaria en su época, profunda y reservada tanto como impetuosa y salvaje a veces. Una mujer que tuvo ideas propias, objetivos y voluntad para cumplir sus metas, pero más que nada una hija y hermana devota, que hallaba sentido a su vida en el seno de su familia. Louisa era leal y honesta hasta la médula.

¿Ella es uno de sus referentes?
—Fue siempre una de mis autores favoritos y de los más releídos. Conocer su vida, el trasfondo de su obra y el lugar mismo donde pasó gran parte de su juventud, me dio una dimensión profunda de aquella novela inolvidable. íClaro que es un referente! Ella es admirable como escritora y como mujer de ideas.

¿Cuánto tiene de aquella historia?
—En el huerto de las Mujercitas transcurre en aquel tiempo y en el mismo lugar donde vivieron los Alcott. La propia Louisa aparece en la historia como personaje. A través de ella conocemos el entorno de Concord, en Massachusetts, sus vecinos notables y su paisaje bucólico. La protagonista de ficción puede alternar con ellos. Analisa Clemens posee pocos años más que las hermanas March en el libro.

¿Cómo fue la relación con estos personajes?
—Íntima, porque supe de sus vidas, sus anhelos, su padecer y, más que nada, la forma virtuosa con que encaraban la existencia. Son una inspiración para mí.

¿Qué le gustaría que encuentren las lectoras en él?
—Deseo que descubran lo que no conocimos cuando leíamos Mujercitas: el trasfondo de su escritura, cómo vivía Louisa May Alcott, cómo era su familia. Y deseo también que quieran releer mi novela como hicieron antes con aquélla. Esta novela es histórica, transcurre en 1870, el mismo año de La maestra de la laguna, y cercano al de Por el sendero de las lágrimas. Es una época que marca el cambio, aporta muchas novedades decimonónicas.

¿Cuánto tiempo de investigación le llevó este libro?
—Tengo planeada esta historia desde mi primer viaje académico a Boston, en 2014. Fui elaborando la idea y la forma. Cuando volví a viajar, esta vez a Concord y a Arlington, ya lo hice en procura de una investigación formal, así que es una novela que fue madurando desde entonces.

¿Qué lugares visitó y con qué se encontró en el mundo de las mujercitas?
—Estuve instalada en Arlington, también en Concord, que es donde vivió Louisa May Alcott con su familia durante más de veinte años. Y en Lexington, un sitio ligado a la historia de las luchas de la independencia estadounidense. Encontré un ambiente encantador, sereno y activo, propio de la atmósfera de Nueva Inglaterra. Es un lugar que me inspira y en el que me siento muy a gusto para leer y escribir.

¿El amor cambia con las épocas?
—El amor no cambia, sólo la manera en que se expresa, o las expectativas que se crean sobre él. Lo esencial perdura.

¿Por qué le parece que al género le va tan bien?
—Porque refleja situaciones muy humanas y roza las emociones que todos sentimos. Eso siempre deja huella. Leer es disfrutar. Y leer historias que pueden enseñarnos o sirven para comprendernos ya es un tesoro.

¿Cuál es su expectativa con este libro?
—Quiero que recorra un camino infinito, de casa en casa, de mano en mano, que sea un recuerdo y a la vez un descubrimiento para los lectores. íY que me lo cuenten!

¿Piensa seguir por una historia que transcurra en la actualidad o por el camino de la novela histórica?
—Además de la serie histórica, tengo una serie contemporánea que consta por ahora de dos novelas: En alas de la seducción y La mirada del puma, ambas ambientadas en la Patagonia y que tuvieron gran acogida entre los lectores. Mi idea es seguir con esa serie, porque todavía me queda mucho por decir.

¿Tiene miedo a la hoja en blanco?
—Cuando me siento a escribir ya llevo pergeñado en mi mente lo que deseo decir. Y cuando ese caudal se agota, me levanto y aguardo la próxima racha de inspiración. Escribo sin horarios fijos, de modo que son las ideas las que me ordenan, quizá por eso no conozco el miedo a la hoja en blanco. Puedo pasar dos o tres días sólo pensando, sin escribir nada, y de pronto soltar una gran cantidad de páginas.

Título: En el huerto de las Mujercitas
Autora: Gloria V. Casañas
Editorial: PLAZA & JANES
Páginas: 192
Precio: $699

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