Ficción de frontera

Graciela Ramos: "El pasado sigue resonando en nuestra actualidad"

La escritora cordobesa habló con BAE Negocios sobre Antonia, su nueva novela ambientada en 1930, y el cruce entre amor, migración, política y memoria.

La escritora cordobesa Graciela Ramos presentó Antonia, su nueva novela, una historia ambientada en 1930 que cruza procesos migratorios, conflictos políticos, vínculos familiares y amorosos, y el lugar de las mujeres en épocas de transformación. En diálogo con BAE Negocios, habló sobre la construcción de la protagonista, el peso de la investigación histórica y la forma en que la literatura permite mirar el presente desde las heridas del pasado.

-¿Cómo surgió la historia?
-La historia nació de una inquietud, como siempre, por explorar los vínculos entre los conflictos políticos, su impacto en la vida cotidiana, la identidad y el amor. A partir de una investigación sobre procesos migratorios y contextos de conflicto en España, apareció la figura de Antonia, casi reclamando contar su historia. Fue creciendo entre documentos, relatos históricos y una necesidad personal de narrar cómo las decisiones íntimas dialogan con los grandes movimientos de la historia. En este caso, además, me interesaba trabajar la migración en sentido inverso: Antonia es quien se va.

-¿Por qué elegiste esta vez 1930?
-Porque es un período bisagra, profundamente fértil desde lo narrativo y lo histórico. Los años previos a la Segunda República concentran tensiones sociales, políticas y culturales que resultan decisivas para comprender lo que vendrá después. En ese clima todavía reverbera la Semana Trágica de Barcelona, un episodio que me interesaba especialmente abordar por su complejidad: no responde a una causa única, sino a una acumulación de conflictos -desigualdad social, tensiones laborales, cuestionamientos al poder, crisis de representación- que terminan por estallar.

Me atraía, justamente, esa idea de ebullición, de una sociedad al límite. Sin embargo, mi búsqueda no fue hacer una lectura política en clave catalana, sino caminar ese territorio desde la narrativa, con responsabilidad en la investigación, pero con el foco puesto en las vidas atravesadas por ese contexto. Me interesaba ese umbral: el instante en que todo está por transformarse, cuando la historia todavía no se definió del todo y los personajes, como Antonia, toman decisiones que los cambian para siempre.

Graciela Ramos: "El pasado sigue resonando en nuestra actualidad"

-¿Cómo definís a Antonia?
-Antonia es una mujer en búsqueda, atravesada por la sensación de no encajar, incluso dentro de su propia familia. A los ojos de sus padres es compleja, difícil de comprender, impulsada por una inquietud que la desborda. Llega a España desde una profunda inocencia, sin saber del todo, y es en ese desajuste, entre lo que es y lo que el mundo le exige, donde empieza a transformarse. También a través del dolor que implica perder esa inocencia.

-¿Cómo se anima a cruzar el océano?
-No lo hace desde la certeza, sino desde la urgencia. Cruzar el océano implica dejar atrás no solo un territorio, sino una identidad conocida. Antonia se anima porque quedarse significaba renunciar a sí misma.

-¿Cómo es su unión a las anarquistas?
-Su acercamiento no es ideológico en un primer momento, sino profundamente humano. Llega a ese grupo a través de la amistad, de la necesidad de pertenecer y también del amor, que funciona como una puerta de entrada a ese mundo. En ese espacio encuentra algo que no había tenido antes: escucha, comunidad y una forma de estar con otros.

-¿Cómo logra reunir a ese grupo de mujeres que luchan por sus derechos?
-Más que reunirlas, Antonia las reconoce. Son mujeres que ya estaban en lucha, muchas veces en silencio, en contextos distintos, pero atravesadas por las mismas necesidades. En las dos épocas que recorre la novela aparecen figuras femeninas que, desde lugares diversos, la sostienen, la interpelan y también la guían.

-¿Qué genera el amor en la vida de Antonia?
-El amor la transforma, la expone y la lleva al límite de sí misma. La confronta con lo que es y con lo que creía ser, y la obliga a tomar decisiones que no siempre está preparada para asumir. El amor termina como una fuerza que la desestabiliza y la empuja a crecer, incluso cuando ese crecimiento implica pérdida y dolor.

Graciela Ramos: "El pasado sigue resonando en nuestra actualidad"

-¿El amor sana?
-El amor puede ser reparador y también una solución en sí misma. En la novela aparece como una experiencia compleja, capaz de sostener y, al mismo tiempo, de herir. Pero, aun atravesado por la pérdida y el dolor, hay algo en el amor que repara en lo profundo: el amor siempre sana.

-¿Te costó dejarla?
-Sí, siempre me cuesta dejar a mis personajes, porque de algún modo conviven conmigo todo el tiempo, incluso fuera de la escritura. Antonia fue una compañía intensa y constante. Dejarla implicó aceptar que la historia había encontrado su forma. Y también entender que, a partir de ahora, Antonia ya no es solo mía, sino de cada lector que la reciba.

-¿Qué te gustaría que el lector encuentre?
-Me gustaría que el lector encuentre preguntas más que respuestas. Que pueda reconocerse en los conflictos de los personajes y que la historia lo interpele desde un lugar íntimo.

-¿Qué te parece que aporta la novela histórica?
-La novela histórica permite tender puentes entre pasado y presente. No se trata solo de reconstruir una época, sino de comprender cómo esos procesos siguen resonando en nuestra actualidad.

-¿Cómo es tu rutina para escribir?
-Me levanto temprano y escribo por la mañana, que es el momento en el que estoy más lúcida. Luego dedico parte del día a la investigación, que me gusta mucho, y a las otras tareas que implica escribir una novela: correcciones, relecturas y todo el proceso que sostiene la escritura.

-¿Tenés miedo a la hoja en blanco?
-En realidad, para mí no existe la hoja en blanco. Cuando me siento a escribir, ya hay un trabajo previo muy profundo: investigación, construcción de personajes, del mundo y de los conflictos. La novela empieza mucho antes de la primera línea. Más que miedo, hay un respeto por ese proceso y por lo que implica darle forma.

-¿Qué te dio a vos la posibilidad de escribir?
-La escritura fue, desde siempre, una forma de comprender el mundo. Nace de una inquietud, de preguntas que no encuentran una respuesta inmediata. Mientras esas preguntas sigan existiendo, voy a seguir buscando, y en esa búsqueda aparece la escritura.

-Ahora que estamos en un mundo atravesado por la guerra, ¿la historia se repite?
-La historia no se repite de manera exacta, pero sí insiste en ciertos patrones. La humanidad está atravesada por conflictos profundos, y las guerras, producidas por los hombres, estuvieron presentes en todas las épocas. En gran medida, son el resultado de tensiones no resueltas, de disputas de poder, de desigualdades que se acumulan hasta estallar. La literatura no puede evitarlas, pero sí puede ayudarnos a comprenderlas, a mirarlas con distancia crítica y, quizás, a cuestionar aquello que las hace posibles.

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